
Una nueva entrega de esta serie, en donde la realidad supera a la ficción. (Por Horacio Bautista "Velcha" Beascochea)
Registro Civil II
Apagó el despertador antes de tiempo, como todos los días. Abrió los ojos y por un instante creyó oír la voz de Edu. No pudo precisar qué le estaba diciendo pero su voz arrastraba el lastre de un silencio quebrado. Su esposa dormía con placidez y su pecho subía y bajaba al ritmo de una respiración constante. Detuvo la mirada en su escote —en lo que entreveía del camisón de seda— y le dio un beso en la mejilla.
Fue al baño, cerró la puerta y giró la canilla para que el vapor fuera tan agradable que no le quedara más remedio que ducharse. El espejo le devolvió las arrugas de quien está pronto a jubilarse, sabedor de una vida sin sobresaltos que incluía mascotas, dos hijos, un nieto y una esposa aplicada en el hogar.
Se afeitó con la prolijidad propia de su edad. El Old Spikes se entremezclaba con el aroma del café que llegaba desde la cocina. Elena ya preparaba el desayuno, con el andar cotidiano de todas las mañanas, el que confirma una vida sin sobresaltos.
Desayunaron en silencio. No era un día más. Le quedaban pocos días en actividad y la idea lo inquietaba, aunque no tanto como para quitarle el sueño. Pensaba en el tiempo libre. ¿Cómo haría para no levantarse temprano y ser el primero en llegar al Registro Civil?
“No tenés que hacerlo, sos el jefe”, se quejaba Elena. “Justamente por eso”, contestaba lacónicamente. Era la pequeña rencilla de todas las mañanas, la que aseguraba la cordura, que todo estaba en su lugar, como debía ser.
No como Edu.
Seguí a Con Letra Propia en Facebook
y en Google + ![]()
"Con Letra Propia" es una realización de Horacio Bautista "Velcha" Beascochea