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«La Pasión de Mayo»

21 junio, 2016
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placa libertad de expresión

Plan  B Noticias publica el poema de la escritora María Alejandra Naunchuk que apareciera en la antología Winifreda en su bicentenario” – “Escribimos a nuestro pueblo por amor a la patria”-

 

LA PASIÓN DE MAYO

Cantaron los pañuelos

como golondrinas en vuelo

 

Se vistieron los señores

con camisas nuevas,

creían que a ellos

se les conmutaría la pena,

por imponer

su destreza en el dominio

sin condena.

 

Invocaban el silencio,

pedían por sus hijos benditos del cielo

para unir la servidumbre

en la idea y el caminar,

en un trasnoche permanente

donde la independencia

fuera solo una greguería,

un plan urdido

en la logística de los rebeldes,

quienes tienen en sus manos

esa intolerable ruptura

de las cadenas.

 

A los que se les proclamaba,

que jamás verían ese trabajo del día,

contra esta colonia amparada

por la corona de su rey.

 

Porque… ¿quién es?…

ese indio que adora al sol,

que organiza a los gauchos

en las huestes de Martín Miguel

velando la frontera.

O el negro

hambriento esclavo

del Rio de La Plata,

entronizando el honor

por la confianza,

de marchar con un vigoroso Belgrano

ahogado de paludismo

por Vilcapugio  y Ayohuma,

con la “madre patria”

como la llamaban sus soldados,

a la capitana desesperada

por este y otro  bálsamo

para las heridas.

María Remedios del Valle

negra y pobre.

 

Y el tiempo gira

gira una danza de la victoria.

 

Cristalino como las cumbres

nombrado desde las espadas

en rostros atónitos.

Creyentes insurgentes,

personajes sin levita

apuñalados sin máscara,

se miran sin nombrarse

en el secreto de la logia,

en el silencio amasado

para el grito.

Creen

en la geografía de pocos

para todos,

donde los caseríos

de pies desnudos

nombran a un General

sin la ferocidad del enemigo.

 

¿Quién es…

el San Martín ulceroso

subido de tono

en su pasión emancipatoria?.

¿Y se atreve a cruzar en camilla

montañas impenetrables?.

 

 

Y mas…

que podemos pensar

de esa mujer distinta, discordante

organizando montoneras,

preparando ejércitos como dice

para la liberación.

La que flamea ponchos,

atraviesa la tierra

y se llama desde el norte al sur

Juana Azurduy.

 

Y la otra…

a quién le dicen “patricia de la independencia”,

cronista hospitalaria de 1810.

Al acorde de su piano

canta el himno a la libertad:

“Se conmueven del Inca las tumbas

y en sus huesos revive el ardor…”

La que habló desde su exilio

de “La tierra de mis lágrimas”,

y sin duda, guarda un pentagrama

en alguna falda volandera,

Mariquita Sanchez de Thompson.

 

Ellas y ellos

marcharon

junto a los jacobinos,

Moreno, Castelli, Monteagudo.

 

El Castelli que publica decretos

en castellano, guaraní, quechua y aymara.

Festeja el 25 de mayo de 1811, en Tiwanaku

y junto a caciques indios

rinde homenaje a los antiguos incas.

 

Así, se muestra el Cabildo de luz difusa.

 

El cabildo abierto con Moreno y  Castelli,

French y Berutti

irrefrenables con intrépidas cintas,

celestes y blancas

embravecidas de color

como las barrancas de Belgrano,

para armar al pueblo

victorioso

como patria libre y soberana.

 

 

Y aquí estamos…

 

con los pies descalzos

en medio de la bruma.

El reloj de Manuel entre los dedos

único bien de su existencia,

marcando su última hora.

Y los colgantes con medallas de José

para el juego de sus nietas

en un país lejano.

 

Sin bálsamo para la herida

de María Remedios,

a quién la muerte invita

a navegar lejos de su puerto,

de miseria y olvido.

 

O viendo a Guadalupe,

entregar sus cartas de amor

a la ola interminable del mar

para su Moreno envenenado.

 

Con esta pluma que inclina el viento

 

en el duelo por fundirse

con Juan José,

atravesado por su cáncer de lengua

que habla, dice, exhorta

como un ciego, anhelando la mirada.

 

Sin embargo…

sintiendo la mano de Juan José,

escribimos

su sentencia,

“La soberanía regresaba al pueblo y éste

debía gobernarse a sí mismo”

………………

María Alejandra Naunchuk

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