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“Viernes de consagración”

27 agosto, 2019
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En esta nota, el periodista Javier Urban eleva la sentencia contra los responsables de la subzona 14, a un símbolo más dentro de los que anuncian nuevos vientos en una Argentina dispuesta a revertir años duros de restauración conservadora.

Si el domingo 11 de agosto, la mitad de los ciudadanos argentinos dieron muestra de una razonabilidad que los grandes medios de comunicación, basándose en encuestas my poco fiables pero bien promocionadas por un gobierno que los subestimó, pretendieron hacer creer que tal razonabilidad no existía en las mayorías.  Si aquel domingo de las elecciones PASO la enorme mayoría de los argentinos evaluó que naturalmente no podía votar por un gobierno que  aumentó las tarifas un 3700%, los alimentos, remedios y vestimenta un 350%, la deuda externa en u$s 190 mil millones, llevó el desempleo a dos cifras, asesinó y encubrió junto a las fuerzas de seguridad, recortó sueldos y jubilaciones, devaluó la moneda y tenemos el sueldo más bajo en dólares después de Venezuela, desmanteló el Conicet, duplicó la inflación, primarizó las exportaciones, provocó el cierre de 25 mil pymes, cerró el ministerio de Salud, bajó el consumo de Carne Per Capita a su mínimo histórico, provocó el cierre de 85 mil comercios y le sacó cunas a los bebés, computadoras a los pibes y remedios a los viejos…sólo para citar algunas de las tantas consecuencias que tuvo que años atrás si lo votaran, si aquel domingo, entonces, fue un domingo de gloria, bien podemos decir que el viernes que le siguió, el 16 de agosto fue un viernes de consagración.




Y esto tiene que ver con que los que en diciembre de 2015 llegaron al gobierno con la pretensión de restaurar el conservadurismo y lo hicieron inyectando el odio que nace de sus entrañas,  lo supieron esparcir en gran parte de la población, desde aquel conflictivo 2008, cuando ante la decisión política de la por entonces presidenta Cristina Kirchner de instrumentar retenciones móviles a la producción agrícola, para avanzar en la tibia redistribución del ingreso que obtenían las patronales del campo, la conocida oligarquía agrícola ganadera, con los astronómicos precios a los que vendían la soja.  Por aquellos días  un movilero de algún canal o alguna radio del Poder Mediático, bien adoctrinado, iba a una movilización del Gobierno y encontraba a un obrero. Le preguntaba: “¿Cómo lo trajeron aquí?”. Después iba a un agro-cacerolazo, se acercaba a una joven o a un joven y preguntaba: “¿Por qué viniste aquí?”.  La basura quedaba en la conciencia pasiva del que escuchaba o del que miraba. El groncho de la presidenta no iba,  lo llevaban. No tenía  voluntad propia. Le daban un choripán y ahí lo tenían. Comiendo de la mano de los gordos de los sindicatos. ¿O los grasas peronistas no son así?  Por el contrario, el teflón-boy (o la teflón-girl), el garca que se venia desde la Recoleta, era la expresión de una conciencia autónoma. El había elegido libremente. Sabía la causa por la que luchaba. Nadie lo compraba. Es lúcido. Es culto. Es la expresión de la libertad del ciudadano.

Y así fue como empezaron a despertar el odio por lo nacional y popular en grandes franjas de la población, sobretodo en la, al menos por entonces, mayoritaria clase media.

Desde entonces todo lo que ha ocurrido, pergeñado y actuado por el establishmen, el circlo rojo o la oligarquía de siempre, como guste llamarlos, tuvo por finalidad terminar con el poder de aquel gobierno y después de haberlo sustituido como lograron hacerlo por uno neoliberal, hacer desaparecer de la faz de la tierra logros, conquistas y símbolos de lo nacional y popular.

El Poder no quería nunca más un gobierno nacional y popular, peronista al estilo K, que es lo mismo que al estilo Perón y Evita,  le sería muy irritante. No les importaba tanto, en rigor,  que fuera simplemente peronista. Es más: ellos saben que sólo el peronismo puede gobernar en la Argentina. Y por eso tratan de explotar que el peronismo se caracterice por ser un aparato, un instrumento de poder.   Para algunos no tiene ideología. Tiene máscaras. Tiene grupos de poder. Tiene liderazgos. Este es un mundo con muy pocas ideologías.  Cristina Fernández es una cara del peronismo que los hombres del Poder (porque en general las mujeres están en la casa y no pasan de la decorativa función de Juliana Awada) no quieren tolerar.  Por eso allá por el 2008 quisieron demostrar que podían torcerle la muñeca, soliviantarle el país, causar hambre, desabastecimiento, cortar rutas, anunciar que tienen armas y adueñarse del territorio con una impunidad nunca vista en esa extensión, lograrían algo importante.  No lo lograron en aquel momento, pero lo dejaron tan mal herido que inmediatamente ganaron las elecciones legislativas con de Narvaez (¿qué será hoy de su vida?).  Igualmente Cristina sobrevivió a lo peor, la muerte de Néstor y ganó por paliza en 2011.  Pero la oligarquía se propuso que fuera el último gobierno nacional y popular y lo logró.  No hubo tiempo de armar cuadros y Scioli ni Anibal Fernandez estuvieron a la altura de dar batalla a la mentira institucionalizada desde lo mediático y Macri llegó al gobierno.

Pero todavía faltaba para su gran objetivo, la finalidad era: hacer desaparecer a la montonera,  sacarla de la foto. No querían que se vayan todos. Querían que se vaya “ella”. Con “ella” se irían los suyos, esos malditos terroristas. Ya habían alcanzado volver al orden y lo habían logrado a través del voto popular, algo fantástico porque ya no era posible una intentona militar. El golpismo de los estados nacionales ha muerto. Ahora, Estados Unidos se ocupa de modo directo de todas las  cuestiones. Y si delega algo, es mínimo y totalmente controlado por ellos.  El Kissinger de estos tiempos ya no viene  a “aconsejar”. Dan órdenes por internet o en el mejor de los casos por teleconferencias.

Lo bueno es que les duró cuatro años  y está bien,  porque no hubiéramos tolerado otros 4,  y más del 50% de los argentinos y argentinas le dijo basta a la entrega de la Patria.

Realmente para celebrar que la gente no se dejara capturar en la trampa que intentaron de última,  con el supuesto reacomodamiento en el peronismo a través de Pichetto.  Intentaron perversamente que los peronistas, con algún antecedente bochornoso en ese sentido,  emigraran con el que más poder podía llegar a tener, que se vieran en la conveniencia de dejar sus filas.

El asunto era que no volviera ella.  Ahora ¿Qué no toleran de Cristina Kirchner? El intervencionismo estatal, por supuesto. Las famosas retenciones y el tibio intento de redistribución del ingreso. Pero sobre todo: lo que llaman el “montonerismo”.

Y aquí aparece la gran victoria de los últimos días.  Con ella fuera del gobierno y de ser posible presa, el círculo rojo, el establishmen, la oligarquía,  podía  frenar los hostigamientos a los militares.  Habían entronizado a alguien que consideraba a los DD HH como un curro.  Estaban intentando imponer que no hubo 30 mil desaparecidos, que se retomara la discusión en torno a la teoría de los 2 demonios, que se considerara que los asesinos torturadores y secuestradores de bebes eran ya pobres viejecitos que no debían terminar sus días en una cárcel…

Es más, el 40 por ciento de las 611 once causas judiciales por delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado están todavía en la etapa de instrucción y tienen prácticamente todo el recorrido procesal penal por delante.   O sea, a 43 años del golpe de Estado,  que significó la aplicación masiva y sistemática de la metodología de secuestros, torturas y desapariciones aplicada por las fuerzas armadas y de seguridad,   miles de imputados –cuyas edades promedian los 70 años– morirán inexorablemente antes de recibir su sentencia.  Lo que se suma a la reducción del número de represores apresados, la generalización del arresto domiciliario como forma de detención predominante y la demora en la confirmación de las sentencias.   A  este ritmo habría juicios hasta 2025 y, desde que Macri es presidente la tramitación que va desde la elevación al tribunal oral, pasando por el juicio en sí, hasta arribar a la confirmación definitiva de la sentencia, insume más de cinco años en promedio.

De esa semejante manera  habían logrado empantanar la cancha.  Pero lo que  tenían como objetivo era borrar del mapa a Hebe de Bonafini, cuya imagen les resulta intolerable. También a esa señora Carlotto, por más arregladita que se la vea. Y a las Madres de Plaza de Mayo, que parieron hijos subversivos, a los que se les dio lo que  buscaron.  Esa etapa había que cerrarla.

Hasta se lo hubieran bancado a Pichetto como vicepresidente,  porque él podría dar por terminado, de una vez por todas,  el tema de los crímenes de lesa humanidad. También querían salir del Mercosur.   Alejarse abiertamente de Maduro y de Evo Morales. No había problemas con Brasil una gran potencia capitalista con un presidente como les gusta, de Brasil sí serían socios.  Y querían profundizar en  las relaciones carnales con Estados Unidos, aunque no utilizarían esa frase de malos recuerdos (que, sin embargo, la dijo alguien que les hizo muchos servicios).

Pero, lo principal era ¡basta de montoneros, de setentistas, de actos por las víctimas del bombardeo del 16 de junio! Esa injuria del Museo de la ESMA fue “intolerable”. Lo del cuadro de Videla. No, esta gente es peligrosa. Nunca se sabe hasta dónde podrá llegar alguien en quien no se confía.

De ahí la enorme importancia de la sentencia, el viernes 16,  a los responsables de la subzona 14, con 25 años de cárcel para Baraldini y 16 para Pérz Onetto como símbolos, uno porque fue el jefe del accionar represivo en La Pampa y el otro porque aun como médico policial es el primer condenado civil en nuestras tierras, con Norita Cortiñas en nuestra provincia y llamando a seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia, todo eso ha sido una intensa señal de que nuevos vientos empiezan a soplar.

Vientos que nos tranquilizan y llenan de ilusión,  porque la Argentina se va dar en octubre un gobierno que, sin ser de izquierda, a la izquierda de él no habrá nada. Y a la derecha, todo lo que nos demostró que puede hacer Macri.   Si hubieran ganado otra vez, sabíamos lo que podíamos esperar.  Lo de siempre: el ostracismo, la vereda de enfrente, lo peor.  Eso representa la continuidad de esta derecha gobernante, una derecha Tan de derecha que es temible.  Sobre todo porque daría cauce al odio oscurantista de los resentidos iracundos de estos días. Y a la Sociedad Rural, que avaló e impulsó el genocidio y eso no se borra diciendo alegremente “cambiamos”.  Cuando se apoyaron ciertos horrores, no hay retorno.

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