
Plan B Noticias publica el poema de la escritora María Alejandra Naunchuk que apareciera en la antología Winifreda en su bicentenario” – “Escribimos a nuestro pueblo por amor a la patria”-
LA PASIÓN DE MAYO
Cantaron los pañuelos
como golondrinas en vuelo
Se vistieron los señores
con camisas nuevas,
creían que a ellos
se les conmutaría la pena,
por imponer
su destreza en el dominio
sin condena.
Invocaban el silencio,
pedían por sus hijos benditos del cielo
para unir la servidumbre
en la idea y el caminar,
en un trasnoche permanente
donde la independencia
fuera solo una greguería,
un plan urdido
en la logística de los rebeldes,
quienes tienen en sus manos
esa intolerable ruptura
de las cadenas.
A los que se les proclamaba,
que jamás verían ese trabajo del día,
contra esta colonia amparada
por la corona de su rey.
Porque… ¿quién es?…
ese indio que adora al sol,
que organiza a los gauchos
en las huestes de Martín Miguel
velando la frontera.
O el negro
hambriento esclavo
del Rio de La Plata,
entronizando el honor
por la confianza,
de marchar con un vigoroso Belgrano
ahogado de paludismo
por Vilcapugio y Ayohuma,
con la “madre patria”
como la llamaban sus soldados,
a la capitana desesperada
por este y otro bálsamo
para las heridas.
María Remedios del Valle
negra y pobre.
Y el tiempo gira
gira una danza de la victoria.
Cristalino como las cumbres
nombrado desde las espadas
en rostros atónitos.
Creyentes insurgentes,
personajes sin levita
apuñalados sin máscara,
se miran sin nombrarse
en el secreto de la logia,
en el silencio amasado
para el grito.
Creen
en la geografía de pocos
para todos,
donde los caseríos
de pies desnudos
nombran a un General
sin la ferocidad del enemigo.
¿Quién es…
el San Martín ulceroso
subido de tono
en su pasión emancipatoria?.
¿Y se atreve a cruzar en camilla
montañas impenetrables?.
Y mas…
que podemos pensar
de esa mujer distinta, discordante
organizando montoneras,
preparando ejércitos como dice
para la liberación.
La que flamea ponchos,
atraviesa la tierra
y se llama desde el norte al sur
Juana Azurduy.
Y la otra…
a quién le dicen “patricia de la independencia”,
cronista hospitalaria de 1810.
Al acorde de su piano
canta el himno a la libertad:
“Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor…”
La que habló desde su exilio
de “La tierra de mis lágrimas”,
y sin duda, guarda un pentagrama
en alguna falda volandera,
Mariquita Sanchez de Thompson.
Ellas y ellos
marcharon
junto a los jacobinos,
Moreno, Castelli, Monteagudo.
El Castelli que publica decretos
en castellano, guaraní, quechua y aymara.
Festeja el 25 de mayo de 1811, en Tiwanaku
y junto a caciques indios
rinde homenaje a los antiguos incas.
Así, se muestra el Cabildo de luz difusa.
El cabildo abierto con Moreno y Castelli,
French y Berutti
irrefrenables con intrépidas cintas,
celestes y blancas
embravecidas de color
como las barrancas de Belgrano,
para armar al pueblo
victorioso
como patria libre y soberana.
Y aquí estamos…
con los pies descalzos
en medio de la bruma.
El reloj de Manuel entre los dedos
único bien de su existencia,
marcando su última hora.
Y los colgantes con medallas de José
para el juego de sus nietas
en un país lejano.
Sin bálsamo para la herida
de María Remedios,
a quién la muerte invita
a navegar lejos de su puerto,
de miseria y olvido.
O viendo a Guadalupe,
entregar sus cartas de amor
a la ola interminable del mar
para su Moreno envenenado.
Con esta pluma que inclina el viento
en el duelo por fundirse
con Juan José,
atravesado por su cáncer de lengua
que habla, dice, exhorta
como un ciego, anhelando la mirada.
Sin embargo…
sintiendo la mano de Juan José,
escribimos
su sentencia,
“La soberanía regresaba al pueblo y éste
debía gobernarse a sí mismo”
………………
María Alejandra Naunchuk

