
El juez Federal Claudio Bonadió autorizó la rotura de una parte del inmueble con la deseada premisa de encontrarse con los dineros de la corrupción, la frutilla del postre de “los cuadernos”, que todavía no aparece.
A modo de nota de color, el diario La Nación, contó la forma en que la policía fue más allá de lo permitido para obtener una prueba que justificara lo que los senadores ya no podrían negar: allanar los domicilios de la senadora y ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.
A modo de novela de intriga, el matutino cuenta que “el policía golpeó con el puño cerrado la pared. «Es hueca», dijo. Estaba en el cuarto piso del edificio de la esquina de Uruguay y Juncal, en Recoleta, un piso más abajo del departamento en el que vive Cristina Kirchner. La policía pidió entonces autorización al juzgado de Claudio Bonadio para romper. Prometía ser un pequeño agujero, solo el necesario para introducir una camarita como las que se usan para las intervenciones quirúrgicas o para que los expertos en explosivos vean el interior de bombas sin correr peligro. Rompieron y del otro lado de la pared no había nada. Ni bóvedas, ni un pasadizo, ni dólares apilados. «Suficiente», le dijo Bonadio, parado frente al escritorio de su despacho de Comodoro Py a un interlocutor que le preguntó sobre otros posibles operativos en busca de presuntos tesoros escondidos. No va a ser ese el camino de la búsqueda del dinero, a menos que aparezcan datos concretos”.

Con el fracaso a cuestas, el juez descarta hacer movimientos de suelos en el sur o en cualquier parte del país, para encontrar el dinero supuestamente mal habido. Con la camarita, desmitificaron parte del relato que rodea a la familia Kirchner. También a varios que esperaban convertir a CFK en la nueva López, que en lugar de tirar bolsos por un convento, se dedicaba a romper peredes, llenarlas de dólares, reparar, revocar y pintar.
“El allanamiento de esta semana en dos departamentos del mismo edificio en el que vive la expresidenta -en el primero y el cuarto piso- se originó por datos de vecinos del barrio: uno que dijo haber visto movimientos sospechosos de camión de mudanzas que subía cajas en la puerta del edificio y otro contó que en uno de los departamentos todas las ventanas a la calle habían aparecido tapiadas con papel madera”, añade hoy La Nación.
Por último, a modo de exculpación, dicen que “Bonadio fue quien autorizó los operativos en los departamentos, pero estaba entre quienes creían que difícilmente fueran a dar resultado. La utilidad de la medida había sido tema de conversación entre los investigadores. «Si aparece una moneda de un peso, pago el asado de fin de año para todo el juzgado», dijo incluso un funcionario judicial incrédulo.Por ahora, el juez no se muestra muy propenso a salir a derribar paredes ni a cavar pozos en el sur. Fuentes de su juzgado dijeron a LA NACION que Bonadio cree, más bien, que el dinero de los sobornos que fue a parar a Santa Cruz está invertido. Que con esos fondos se compraron inmuebles como las miles de hectáreas de estancias que figuran a nombre de Lázaro Báez en la Patagonia”, finaliza el matutino porteño.

