
En un conocido programa de entretenimientos en la TV, se le pregunta a la participante a qué se debía el establecimiento del 8 de Marzo como “Día de la Mujer” (sic), otorgándole 4 opciones. La participante pidió cambio de pregunta y le fue concedido. El conductor le pregunta, entonces, qué hubiera contestado y ella elige al azar una que es considerada incorrecta pues, según la producción del programa, la respuesta que hubiese debido dar era “un incendio en el que murieron mujeres trabajadoras”.
Error: El incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York fue el 25 de marzo de 1911 y en él murieron por quemaduras provocadas por el fuego, por asfixia, o por derrumbes, 23 hombres y 123 mujeres trabajadoras de la confección, en su mayoría inmigrantes italianas y de Europa del Este, de entre 14 y 23 años, que habían sido encerrados por los dueños de la fábrica “para evitar desórdenes y robos”, debido a que protestaban por mejoras laborales. Este acontecimiento, que conmocionó al mundo por su dramatismo (muchas muchachas hallaron la muerte saltando hacia el pavimento, desde los 3 pisos superiores de un edificio de 10, en un intento desesperado de escapar de las llamas que consumían a sus compañeras) y que puso de manifiesto la brutalidad a la que puede llevar la avaricia de los propietarios de los medios de producción es terrible, sin dudas, pero no es el hecho puntual que se conmemora el 8 de marzo.
El 8 de Marzo
El “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” es producto de una larga lucha y reconoce como antecedente el hecho que el 8 de marzo de 1908, unas quince mil mujeres trabajadoras de la confección se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir la equiparación salarial con los hombres, la disminución de la jornada laboral, tiempo para amamantar, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil; y fueron atacadas por la policía. El eslogan que eligieron la manifestantes fue «Pan y Rosas»; el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida.
Dos años después, en una conferencia internacional entre organizaciones socialistas del mundo, reunida en Copenhague (Dinamarca), se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de una socialista alemana, Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, para conmemorar aquella huelga de las «garment workers» de los Estados Unidos. La propuesta de Zetkin fue respaldada unánimemente por la conferencia a la que asistían más de 100 mujeres procedentes de 17 países.
65 años más tarde, la fecha es reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que comienza a celebrar el “Día Internacional de la Mujer” refiriéndose “a las mujeres corrientes como artífices de la historia (…) por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre”. Y dos años más tarde aún, en diciembre de 1977, la Asamblea General de la ONU proclamará el 8 de marzo como “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”. En este año 2016, la ONU ha establecido como lema para el día: «Por un Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género», por considerarlo “un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que ha jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades”, al decir de su Secretario General, Ban Ki-moon.
Es que el 8 de marzo ha devenido, en el transcurso del siglo, en una fecha de enorme significado histórico, político y de reivindicación de los derechos humanos de todas las mujeres, sean trabajadoras activas o desocupadas. Porque las mujeres trabajadoras (con o sin acceso al mercado laboral) estuvieron y están socialmente condicionadas por un modelo de opresión y sujeción capitalista y patriarcal, que las ha puesto el en el lugar de garantes del trabajo doméstico y, al condenarlas a dividir su tiempo entre la esfera productiva (el lugar de trabajo) y la esfera reproductiva (el hogar y la familia), las explota doblemente. Porque es en el hogar, para colmo de males, donde precisamente se generan y reproducen las formas de sujeción y violencia conyugal aprehendidas culturalmente y transmitidas de generación en generación.
Pero a quienes conmemora, desde hace 106 años, este día carísimo a los sentimientos del género y del mundo del trabajo, es a las revolucionarias pioneras, las indignadas, las migrantes y las que reclamaban mayor equidad en la vida conyugal y en la laboral, las que sentaron las bases constructivas de un camino a recorrer: el de la genuina equidad e igualdad social y entre los géneros.
Foto: Clara Lemlich Shavelson, dirigente de “La huelga de las camiseras de Nueva York”.

