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PASO 2017: el poder de la ocasión*

17 agosto, 2017
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Plan B Noticias publica el análisis que hace el profesor de Ciencia Política, Silvio Arias, de las últimas elecciones. Ve una crisis y una oportunidad para quienes perdieron representación el domingo pasado.

La nota completa, dice:

“…la naturaleza de los pueblos es cambiante

y que si es fácil persuadirlos de algo,

es difícil luego mantenerlos fieles a esa convicción”.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

Las pasadas elecciones primarias, han dejado en todo el arco social y político nacional, certezas y desafíos. Entre las certezas, queda constatado -voluntad popular mediante- el continuo proceso de crisis en el cual se encuentran los partidos políticos tradicionales en la Argentina; situación esta que no es exclusiva de nuestro país y que viene desarrollándose en diversos partes del mundo, desde hace ya varias décadas.

Sabemos que las instituciones por su misma constitución son conservadoras, y que por ello se resisten a ver los cambios cuando se avecinan. En ellas la innovación de caras e ideas, no es considerada conveniente al momento de replantear estrategias de supervivencia cívica. Resulta más efectivo desviar la mirada hacia otras alternativas de menor apertura, con limitada capacidad para influir en cambios que pudieran llegar a cuestionar las estructuras mismas del poder.




No menos importante, y en este caso central, resulta el pronunciamiento democrático de la voluntad popular cuando cambia de referentes; no tanto por la brillantez de las nuevas propuestas, sino por el hartazgo que genera la no recepción de críticas, deseos y aspiraciones.

Leandro Alem y Juan Domingo Perón verían con enorme amargura, el estado calamitoso en el cual se encuentran hoy sus creaciones ideológicas, oportunamente fagocitadas por prácticas políticas mas cercanas a la conveniencia parcial de un grupo de poder, que a la construcción colectiva de un proyecto de país que nos contenga a todos.

OCASIÓN:

La novel coalición gobernante nacional viene entendiendo desde hace ya un tiempo, que el humor social –sobre todo desde 2001 a la fecha-, reclama diversas modificaciones sobre el sector dirigente político del país. La ciudadanía del siglo XXI, no es la del siglo XX. El acceso a mayor educación y nuevos medios de comunicación, han permitido ampliar el marco de referencia de los electores, al momento de pronunciarse en las urnas. Allí aparece el popular “voto castigo”, tendiente a desconocer méritos y trayectorias, urgido por un contexto que reclama innovaciones de todo tipo. En campaña, el sector político tiende a subestimar la bronca de los votantes, pensando que un circunstancial estimulo material podrá doblegar a su conveniencia esas voluntades electorales. Esa práctica, utilizada por todos (nuevos y experimentados), hoy demuestra que no importa la cara del proveedor, ya que éste podrá ser recepcionado, pero no necesariamente votado.

Por otro lado, el poder de la imagen, el marketing y la brevedad de los mensajes políticos en formato de eslogan, parecen haber desterrado para siempre el debate de ideas, la trayectoria militante o la tradición partidaria, como hemos podido ver claramente al interior del radicalismo y el justicialismo en la Argentina.

En este contexto, gana quien interpreta la demanda. Sostenerse luego en el tiempo, es otro cantar, mientras tanto se construye poder y consolidan nuevos valores. Quien crea un nuevo espacio de participación política, sabe que lucha todo el tiempo contra la incertidumbre que genera el proceso innovador, particularmente frente a quienes tienen historia, práctica y presencia territorial. Ante los errores, generalmente se utiliza la excusa por la falta de experiencia. Se pide tiempo para encaminar el rumbo y se apela a frases de dudosa sensiblería, con el fin de empatizar con los destinatarios justificando sus acciones ante ellos.

Sin lugar a dudas, una de las armas más poderosas con las cuales cuenta un partido político tradicional para contrarrestar el embate de una nueva expresión, es su propia historia y doctrina. La lucha de quienes ofrendaron sus vidas en pos de un ideario, su tradición, el valor de sus símbolos aglutinantes o el poder espiritual de la mística; debe  adquirirse por transferencia y formación inter-generacional; del mismo modo que deben incorporarse los cambios que hacen de ese cuerpo ideológico un instrumento vivo, pasible de ser modificado por el bien de sus seguidores y la causa que persiguen.

Dicho proceso formador es prioritario, no debe ser subestimado anteponiendo otras prioridades. No se defiende con un voto, lo que no se conoce con la razón. Como toda creación requiere de ejecutores continuos, dispuestos a transmitir con pasión y convicción un ideario estimulante y posible, alejado de los artificios del marketing político.

PODER:

Los países que conocen su historia y valoran sus tradiciones, son países fuertes, orgullosos de su pertenencia, capaces de identificar aquellas acciones o individualidades que atenten contra esa integridad sagrada que es la nación. Cuando un partido político tradicional entrega voluntariamente sus banderas, a las conveniencias circunstanciales de una gestión gobernante, se declara públicamente incapaz de efectuar los cambios que demanda la sociedad a la cual dice representar. En esa confesión de parte, todos pierden. Pierde la dirigencia por no haber podido adelantarse a la crisis de su estructura y actuar en consecuencia; y pierden sus seguidores al quedarse sin el marco de contención que significa esa adhesión a una forma de ver el mundo.

Resulta lógico y necesario pensar que los cambios al interior de una sociedad son bienvenidos; siempre y cuando estos vengan muñidos de las mejores intenciones y acciones; aquellas que sean capaces de superar prácticas retrógradas que dañan el entramado colectivo y paralizan su porvenir. Más saludable y verdadero resulta acusar recibo de las equivocaciones, rectificar rumbos y ofrecer nuevas y mejores alternativas, para nosotros mismos y para los demás, cuando de prácticas políticas se trate. En definitiva, todos formamos parte de una comunidad en la cual cada beneficio y/o perjuicio repercute en nosotros mismos y el prójimo, por lo tanto vale la pena el esfuerzo.

Si la ocasión de una crisis de representación ha servido para instalar nuevos referentes en la Argentina, podrá de igual modo ser funcional a la reestructuración de aquellas expresiones partidarias tradicionales, que acumulan ideas y prácticas pasibles de ser refuncionalizadas, conforme el espíritu de los tiempos. Ese es el gran desafío, reconstruirse sobre una base de participación más democrática y legítima, capaz de priorizar interrelaciones genuinas y válidas entre sus miembros, teniendo como norte el mejoramiento constante de la realidad sobre la cual se pretende incidir.

*Silvio Javier Arias – Prof. Ciencia Política

17 de agosto de 2017

FOTOS PLAN B: las PASO del Domingo pasado

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