
Sergio Ibeceta dibuja desde hace 10 años a los principales referentes de la agenda pública pampeana. Cada lunes, su visión artística le pone el toque de distinción a una sección política de un matutino local
El “Negro” Ibaceta es un reconocido artista pampeano que se metió en el barro de la política para graficar con su lápiz las distintas situaciones provinciales de los temas que ocupan la agenda de El Diario de La Pampa. Pero además, es un militante y dirigente del Partido Comunista que pone su arte a disposición de las luchas pampeanas y sus dibujos acompañan los distintos momentos de las últimas décadas.
“La intención es generar humor de situaciones que se generan en nuestro medio. Quienes están en esos retratos es porque hay algo que no se hizo bien, no es por ensalzarlos, por ser el funcionario del mes o el empleado del mes. Es porque sus decisiones afectan a la comunidad. Es parte del humor político que siempre ha existido en la historia. La ironía y la satirización de la política”, explica en el programa Uno por Semana que se emite los sábados en La Mañana Capital por AM 1040 / FM 102.5.
“También hago algunas cosas por cuenta propia, siempre tuve como pasión las dos cosas, el arte y la política, donde hay una ligazón. Combinar esas dos cosas a mí me genera una gran gratificación. Por los contextos actuales hago algunos dibujos que muchas veces han sido publicados por portales de la provincia”, indicó.
Cada lunes una caricatura de Sergio ilustra la sección “Entre Pocillos” de El Diario de La Pampa. Allí un caracterizado ciudadano santarroseño dialoga sobre la realidad política con el mozo que le sirve el café cotidiano.
– Algunos han trascendido las fronteras pampeanas…
– Si, en un programa de Navarro aparecieron algunos dibujos míos. Había subido algunos que eran consecuencia de las primeras medidas de Cambiemos. Subí unos dibujos enojado por lo que estaba pasando. Fue un orgullo verlos. Algunos otros fueron reproducidos por TeleSur. Uno que hice con Tump, Clinton, el golpe mediático a Dilma Rousseff, otro que a mí me gustó mucho que es un tanque que en lugar de un cañón tiene una cámara de tv.
Después ese dibujo se hizo tipo mural que estuvo en el SIPREN, en la CPE cuando se hizo un acto por la nueva ley audiovisual.

– ¿Cómo es el trabajo?
– Los domingos o los sábados a la noche, cuando chequeo el correo o con algún mensaje, me dicen que Beto Desuque estuvo conversando con el mesero sobre esto o aquello. Me tiran algunas líneas, a veces me pasan algún contexto. La semana pasada con el intendente tenía que ver con un río cloacal que estuviera corriendo. Además tenían que estar los chicos senegaleses, que ahora los quieren sacar de la plaza
Me gusta investigar como visten, como se paran, y darle un contexto para que se reconozca el lugar en el que se hizo. Esa tenía de atrás al edificio municipal. En muchos dibujos está el horizonte pampeano.
Me suele suceder que mucha gente está ligado al campo. Ahí te das cuenta de que no hay mucho origen obrero o barrial en la política.
– ¿Mirás fotos?
– Utilizo mucho Internet, busco la cara, los cuerpos. Hoy estamos todos ahí. Antes miraba una foto, tenía que buscarla, hoy estamos todos expuestos de manera constante.
– ¿Cualquiera es caricaturizable?
– Uno de los que más me cuesta es el intendente Altolaguirre. Si bien lo que yo hago es la caricaturización del cuerpo, después tiende a ser un retrato. Se caricaturiza el cuerpo. No le exalto determinados rasgos de su cara. Hay algunos que sí lo son, un, mentón, una nariz, un ojo más grande. Pero hoy por hoy mi estilo es ese, el de caricaturizar los cuerpos.
– ¿Alguno de los dibujados te dijo me hiciste muy cabezón, muy gordo, muy pelado?
– En una cena me encontré con alguien que cuando iba caminando ente las mesas, me dijo por qué me hiciste de esta manera, con tal cosa. Siempre es con las segundas líneas, con los de la primera, nunca he tenido devolución. No es una cuestión personal, es parte de la situación. Más de uno me ha dicho ojalá no tenga que salir nunca en esa sección y yo le he respondido ¡ojalá que no tenga que dibujarte!
– ¿Entonces, más de uno se ha quejado?
– No me he encontrado cara a cara con uno que dibujé, que me haya dicho que bueno que me hiciste, o como me exageraste esta parte. La devolución ha sido de la gente que los ve, no de los caricaturizados. La gente me dice que bueno cómo hiciste a tal o a esta situación. Nunca alcanzo a tener dimensión del dibujado, si le llega, como lo ve. A veces he visto gente que no la conozco, la conozco porque la he dibujado, y cuando me mira yo siento que me está mirando porque lo he dibujado, pero no me han dicho nada.
– ¿Cómo empezaste en esto?
– Empecé de chiquito, siempre me gustó dibujar y con el tiempo empecé a tener confianza. En la familia nadie estaba vinculado con el arte. Quienes me fortalecieron este gusto fueron mis mismos pares. Mi politización tiene que ver con la familia y con el ambiente. De muy chico estaba politizado. Cuando hacíamos los carteles del Centro de Estudiantes, yo hacía los carteles. Ya eran ilustraciones políticas.
Lo que me ayudó a seguir ilustrando fueron los pares, el reconocimiento y luego por iniciativa propia, hice Bellas Artes, y obtuve el título de maestro de artes visuales, lo que nunca ejercí.

– ¿Hoy, solo hacés lo de El Diario?
– Es lo que hago de manera consuetudinaria, lo que hago una vez por semana. Muchas veces la autocrítica que me hago es no dedicarme más tiempo. Pero El Diario me mantiene en la actividad y me obliga a trabajar un poco más rápido. Lo otro que hago es para mí, y que muchas veces publico en las redes sociales. Para vivir de esto tendría que tener varios trabajos, no solo para El Diario. Si surgiera esa posibilidad es muy probable que para cada medio ilustraría de una distinta manera. Pero lo real es que vivo del correo. La puerta de entrada a El Diario fue la revista El Fisgón, donde formaba parte del grupo de colaboradores y me encantaba hacerlo porque despuntaba el vicio.
– ¿A la hora de dibujarlos es una carga el peso que tienen los protagonistas de las caricaturas en la política?
– En el momento de la creación no, a la hora de dibujarlo me abstraigo y trato de concentrarme en la situación. Pero si como pueblo genera una cierta reflexión. Ver que estén ahí, que sigan estando, o que no estén más, es toda una cuestión. Que tienen respaldo, que la gente los puso.
– ¿Se puede vivir de esto?
– El arte está desvalorizado como trabajo, sin embargo, cuando uno deja de trabajar en lo suyo, el arte es lo que te da los atractivos, las satisfacciones. De hecho son los elementos reconocibles de los lugares en el mundo, los cuadros, los museos, la arquitectura, los cines, los teatros.
– En estos 10 años debes haber dibujado a muchas personas…
– Es increíble la gran cantidad de trabajos que he hecho para esa sección. Es increíble cómo te refresca la memoria. Verlas en secuencia es sorprendente. Decís mirá, ¿te acordás de esto? Y vas viendo como estaba la ciudad, los jueces que pasaron, los intendentes, y muchas veces eso pasa en pocos años.
Otra cosa es ver cómo evolucionan los dibujados, el protagonismo político que tienen. Hay que reconocer que determinados dirigentes tienen un gran peso político y que están siempre presentes en los dibujos con toda su historia. En la reflexión general, muchas veces se nota por el dibujo el lugar que ocupan o que han ocupado.
– Muchos de tus dibujos se han convertido en estandartes, banderas políticas, ¿cómo te llevás con eso?
– Mirá, todo lo que sea arte popular, cuando la gente se apropia de lo que vos hacés, a mí me parece lo más fantástico que existe. Está hecho para eso, para compartir, para que cada uno lo tome para sí mismo, y lo reconvierta. Siempre que sea utilizado para lo que lo hice. El tema de lo audiovisual tiene una síntesis que fija en una imagen un significado. En el acto del 25 de mayo hicimos unos dibujos del FMI, que no es recreación propia, con un buitre, con una galera, la bandera de Estados Unidos, y ya está, ya simbolizás que de eso no viene nada nuevo.
Hoy un globito amarillo significa Cambiemos y un globito pinchado o un globito con un billetito verde que se va para arriba, son todos simbolismos que te hacen reír, aunque muchas veces te reís de la desgracia.


