
En el mismo día, el presidente argentino reivindicó la dictadura que asesinó a 5 mil chilenos, ratificó su alineamiento con Estados Unidos y se hizo nacionalista como la dictadura de Videla y Galtieri, para llamar a la unidad nacional de toda la política, a la que agrede e insulta de manera permanente.
Sin ponerse colorado, Javier Milei reivindicó a Augusto Pinochet, confirmó su relación carnal con Donald Trum, anunció la construcción de una base militar que le sirve a los Estados Unidos y, como el dictador Galtieri, usó las Malvinas para agitar un sentimiento nacional profundo con el fin de cambiar la agenda política que lo tiene a mal traer por la crisis económica y de empleo que padece el país por las decisiones del propio Milei.
Además, anunció sanciones a las empresas que operen en las Malvinas, que podía aplicar hace 267 días.
Y cambió de opinión: de reconocer la autodeterminación de los kelpers, por primera vez en casi tres años, Milei fijó de manera pública la histórica posición nacional: las Malvinas son Argentinas.
Por último, la base naval en Tierra del Fuego le abre la puerta a EEUU para tener un control en el Cono Sur.
Pasen y vean. Pasen y recuerden.
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