
La viceintendenta de Santa Rosa y presidenta del Concejo Deliberante, Romina Montes de Oca, cuestionó el impacto de las políticas económicas del Gobierno nacional sobre los hogares y advirtió que, mientras el Estado exhibe sus cuentas ordenadas, crece el endeudamiento de las familias para afrontar gastos cotidianos. “La deuda no desapareció, cambió de bolsillo”, sostuvo la funcionaria santarroseña, al señalar que cada vez más personas recurren a tarjetas de crédito, préstamos, cuotas y descubiertos para llegar a fin de mes.
Romina Montes de Oca, se refirió al impacto que las medidas económicas del Gobierno nacional generan en la vida cotidiana. En su análisis, sostuvo que el superávit y el ordenamiento financiero del Estado se sostienen a partir de una creciente carga sobre la economía de los hogares.
«Hay un dato que explica mejor que cualquier discurso lo que está pasando con la economía argentina: el Estado puede mostrar sus números ordenados, pero las familias están cada vez más endeudadas», afirmó Montes de Oca.
En ese sentido, amplió que el endeudamiento pasó del ámbito público a la esfera privada: «La deuda no desapareció. Cambió de bolsillo. Hoy está en la tarjeta de crédito, en las cuotas acumuladas, en el préstamo para llegar a fin de mes, en el descubierto y en la postergación de gastos indispensables. Hay familias que ya no se endeudan para comprar un auto, mejorar su casa o concretar un proyecto. Se endeudan para vivir».
Cuestionamientos
En otro tramo de su exposición, la titular del cuerpo deliberativo santarroseño señaló que la coyuntura refleja «el fracaso del modelo prometido». En esa línea, remarcó: «Quienes llegaron diciendo que tenían todas las respuestas terminaron dependiendo una y otra vez de grandes operaciones macroeconómicas: blanqueo, Fondo Monetario Internacional, asistencia del Tesoro de Estados Unidos y regímenes como el RIGI, que conceden enormes beneficios a grandes corporaciones con la promesa de que algún día ese crecimiento llegará al resto de la sociedad».
Asimismo, advirtió sobre las contradicciones entre las variables fiscales y la realidad de la población. «Mientras se celebran números en una planilla, la economía cotidiana cuenta otra historia. Si una familia necesita financiar el supermercado, los servicios o gastos básicos, no estamos frente a un modelo exitoso. Estamos frente a una señal de alarma», aseveró, agregando que «detrás de tanta ingeniería financiera sigue faltando lo principal: un verdadero plan de desarrollo. Un proyecto que piense en producir más, generar trabajo, fortalecer a las pequeñas y medianas empresas, mejorar los ingresos y recuperar el poder de compra de quienes trabajan».
Finalmente, la viceintendenta remarcó la necesidad de equilibrar las demandas estatales con el bienestar social y cuestionó la falta de resultados tras el inicio de la gestión. «El equilibrio fiscal es importante, pero no puede construirse desequilibrando millones de hogares. No sirve un Estado que dice haber dejado de endeudarse si, para conseguirlo, empuja a endeudarse a las familias. Nos prometieron que sabían exactamente qué hacer. Dos años después, seguimos esperando crecimiento, inversión que llegue a la vida real y una mejora concreta de los ingresos. Porque una economía no funciona cuando cierran solamente las cuentas del Gobierno. Funciona cuando también cierran las cuentas de las familias», concluyó.

