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Subzona 14: persecución política, causas inventadas, torturas con picana y trabajadores cesanteados

17 noviembre, 2021
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Este miércoles finalizan las audiencias del tercer tramo del juicio a los represores, con las ausencias de Nestor Omar Greppi y Jorge De Bartolo. Declararon Héctor Nery Martinez, del grupo de víctimas de trabajadores de la provincia, Stella Marys Piombo, perseguida política, y Jorge Licosky, propietario del Motel Caldén, detenido, como muchas otras víctimas, con una causa inventada.




Al comienzo de la audiencia se informó por secretaría del Tribunal Oral Federal que el exmilitar Néstor Omar Greppi fue internado de urgencia ayer por una descompensación. Estaría en el Hospital Militar. No se conoce el cuadro clínico y parte de salud.

En tanto, De Bartolo había presentado un certificado médico por un problema cervical hasta el 17 de noviembre. Por este motivo tampoco estuvo presente en las audiencias anteriores.

Los testimonios de las víctimas echaron luz sobre los oscuros acontecimientos llevados adelante por quienes llevaron adelante los delitos de lesa humanidad cometidos en territorio pampeano los meses previos al golpe del 24 de marzo del 76, y que algunos persistieron inclusive hasta 1983.

En primer lugar declaró Héctor Nery Martinez, era contador del Ente Provincial del Río Colorado. El 8 de enero de 1977 se presentaron dos policías en su casa y le informaron que tenía que presentarse en la Seccional Primera de Santa Rosa, donde funcionaba el grupo de tareas de la Subzona 14, y lo dejaron detenido.

“Me sacaron el reloj, los cordones, el cinturón, me pusieron contra la pared, me vendaron los ojos. Me subieron por una escalera y de entrada me empezaron a dar golpes de puño en el estómago, creo que con un guante de boxeador, porque después en la celda no tenía las marcas de puño”, repasó.

Martínez también fue picaneado. “Me sometieron a una sesión de picana eléctrica, en el pecho y en el cuello, y me interrogaron. Me preguntaron de todo, algunas se repetían cuatro o cinco veces. A 45 años algunas cosas se olvidan pero fundamentalmente me preguntaron por los campos del gobernador Regazzoli, como los había comprado, cosa que realmente no sabía. Me dijeron “no te hagas el vivo porque vos eras la mano derecha”. Yo era amigo del yerno, Vlasich, y alguna vez lo había visto a Regazzoli pero como cualquier vecino de la ciudad”, relató.

Les dijo “muchachos me parece que se equivocaron y buscan a otra persona, uno de ellos me respondió “nosotros somos señores, la época de los muchachos ya terminó, los políticos corruptos desaparecieron y por suerte tomamos el gobierno nosotros que somos la reserva moral de la patria”, y lo primero que pensé fue en callarme porque me iban a matar a palos”.

También lo amenazaron con secuestrar a su esposa e hija. “Me insultaron a mí y a mi familia. Nunca oí tantas barbaridades de la boca de una personas”, agregó.

Quedó detenido ilegalmente en la Seccional Primera, donde vio al médico Pérez Oneto, quien no quiso revisarle las marcas de la tortura. Ahí permaneció cinco días detenidos. En el lugar también identificó al excomisario Roberto Fiorucci.

Luego fue encerrado en la Unidad Penal 4, donde permaneció detenido hasta el 4 de marzo. Tras eso lo llevaron a la Unidad Penal 13 de Santa Rosa, y al otro día quedó en libertad por falta de mérito. “A fines de agosto me sobreseyeron definitivamente”, repasó.

Todo esto implicó la pérdida del trabajo. “Me dijeron que había sido prescindido”, relató. “Lo lamentable es que no podía participar a la administración pública por 25 años, ni contratar, me cortaron mi principal ingreso y perdí la obra social”, recordó. A su vez daba clases en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLPam, donde también quedó cesanteado.

Sobrevivió trabajando de manera particular, recordó que “amigos se cruzaban de vereda”. Con el tiempo asumió la decisión de “perdonar a todos los que me habían hecho daño”. Tras el regreso a la democracia fue reincorporado a sus dos trabajos en la administración pública.

Jorge Licosky, propietario del Motel Caldén, fue detenido el 5 de enero de 1978, a partir de una causa inventada por préstamos ilegales. Ya declaró en anteriores oportunidades.

“Fue una atropello, me revisaron la casa, sacaron todo, me llevaron sin decirme para que me llevaban. Me dijeron agarre ropa porque no sabe si vuelve”, manifestó.

Declaró que el operativo fue encabezado por los policías Atos Reta y Oscar Gatica, ambos condenados en instancias anteriores.

Lo llevaron a la Seccional Primera de Santa Rosa. Las primeras 24 estuvo encerrado en un cuarto sin alimentarse. Tras eso fue llevado a un calabozo con otros detenidos y luego a la planta alta, con los ojos vendados, donde recordó fue interrogado por el expolicía Cenizo.

Allí permaneció detenido unos 10 días y luego lo encerraron en la Unidad Penal 4. “No podía ver a nadie. La única salida era el baño. Después de 4 meses tuve salidas. Salía y tenía que volver a presentarme. El trato fue horrible”, rememoró.

A los 8 meses fue trasladado a la Cárcel de Mujeres. En total estuvo 10 meses detenido ilegalmente. Lo liberaron el 10 de noviembre de 78.

“Fui a psicólogos, para tratar de superarme. Le expliqué a mis hijos. Sufrí mucho por dentro. Baraldini era vecino mío. Mis hijos jugaban con él. Conocía el trabajo que hacíamos mi mujer y yo. Me tuvo detenido y no fue capaz de dar la cara. Es tan sinvergüenza como todos los militares que estuvieron”, declaró.

Por último, la docente y militante del Partido Comunista, Stella Maris Piombo contó el “terror” que se vivió en los años de la dictadura. Trabajaba dando clases en la EPET Nº1 y trabajó en la Jefatura de Policía de La Pampa.

Relató las detenciones ilegales de Julio Mata, su esposo, y Pedro Zapia, ambos integrantes del Partido Comunista.

“Un vecino ya contaba con la información de que estaban tirando gentes de los aviones al mar”, recordó. Después del golpe de Estado, cuando cerró la oficina de TV Educativa donde trabajaba, volvió a trabajar a la Jefatura de Policía y recordó que «ya hablaban de detenidos y mujeres «terroristas» detenidas de la Subzona 14″.

Relató que en el archivo histórico donde trabajaba «aparecía frecuentemente un señor de apellido Antonio, que era de la Policía Federal, y me hacía preguntas de la parte histórica o no de manera violenta y agresiva, algo que no tenía nada que ver con lo que podíamos ofrecerle en el trabajo».

Contó que permitieron visitar a su esposo, detenido en la Seccional Primera, “era un cuarto chico, estábamos los dos y un soldado armado con una ametralladora”.

Mata le pidió que Horacio Raúl Bustos, propietario de la conocida relojería donde trabajaba, intercediera ante el obispo Adolo Arana “sin saber que el obispo pidiera que él no apareciera más en el lugar de trabajo”, repasó. “La respuesta fue que no debía aparecer su cara en su negocio porque era un desprestigio. De todos modos, humanamente, Bustos le ofreció vender en el interior de la provincia, y así es como trabajó”.

Piombo contó que fue “prescindida por terrorista” de los trabajos de docente en la EPET y de la policía. “Fue la muerte civil. Porque no podía trabajar en ningún lado en el Estado y en Santa Rosa no había colegios de enseñanza privada, salvo el María Auxiliadora y el Domingo Savio, que eran confesionales y no me iban a tomar como profesora”, aseguró.

“Realmente el impacto que produjo eso en mi familia fue tremendo. Nosotros teníamos dos hijos y no podíamos permitir que se murieran de hambre. Lo que vendía mi esposo tampoco era la solución. Pusimos un pequeño negocio en mi casa para vender artículos de mujer. Todo el mundo desconocía que era docente y lo descubrieron recién cuando pude volver a trabajar”.

Dijo que “sufrimos discriminación, el terror de volver a encontrarme con gente que dijera “esta es comunista o terrorista” que era de lo que nos acusaban de manera infundada. El partido tenía objetivos vinculados a la lucha obrera campesina y de los estudiantes por un mundo mejor, no éramos terroristas, ni poníamos bombas, ni matábamos a nadie. Eran nuestros ideales que llevábamos adelante”, explicó.

Al ser consultada por la Fiscalía sobre como era trabajar en la Jefatura de Policía, con su esposo detenido, y el entorno que conocía su militancia en el Partido Comunista, explicó que «había muchos paranoicos que veían cualquier cosa y me acosaban como ocurrió con superiores míos, pero entre mis compañeros encontré solidaridad, y eso fue gratificante». En el juicio anterior declaró que fue chantajeada por uno de sus jefes para que tuviera relaciones con otro superior de la Policía.

Por último contó que su esposo «cayó en un estado depresivo» luego de ser liberado de su cautiverio, «por haber estado tanto tiempo detenido y luego la reacción de la sociedad cuando salió».

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