
El botón antipánico. Lo tuvo que accionar en varias oportunidades
Habla con naturalidad pero lo que cuenta es escalofriante: su expareja, un militar en actividad, le quemó la cara, la atacó con un cuchillo, la golpeó en reiteradas ocasiones y la amenaza permanentemente. Tiene 3 hijos con él y lo denunció 5 veces. Antes hizo 4 exposiciones. El último ataque fue hace 2 semanas: “pensé que al denunciar iba a ser mejor, pero fue peor. Me dejaron sola y a él no le hacen nada. Me mandaron a hacer un tratamiento psicológico a mí y él sigue como quiere”, dijo la joven mujer que pidió reserva de identidad pero que exhibió todas las actuaciones policiales y judiciales que acreditan su testimonio.
La joven se comunicó con este medio cansada de que las denuncias ante la policía y la justicia no le significara el final de una calvario. Pidió hacer público su caso porque hace dos semanas volvió a ser víctima de su expareja, Brian Ezqeuiel Carra, soldado voluntario del Ejército Argentino en la X° Brigada Mecanizada de Santa Rosa. Además, el abuelo del atacante es un policía que se desempeña en la seccional Tercera.
“Un día, cuando ya lo había denunciado, viene y me pide la bebé que le tuve que dar porque es su padre y me dijeron que no podía prohibirle que vea a sus hijos. Estábamos en la entrada de la casa, que da a la calle. Cuando le voy a dar a la beba, la toma con una de sus manos, con la otra me tira al piso y comienza a darme piñas”, dijo y está relatando la quemadura con un caño de escape en la cara.
[pullquote]HACE LO QUE QUIERE. La mujer contó que “viene, se trepa a los tapiales, pasa por arriba del portón y se llega hasta mi casa. Me rompió las cerraduras de la puerta, me rompió a piedrazos las ventanas. Por eso mi mamá y mis hermanos van a poner rejas y alambre para que él no se meta más. Denuncié y estoy sola, no hay contención, no hay ayuda”.[/pullquote]
“Estando en el piso, con una pierna me lleva la cabeza al caño de escape de la moto y me quema acá” y se señala la marca del pómulo izquierdo.
La mujer denunció en la seccional Tercera de Policía pero teme que allí lo protejan porque Carra tiene un abuelo policía en la misma dependencia. “Es militar, me presenté un montón de veces en el regimiento. La primera vez me sacaron, después me atendió un jefe que me dijo que no podía hacer nada. Que no eran problemas de ellos”.
Al poco tiempo la atacó “con un spray” en una despensa de la popular barriada de Villa Santillán. “Cada vez que viene a ver los hijos me hace algo. Una vez tenía a uno de ellos a upa y me golpeó en el cuerpo y la cara”, relató.
Los hijos que tiene con el agresor son una beba de 1 año y 8 meses, una niña de 3 años y un niño de 5. «Ya no le quiero dar más a los nenes porque la otra vez el varoncito fue abusado por el tío del papá, un hombre discapacitado, y nadie me garantiza que no los vuelvan a atacar. Desde entonces, el nene está en tratamiento psicólógico, no quiere salir a la calle y no duerme conmigo en mi casa, lo hace en la de mi mamá», contó.

El marco de la puerta. Quedó el hueco. El hombre le sacó las cerraduras.
Vive en el mismo predio en que su madre tiene la casa. Ella está en una construcción ubicada al fondo del patio. Adelante, la vivienda tiene más seguridad. «Viene cuando quiere, viola la orden de restricción y nos hace lo que quiere. Por eso estoy acá adelante porque no puede entrar, las puertas y las ventanas tienen rejas y pasadores, trabas que no puede romper», agregó.
“Dejé de trabajar en un restaurante céntrico porque se me aparecía en las horas de trabajo, o me agarraba en el estacionamiento y me amenazaba con matarme. En diciembre estaba llegando al psicólogo cuando el apareció, se bajó de la moto y dijo que me iba matar. Estaba con el nene y me dice: ‘vos no me crees, yo te voy a matar’. Cuando fue a agarrar a la nena no lo dejé porque le tenemos miedo y cuando lo subo para que no me lo quite, saca un cuchillo del pantalón y me lo clava en el estómago. Tuve suerte porque no estaba tan afilado, pero tengo la marca del ataque. Todo esto lo constató la policía y la justicia pero me dijeron que como no tiene antecedentes solo le darían 8 meses y una orden de restricción de acercamiento que no va a cumplir porque ya no cumplió la que le dictaron por 90 días el 10 de febrero”, señaló.
La causa judicial tiene a Marcos Sacco como fiscal y a Néstor Ralli como juez. Se presentó hace 2 semanas a la Dirección de Violencia Familiar de la provincia y todavía está esperando que la llamen. “Lo único que tengo es el botón antipánico. Cuano lo tocas te mandan 5 o 6 patrulleros, vienen acá y después te dicen que no lo encuentran. Una vez, uno de la tercera me preguntó el apellido y cuando se lo mencioné, me dijo ‘Ah, Carrita, dejá que hablo con el abuelo para que se deje de joder’. Sin embargo, o no le dijeron o lo protegen porque siguió viniendo a atacarme”.
La mujer y sus 3 hijos viven de la ayuda de sus familiares. Dejó el trabajo por miedo y el militar no le pasa la cuota alimentaria. “El miedo mío es salir y no volver. Cuando hacés la denuncia dicen que te ayudan pero no hay contención. Te dan un botón y una restricción”, se quejó.
Recordó que “hace 4 años me prendió fuego el departamento del Atuel y no lo denuncié porque le tenía miedo. Me separo, vengo a vivir con mi mamá atrás de la casa y me volví a juntar. Quedé embarazada y él no la quería tener a la chiquita (dice en mención la beba de un año y 8 meses). Estando embarazada de mi beba más chica me ataca, me pega con el portón en la panza. La nena nació con problemas en la cadera, en los pies, en la cabeza. Hizo rehabilitación desde los 4 meses hasta el año de edad en el Hospital Lucio Molas y por suerte ahora está bien”, indicó.
“No quería que naciera. Estaba de 6 meses y me daba palizas. Me internan en el sanatorio con amenaza de aborto y desprendimiento de placenta. Estuve todo el resto del embarazo encerrada en mi casa por miedo. Antes de que nazca dijo que me iba a matar. Recién ahí tome conciencia de la violencia de la que era víctima. Fue cuando me dijeron todos los riesgos del embarazo”, dijo.
La joven mujer luce como cuenta: atemorizada, sola y sin respaldo institucional. “Yo no quiero esperar a que me maten para que la policía o la justicia actúe”, finalizó su relato ante este medio.

Los vidrios de la ventana rotos. «Fue a piedrazos», dijo.

