Plan B Noticias
  • JUICIO SUBZONA 14
  • Ciudad
  • Provincia
    • ríos pampeanos
  • Gremiales
  • Pais
    • Ajuste por ley
  • Cultura
    • Anaqueles
    • Sergio Ibaceta
  • Deportes
  • Mundo
  • Finanzas
  • LIBERTAD DE EXPRESION
  • Sale o Sale
  • Webe@ando

Plan B Noticias

  • JUICIO SUBZONA 14
  • Ciudad
  • Provincia
    • ríos pampeanos
  • Gremiales
  • Pais
    • Ajuste por ley
  • Cultura
    • Anaqueles
    • Sergio Ibaceta
  • Deportes
  • Mundo
  • Finanzas

Las verdades

30 mayo, 2018
Compartir esta noticia:

Por Silvio Tejada.

La última cena

Emilia aparece en videoconferencia desde Victorica, está testimoniando desde una pantalla en estos juicios que juzgan los hechos ocurridos en la última dictadura en La Pampa. Emilia parece no tener ganas de hablar, más aún, pareciera no recordar nada, está sentada junto al miedo de sus recuerdos. Lo primero que declara es en función de las preguntas del barbado ministerio público fiscal, es una borrosa imagen de ella trabajando en la escuela hogar de Paso de Los Algarrobos en el oeste pampa, a una media hora del pueblo Santa Isabel. Emilia sólo trabajó un poco más de un año allí, entre el 78 y el 79. Emilia era lavandera en esa escuela y cubría los francos de la cocinera. De pronto Emilia habla entre dientes sobre un hecho que le sucedió  una noche, alrededor de la una de la mañana, ella estaba durmiendo y la directora de la escuela la llama para que preparara una cena a unos misteriosos comensales, a la orden de la cena no siguió ninguna explicación al respecto.




Emilia da cuenta que al otro día no la vio a la señorita maestra María Zulema entre quienes trabajaban allí  y que no observó nada raro.

Lo detallado por Emilia en el juicio anterior de la sub zona parece tener una amplitud que no suena hoy, el tiempo transcurrido, el desgano de la justicia, todo parece complotar a favor de la desmemoria.

A una treintena de chicos y chicas, de la noche a la mañana, le desaparece su maestra de todo el año, María Zulema. La directora en ese entonces dijo que la policía la vino a buscar y nada más…

Aquella noche de la última cena se alumbraban a merced de un grupo electrónico y el ruido en el silencio flotaba pesado. Emilia había visto luces como de sirena y en aquella noche y a la mañana siguiente había visto a policías de civil por la escuela hogar.

María Zulema era una buena persona, se la llevaron en un vehículo que aparentaba ser una ambulancia.

Emilia, como amarrada al olvido, comienza a desanudar la verdad.

Juez, no parte

Juan Manuel se sienta frente al estrado, Juan Manuel parece decidido, coloca su sobretodo y una carpeta celeste en el banco. Juan Manuel, es hijo de una de las víctimas de la sub zona, una vez que jura decir la verdad divide su relato en dos etapas, cuando su padre, Juez Federal, es detenido , y cuando su padre fuera perseguido.

Juan Manuel bebe agua y sin más preámbulo introduce su relato frente al estrado. En el año 1975 su padre viene a Santa Rosa junto a su familia para hacerse cargo del Juzgado Federal a instancia del Gobernador de la provincia. El cargo que ocupó era pretendido por un juez obsesionado por ello y que estaba a favor de la mano dura y contaba con el visto bueno de la policía y el ejército.

Juan Manuel recuerda que tenía alrededor de 13 años cuando ocuparon la casa que estaba ubicada en el fondo del propio Juzgado. A los meses, febrero del 76, la situación del país se palpitaba y el padre de Juan Manuel decide regresar a su familia a la ciudad de Mercedes, Juan Manuel recuerda ese traslado con sus pertenencias e inclusive recuerda a un perrito que también fue de la partida.

Lo que presupone el padre de Juan Manuel se agrava, una noche observa que unos árboles que daban en el frente del juzgado comienzan a moverse irregularmente, entre el 29 de marzo y el 1 de abril el ejército entra por él, lo esposan y lo detienen.

Juan Manuel recuerda que junto a su madre llegan a buscarlo a Santa Rosa, las respuestas eran todas evasivas. La propia Iglesia le cierra las puertas, los curas le niegan la ayuda y le reclaman que se vayan por que los compromete. Recién en la seccional primera dan con él, pueden verlo en una pequeña habitación y pudieron charlar un rato. Juan Manuel recuerda esa imagen demacrada de su padre. Luego saben que lo trasladan a una unidad penitenciaria y con el tiempo ordenan su libertad por iniciativa de su defensa. Juan Manuel recuerda que su padre daba indicios de aquellos interrogatorios sin dar muchos detalles de los mismos, sólo aquellas lámparas, los gritos propios y los ajenos que se hicieron eco en él.

Juan Manuel introduce el testimonio en esa segunda parte que tiene que ver con la persecución hacia su padre. Dos años después de su liberación, un 19 de junio del 78, días mundialistas en que jugaban Brasil y Argentina, y en el cruce de Luján, el vehículo familiar fue interceptado por un amigo, quien le advirtió que lo estaban buscando y que eran miembros de la patota del domador de la muerte. El padre de Juan Manuel vivía en la clandestinidad, era un padre escondido por razones políticas con el mote de subversivo.

Juan Manuel es abogado, abrazó la justicia y un mandato familiar, recuerda tristemente, la pesada mochila de 20 años que le tiraron a su espalda siendo un adolescente y viviendo y padeciendo su historia y haciéndole crecer de golpe. El padre de Juan Manuel falleció en el 2010.

El silencio de la sala es interrumpido por el llanto desconsolado de una familia que se abraza luego de hacer justicia con la memoria y la verdad.

Requisa a la celadora

Mirta se sienta tímidamente frente al estrado. Mirta fue empleada policial. A los 19 años estaba prestando servicios en la seccional primera, trabajó 17 años allí, antes de ser nombrada lo hizo ad honorem por dos años seguidos. Trabajada siendo celadora en jornadas de 8 x 24. Mirta parece bloqueada, nada recuerda, nada de nada. De repente un nombre de mujer abre su memoria, Ana María. Mirta dice que la recuerda, que era una persona complicada, que ella recibió en la seccional, su estado era deplorable, no hablaba, no comía. La ingresaron en una camioneta, como si fuera un bulto, esposada y vendada. Mirta recuerda que la agarró como si fuera un bebé entre sus brazos y la metió a celaduría y que luego de llenar planillas la ingresó en un  pabellón, estaba Ana María sola, aislada, desconfiaba de todos. Mirta dice que pasaron como cuatro meses para que mejorara su situación, estaba golpeada, maltratada, recuerda que la sacaba todos los días a un patio interno a caminar.

Mirta reconoce que desde su trabajo en la seccional accedía a esa historia que mucho no se cuenta, sabía que a la planta alta subían gente a interrogar, la propia Mirta aceptó, ante las preguntas de la querella, que ella había llevado detenidxs a esa oficina y que de noche se escuchaban gritos, y que suponía que eran de la picana, Mirta los regresaba y los aislaba por unas horas, muchas veces había escuchado de las propias y lastimosas voces de las víctimas lo que hacían con ellas, la picana, la quemadura de un pucho, las golpizas, todo el horror que no puede negarse.

Las verdades, salen.

Comentarios

Comentarios

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre

nombre


nombre

nombre

nombre

nombre


nombre

@2018 - Plan B Noticas - Contacto: planbnoticias@gmail.com / Diseño y Desarrollo de www.generarweb.com