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Elecciones: “Ziliotto va a otra guerra”

28 junio, 2023
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El periodista Javier Urban, le escribió a Plan B para la sección Libertad de Expresión donde se refirió a la conformación definitiva de las listas que dirimirán las diputaciones nacionales que renovarán pampeanos y pampeanas en las elecciones de octubre.

Urban sostiene que el contexto nacional, con una candidatura presidencial “consensuada” en UP, obligó al gobernador Ziliotto a abandonar su pretensión de “horizontalidad” y tuvo que asumir designar un candidato, con el que afrontar una nueva disputa por el poder interno, más allá de que Ariel Rauschenberger aun saliendo segundo volverá al Congreso. En la oposición desechan al “ancho de espada” y la unidad e irán a las PASO.

   ZILIOTTO VA A OTRA GUERRA

En la década del 90, Rubén Marín sacaba a relucir todo su ingenio desde su rol de gobernador de La Pampa para no dejar a la provincia fuera de la necesaria distribución de recursos, que permanentemente a todos los distritos les es indispensable y, al mismo tiempo, no entregarla al reparto de las ambiciones privadas que en el resto del país se fueron quedando con los recursos estatales.  Para eso, cada vez que Marin era convocado por el presidente Carlos Menem acudía presto y se dejaba tildar por la prensa nacional  (y sus odiadores mediáticos locales que por entonces tenían su redacción en la calle 25 de Mayo y después se desplazaron a la Mitre) como uno de los referentes menemistas (al punto que alguna vez estuvo en consideración para ser el vice del infame traidor a la Patria) pero a su gestión, en La Pampa, nadie podía calificarla como tal, tanto es así que ni una sola empresa del Estado, ni sus cajas previsionales  fue privatizada y, definitivamente, hubo menos de política menemista en la gestión Marín que en la de Santa Cruz con Néstor de gobernador.

Una maniobra más o menos parecida pretendió llevar adelante,  por estos días, el gobernador Sergio Ziliotto,  que ante el galimatías que representaba la definición de la fórmula presidencial para los comicios de agosto (las PASO) y de octubre (elecciones generales), fue vocero de las pretensiones de la junta de gobernadores peronistas, que no se resignaron jamás a que el partido dentro del frente Unidad Peronista tuviera más de un precandidato y así se resolviera en elecciones primarias quién comandaría la ilusión justicialista.  Parecía inevitable que Wado de Pedro junto al menemcito Manzur, compitiera en nombre del kirchnerismo, frente a un Daniel Scioli que, con el respaldo del presidente Alberto Fernández y junto a Hugo Moyano como precandidato a diputado nacional en provincia de Bs As, estaba dispuesto a no bajarse pasara lo que pasase.  Frente a ese panorama, Ziliotto fue el que sentenció ante la prensa nacional:   «es necesario que todos los candidatos hagan el esfuerzo, definan una sola oferta electoral. Si no hay unidad, nos dedicaremos exclusivamente a gestionar y veremos que el pueblo defina los candidatos para octubre».

Pero, paralelamente, en La Pampa, enarbolaba un discurso completamente   distinto. Acá hablaba del tiempo de la horizontalidad y de la necesidad de que una  mayor participación permitiera dar respuesta a los compañeros que han pedido la posibilidad de participar.

El riesgo a perder a nivel nacional, que todavía es muy concreto, se agravaría, en el entender de los gobernadores, si previamente tuvieran que atravesar una elección primaria que no sólo dejaría heridos difíciles de ser sumados para las generales, sino que, además, de no ir unidos podrían quedar entre los derrotados en las PASO, precandidatos que estarían out para las generales y no contarlos en esa instancia debilitaría las posibilidades de ganar e incluso de clasificar para el ballotaje. De ahí lo lógico del reclamo de los gobernadores, entre ellos Ziliotto.

Pero en La Pampa el panorama le pintaba distinto al gobernador.  El riesgo a perder es altísimo, básicamente porque la oposición creía haber encontrado a su gran esperanza blanca,  de cara al futuro,  en  ese Martín Berhongaray que sacó más votos que cualquier opositor hace un mes y medio y lógicamente JxC se  preparaba para revalidar y mejorar ese caudal electoral.  Además, son elecciones legislativas, al próximo gobierno el PJ ya lo tiene seguro y, aun perdiendo, o sea terminando por detrás del macriradicalismo, el peronismo retendrá la banca que pone en juego y ni el más optimista creería que se podría quedar con las dos, para lo cual debería doblegar la cantidad de votos de su adversario. 

Ese cuadro objetivo pasó a ser definitivamente más complicado cuando Carlos Verna, el que, ya hemos dicho,  por muchos motivos fue el gran ganador de las gubernamentales del 14 de mayo, anunció que su línea,  la Plural,  no propondría candidatos para estas legislativas. 

Frente a todo eso, Ziliotto, que aún está recuperándose de su victoria pírrica de hace mes y medio, lo que menos quería era tener que sponsorear a un candidato que, como caballo del comisario, tendría la presión de ganar o ganar, por más que el premio para él será el mismo que obtendrá si termina segundo.  Pero para el gobernador no, porque la diputación no estará en riesgo, pero después de haber perdido en 2021 y de haber ganado con lo justo hace pocas semanas, otra derrota, esta vez de su candidato, le sumaría un magullón más para tener que iniciar a los pocos días una gestión que afrontará desde la condición de “pato rengo”, propia de los que ya tienen impedido constitucionalmente ir por otra re elección.

Ziliotto quería dedicarse exclusivamente a gestionar y dejar que el pueblo peronista definiera sus candidatos para octubre.  Pero, a diferencia de Marín en los 90, no le salió bien. Finalmente los gobernadores le torcieron el brazo a Cristina y a Scioli, bajaron al candidato K y al ex gobernador de Buenos Aires y celebraron la lista única.  Y,  naturalmente, instaron a que los gobernadores impusieran el mismo criterio en sus provincias. Y lo lograron un día antes del cierre para la presentación de listas, dejándolo sin la excusa de la falta de tiempo para difuminar precandidatos.

La reacción de Ziliotto fue inmediata, es más, ya antes de tener que cumplir con ese compromiso de envestir a un candidato único, le había advertido a Ariel Rauschenberger que era su elegido,  si esa necesidad surgiera.  Y cuando tuvo que optar obligatoriamente,  le calzó el traje de candidato único, incluso con la mirada puesta en las pilchas que él tendrá que dejar de usar a finales del 2027.

Después tuvo que encarar la difícil tarea de bajar a los muchos precandidatos que, con distintas expectativas, se habían anotado para la carrera.  Muy a regañadientes desistió Rodrigo Genoni,  que creía contar con buenas chances al controlar uno de los gremios más numerosos de la provincia, el mercantil, y prácticamente pertenecer políticamente a la familia Marín.  Pero lo convencieron para que se baje. Mucho más le costó a los emisarios del gobernador obtener el renunciamiento de Roberto Robledo.  Tras 24 años ocupando bancas legislativas nacionales y provinciales, el secretario general de la UOCRA había conseguido más de 3 mil avales para ir por la candidatura.  El tema era que si no se bajaba Robledo,  Saúl Echeveste tampoco desistiría, aunque él no sería un obstáculo para Ziliotto si finalmente lograra que ninguno de los precandidatos quedara en pie, porque su pertenencia al kirchnerismo que había retirado de la contienda a Wado de Pedro a nivel nacional,  le solicitaría la misma actitud a todos los suyos.  Seguramente las charlas mantenidas con su amigo Agustín Rossi, que es el candidato a vice de Massa, y con su conductor Gerardo Martínez que desde la CGT fue uno de los promotores de Massa, le hicieron ver a Robledo la necesidad de bajarse. Lo propio hizo Echeveste.  Y si bien Fabián Avendaño, Daniel Collipi y Natalia Méndez presentaron listas, es mucho más factible que terminen ocupando alguno de los ravioles inferiores del organigrama del próximo gabinete de Ziliotto,  que lograr superar el examen de exigencias de la junta electoral.

Y en JxC pesaron más las injerencias de la interna nacional y la ambición de sus dirigentes que la oportunidad de consolidar lo logrado el 14 de mayo y utilizar estas elecciones como plafón de lanzamiento para ir por todo en el 2027.  O sea, en lugar de fortalecer a Berhongaray que había logrado lo que ningún opositor antes en las elecciones gubernamentales, decidieron que la interna nacional se dirimiera también en La Pampa.  Algo lógico de entender desde el ambicioso criterio del macrista Martín Ardohain, instado por la comandante Pato que está convencida de tener muchos adeptos también en nuestra provincia. 

Más complicado de comprender es la actitud de Francisco Torroba que,  al ofrecérsele a la fórmula Larreta-Morales como su candidato en La Pampa, lo obligó a  Berhongaray a desistir porque desde ese sitial de “esperanza blanca” que lo perfilaban como quien podría ganarle al peronismo en el 2027, no podía arriesgarse a intentar retener su banca, que es la que se pone en juego, en una elección interna.

¿Por qué? Porque ya en 2017 sufrió una derrota histórica cuando compitiendo contra el mismo Torroba, dividió los votos radicales (31% sacó él y 26% el ex intendente de Santa Rosa) y Martín Maquieyra se quedó con la candidatura habiendo cosechado el 43% de los votos. Con semejante antecedente, Berhongaray no podía arriesgar la ropa en una contienda de similares características y razonablemente dio el paso al costado.           

No tenerlo enfrente a Berhongaray, incrementaría las chances del candidato oficialista. Pero llevar como candidato a presidente, en su misma boleta, a quien no puede domar una inflación que se pronostica será del 120 % anual y, fundamentalmente, con Carlos Verna sólo balconeando estos comicios, con el antecedente de que ya pronosticó una imposible victoria de UP en las presidenciales y supo advertir que cuando el peronismo perdió en las elecciones del 2021, él no tuvo un carajo que ver y citó como causal que los candidatos, ignorando a Pico,  eran todos de Santa Rosa, entre ellos el propio Rauschenbeger;  le tornan muy cuesta arriba el desafío al candidato de Ziliotto. No el de llegar al Congreso, primero o segundo Ariel allí estará, sí el de acumular poder de cara al período 24-27 en el que Ziliotto tendrá que seguir gobernando pase lo que pase en octubre.

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