{"id":392405,"date":"2023-11-11T11:02:30","date_gmt":"2023-11-11T14:02:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/?p=392405"},"modified":"2023-11-11T11:02:30","modified_gmt":"2023-11-11T14:02:30","slug":"el-juego-de-camisetas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/index.php\/2023\/11\/11\/el-juego-de-camisetas\/","title":{"rendered":"El juego de camisetas"},"content":{"rendered":"<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-392406\" src=\"https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/series-y-grietas.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/series-y-grietas.jpg 640w, https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/series-y-grietas-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.planbnoticias.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/series-y-grietas-585x439.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>\u2014<em>\u00a1Dale, dale! \u2014vociferaba el desconocido con el pucho apagado entre los labios. Su hijo elud\u00eda a un defensor, pateaba otro centro que el nueve cabeceaba afuera y originaba lamentos y aplausos cerrados de la parcialidad local.<\/em><\/p>\n<p><em>Desde la tabla que hac\u00eda de banco de suplentes visitantes, Ra\u00fal sonre\u00eda. Arengaba a los sabandijas que corr\u00edan detr\u00e1s de la pelota y resist\u00edan un partido adverso desde el comienzo.<\/em><\/p>\n<p>El clarear brillante lo distrajo. El griter\u00edo de los padres se confundi\u00f3 con los pelotazos y el siseo de los \u00e1lamos se desvaneci\u00f3 en el recuerdo. Vio por la ventana las nubes anaranjadas que parec\u00edan colarse detr\u00e1s de las ramas a merced de la brisa.<\/p>\n<p><a name=\"more-1462\"><\/a>Un tic tic, de patitas urgentes por conseguir un ba\u00f1o, lo olisquearon un instante y el leng\u00fcetazo en la mejilla, fue la se\u00f1al ineludible de los gestos que consolidan el cauce de los d\u00edas.<\/p>\n<p>Gir\u00f3 hacia la derecha y evit\u00f3 mirar la cama matrimonial. Se calz\u00f3 los anteojos y a trav\u00e9s de los lentes gruesos los objetos dejaron su desenfoque habitual, tomando las formas acostumbradas.<\/p>\n<p>El agua helada espant\u00f3 los restos de la noche. En la cocina, la salamandra resist\u00eda el fr\u00edo que se colaba por debajo de la puerta. El anciano tom\u00f3 uno de los le\u00f1os del caj\u00f3n y lo ech\u00f3 al fuego. Luego encendi\u00f3 el calentador y apoy\u00f3 la pava.<\/p>\n<p>Coqui mov\u00eda la cola y rasp\u00f3 la puerta una vez m\u00e1s. \u201cDale, and\u00e1\u201d, le dijo y el perro sali\u00f3 disparado hacia el patio, con una agilidad impropia para su edad.<\/p>\n<p>\u201cLa soledad es un estado mental\u201d, pens\u00f3. Crey\u00f3 o\u00edr un andar sereno por las habitaciones, el murmullo de A\u00edda canturreando aquella vieja canci\u00f3n gallega. \u201c\u00bfQuer\u00e9s un mate\u201d?, pregunt\u00f3 cediendo a las jugarretas de la memoria.<\/p>\n<p>El silencio de la casa abrig\u00f3 la respuesta. Calabaza en mano, Sali\u00f3 al extenso patio y lo recorri\u00f3 con la mirada. Herramientas por el suelo, una huerta que no resisti\u00f3 la inclemencia de las heladas y el taller de carpinter\u00eda al fondo parecieron saludarlo, junto a la medialuna naranja que se asomaba tras los \u00e1lamos.<\/p>\n<p>Detuvo su vista en el sol y respir\u00f3 profundo, sabi\u00e9ndose arm\u00f3nico en un lugar en el mundo, el mismo que hab\u00eda so\u00f1ado con A\u00edda, \u00e9se en el que el renacimiento de los frutos y las cosechas se fund\u00eda junto al de sus hijos e hijas.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 hasta el taller y el navajazo del invierno le dio la bienvenida. El cuzco iba delante, cruz\u00e1ndose y moviendo la cola. Entonces vio las cajas de cart\u00f3n. Estaban debajo de unos trapos embadurnados con aceite de tractor y el caj\u00f3n de las herramientas. Todav\u00eda se preguntaba por qu\u00e9 no las hab\u00eda quemado o enterrado, aunque sab\u00eda la respuesta.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 y les quit\u00f3 la mir\u00edada de objetos que las cubr\u00eda. Vio las publicaciones y se estremeci\u00f3: pese a los a\u00f1os el recuerdo no parec\u00eda tan lejano.<\/p>\n<p>Su hijo se las hab\u00eda tra\u00eddo una tarde. Se lo ve\u00eda nervioso, tenso. Hab\u00eda llegado acompa\u00f1ado de dos compa\u00f1eros de la Universidad que fumaban sin cesar, lo saludaron con un gesto de cabeza y lo esperaban en la tranquera de ingreso a la chacra.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfViejo, me las pod\u00e9s guardar?<\/p>\n<p>\u00c9l asinti\u00f3. Hac\u00eda meses que no lo ve\u00eda. Estaba flaco, sin afeitar y se lo ve\u00eda cansado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY mam\u00e1?<\/p>\n<p>\u2014Adentro, \u00bfquer\u00e9s pasar?<\/p>\n<p>\u2014No che, no puedo. Me voy a ir por un tiempo. Tratar\u00e9 de hacerles saber d\u00f3nde estoy.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTan brava est\u00e1 la cosa?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Tambi\u00e9n te dejo las camisetas.<\/p>\n<p>\u2014Bueno \u2014contest\u00f3 y se fundieron en un intenso abrazo. El joven sonri\u00f3, lo apret\u00f3 con fuerza y desapareci\u00f3 junto a las \u00faltimas luces del atardecer.<\/p>\n<p>Desde entonces, no supo m\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>Al principio pens\u00f3 que era por la vor\u00e1gine de la \u00e9poca. Luego una certeza ruin comenz\u00f3 a socavarle las entra\u00f1as y ascend\u00eda desde su est\u00f3mago en forma de acidez. Una ma\u00f1ana no aguant\u00f3 m\u00e1s y le dijo a A\u00edda: \u201cVoy a verlo a Sep\u00falveda, a ver si sabe algo\u201d.<\/p>\n<p>Ella lo mir\u00f3 y le agradeci\u00f3 con la mirada. La diabetes y el sobrepeso ya hab\u00edan comenzado a cercarla y desmejoraba con los d\u00edas, aunque Juan sab\u00eda que estaba preocupada por su \u201cRaulito\u201d. Desde su partida intempestiva y como una gallina clueca, hab\u00eda protegido a todos sus hijos bajo las alas. Pese a la certidumbre y la sensaci\u00f3n de que el lobo pod\u00eda entrar a su antojo en el gallinero.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 dice, Don Juan, \u00bfc\u00f3mo va esa chacra? \u2014interrog\u00f3 el comisario y su cara se transfigur\u00f3 al o\u00edr el nombre de Ra\u00fal. \u2014Mire\u2026 hay cosas que mejor no preguntar\u2026 \u00bfNo cree?<\/p>\n<p>\u2014No. No creo, por eso estoy ac\u00e1. \u00bfQu\u00e9 sabe, Sep\u00falveda? \u2014inquiri\u00f3 con rudeza.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s respeto que puedo encerrarlo por desacato a la autoridad. Yo le dir\u00eda que se vaya olvidando de su hijo. No era buena hierba \u2014contest\u00f3 alzando la voz y posando el arma en la culata de su arma.<\/p>\n<p>\u2014No me ofenda. Yo s\u00e9 c\u00f3mo era mi hijo. \u00bfYa se olvid\u00f3 de los campeonatos barriales, la taza de leche, los abrigos?<\/p>\n<p>\u2014V\u00e1yase don, si no quiere que lo meta en el calabozo.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a su casa y el cruce de miradas con A\u00edda fue suficiente.<\/p>\n<p>Ella llor\u00f3 durante semanas. El tiempo pas\u00f3, Argentina gan\u00f3 el Mundial de F\u00fatbol, perdi\u00f3 una guerra con los ingleses y su chacra continu\u00f3 con los ciclos frutales. Las cajas del primog\u00e9nito, quien continuar\u00eda con la tradici\u00f3n de mimar y cuidar de la tierra, fueron a parar al taller de carpinter\u00eda y se cubrieron de polvo, aunque nadie las toc\u00f3. Si sus hijos preguntaban, la respuesta era la de siempre: \u201cSon de Ra\u00fal, dej\u00e1las ah\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>La democracia y los a\u00f1os posteriores trajeron detalles del horror. Una ma\u00f1ana de invierno supo de su destino final en uno de los tantos vuelos de la muerte. En un acto reflejo fue hasta el taller y le quit\u00f3 el polvo a las cajas, como si en aquellos objetos pudiera encontrar un espacio de comprensi\u00f3n, cierto alivio ante llagas y dolencias.<\/p>\n<p>Oy\u00f3 el andar sereno a sus espaldas y se dio vuelta. Sin decir nada, se fundieron en un largo abrazo. A\u00edda tom\u00f3 las remeras y las atesor\u00f3 en la habitaci\u00f3n de Ra\u00fal, junto al resto de objetos sensibles que los padres suelen guardar sobre sus hijos, confiados en que pueden habitarse de olores y recuerdos.<\/p>\n<p>El lamido de Coqui lo trajo al presente. Mir\u00f3 las publicaciones amarillentas sepultadas en las cajas y cometiendo un sacrilegio, se llev\u00f3 algunas, pese a que A\u00edda las aborrec\u00eda acus\u00e1ndolas del destino de su hijo, en una suerte de resguardo necesario que asocia culpas con objetos. El sol ya era m\u00e1s que una intenci\u00f3n en el horizonte. Juan le ech\u00f3 otro vistazo e ingres\u00f3 a su casa.<\/p>\n<p>Ya en el comedor, se pregunt\u00f3 c\u00f3mo ser\u00eda \u00e9l. Todav\u00eda no pod\u00eda creerlo, pero era cierto. Mir\u00f3 el reloj en la pared. La cita era a las diez. En su chacra, no pod\u00eda ser de otra forma. El espejo del ba\u00f1o reflej\u00f3 sus arrugas y los ojos cansados, habitados por un brillo diferente. \u201cOjal\u00e1 estuvieras aqu\u00ed, A\u00edda\u201d, aunque intuy\u00f3 que \u2014de una u otra manera\u2014 estaba junto a \u00e9l.<\/p>\n<p>La noticia se la hab\u00edan confirmado hace una semana y desde entonces dorm\u00eda apenas unas horas, si pod\u00eda conciliar el sue\u00f1o. Al principio le pareci\u00f3 una locura y se resisti\u00f3 a creerlo, aplicando un cerrojo a la esperanza. Hasta que la fortaleza cedi\u00f3. Con la franqueza de lo posible.<\/p>\n<p>Fue hasta el comedor. \u201cRa\u00fal ten\u00eda una compa\u00f1era. Y fueron padres\u201d, record\u00f3. Al principio no comprendi\u00f3 y supuso que su hija le estaba jugando una mala pasada. \u201cSos abuelo. Y nosotras, t\u00edas\u201d, agreg\u00f3 emocionada.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 las publicaciones desparramadas sobre la mesa y el antiguo juego de camisetas celestes con guardas azules, con la leyenda de Juegos Evita en el frente y el perfil inconfundible debajo; huellas que hab\u00eda atesorado en una obstinada defensa de la memoria, tan necesarias como las arrugas de sus manos o las herramientas de trabajo, presintiendo que alguien las rescatar\u00eda alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n<p>El sonido del auto lo sorprendi\u00f3. Se asom\u00f3 a la ventana y se estremeci\u00f3: el joven que descend\u00eda junto a sus hijas, era muy parecido a Ra\u00fal, o por lo menos a su recuerdo de hace tantos a\u00f1os. Su vista se nubl\u00f3 por un instante y sinti\u00f3 la humedad en sus ojos. Suspir\u00f3 profundo, se abroch\u00f3 la campera y sali\u00f3 a recibir a los visitantes.<\/p>\n<p><em>(Este cuento integra la edici\u00f3n de \u00abSeries y grietas\u00bb, libro de cuentos editado por <a href=\"https:\/\/colisionlibros.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>Colisi\u00f3n Libros,<\/strong> <\/a>en el a\u00f1o 2015).<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Horacio Beascochea<\/p>\n<p>Publicado en <a href=\"https:\/\/conletrapropia.com.ar\/el-juego-de-camisetas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>Con letra propia.<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2014\u00a1Dale, dale! \u2014vociferaba el desconocido con el pucho apagado entre los labios. 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