
Nelson Nicoletti, legislador por el Parlasur, recordó su secuestro, producido horas antes del golpe de estado y su posterior detención. “En Santa Rosa éramos 70.000 personas y hubo 300 presos. No hay una proporción. Hemos tenido más de 50 muertos en La Pampa”. Lamentó la visita de Obama al país. “El patroncito vino a recorrer la estancia”, ironizó.
En una entrevista radial, el legislador del Parlasur y ex detenido Nelson Nicoletti repasó su secuestro y lamentó la visita del presidente de Estados Unidos. Reiteró que La Pampa no fue una isla durante la represión y reconoció que le quedaron consecuencias de lo sucedido.
“No es tan fácil superarlo, en el sentido de dejarlo en el olvido. Uno supera los tiempos, pero en la memoria queda registrado”, dijo en declaraciones al programa radial y televisivo “Tiene Sentido”, que se emite por Somos La Pampa – Cablevisión y es conducido por Carlos Monasterio,
Nicoletti afirmó que “yo, como tantos compañeros hicimos de aquel tiempo un compartimento cerrado, que, en mi caso recién pude abrir en el 2010. Fue la primera oportunidad que hablamos libremente, incluso con mi familia, de lo que había sucedido y mis hijos entraron en contacto por primera vez con lo que me involucraba en lo personal”, indicó.
“Creo que para muchos, recién en el juicio de la Sub Zona 14, tomó estado público aquellos sucesos de tantos años atrás”, expresó el Legislador por el Parlasur.
“En estos días he tenido charlas en la Universidad y he intentado ubicar en la historia aquellos hechos, poniéndoles puntos y contextos, contándoles que aquellos hechos dejaron secuencias terribles para el país, que aún pueden verse”, indicó.
—¿Estuviste 30 años de silencio familiar?
—Sí. Yo lo tomé como una manera de sobrevivir y de actuar en defensa propia. No encontraba otra solución, como muchos compañeros, más que tapialar todo y seguir adelante para poder vivir. Pero además, para vivir con alegría.
Ha sido muy traumático ver morir a gente cercana y seguir pancho por la vida. Era muy difícil todo eso. Necesariamente se imponía una actitud como la que tomé yo y otros compañeros, de bloquear y poner en una burbuja ese tiempo y seguir viviendo y no transmitir ni broncas, ni odios, ni resentimientos.
—¿Qué se le dice a las nuevas generaciones, tienen internalizado lo que sucedió ?
—Creo que hubo un par de situaciones en los últimos años. Primero, una negación absoluta, de rechazo total, un enmascaramiento de la realidad. Recién, hace pocos años la política volvió a ser una actividad posible dentro de sus vidas. Y no es una casualidad. La aparición de las juventudes actuando en política, en cualquier partido, es haber superado aquellos 30 años de repudio unánime, a una actividad que había ocasionado dolor, tragedias y muertos en la Argentina.
Hoy, es una fiesta ver a los chicos participar en política. Es fantástico que sea así, tanto como explicarles que hacíamos diarios y había que llevar los originales a la Policía Federal, a la tardecita.
Nicoletti indicó que “creo que vivimos un tiempo fantástico para las libertades, quizás opacadas por estas nuevas circunstancias que vivimos en América Latina, donde un renacimiento de gobiernos liberales, hacen temer el regreso de actitudes que creíamos que no sucederían, pero están dentro del libre juego de la democracia”, expresó.
“Así como vienen se irán, como así espero que se vaya el compañero Obama, cuanto antes. No es muy alegre para mí en ese sentido, a no ser que venga a pedir perdón, es a lo único que podría venir a Argentina”, indicó.
—¿Te cruzaste a represores en la calle?
—Así es. Aquí ocurrieron cosas desproporcionadas. En Santa Rosa éramos 70.000 personas y hubo 300 presos. No hay una proporción. Hemos tenido más de 50 muertos en La Pampa. No solo no fue una isla La Pampa, sino un ejemplo de brutalidad impensada. Ni siquiera hubo un hecho guerrillero en toda la historia y para buscar violencia, había que mirar para el lado de los servicios, como la bomba en La Arena, en ATE, en la casa de las chicas en la Avenida Roca. Hubo una represión feroz y del lado ‘nuestro’, por llamarnos así, había actividad académica, sindical, profesional y reclamos callejeros, esa era toda nuestra subversión.
—¿Quedan rencores?
—No quedan malos sabores. Yo te diría a hoy, que el patroncito Obama vino a recorrer la la estancia. Pasó primero por Cuba y luego por acá. En aquellos tiempos había niveles de esclarecimiento importantes, respecto al rol de los países diferentes a los de América Latina.
Y hoy, luego de una gran cantidad de años, seguimos dando vueltas en los mismos temas. Pareciera que la sangre derramada sí fue negociada y pareciera que los muertos fueron en vano.
Los paradigmas de nuestro sostenimiento argumental de nuestra lucha era lo contrario: que no había muerto inútil y que toda la lucha tenía sentido. Si lo vemos a 40 años, me pongo a dudar si todo eso fue cierto. Tal vez hoy no es un buen día para hacer análisis.
—¿Como diputado del Parlasur, los parlamentarios pueden recordar el Plan Cóndor o planes imperialistas?
—Sí. En la última reunión en Montevideo, fue una lágrima, porque hoy estamos todos involucrados en lo mismo. Los diputados argentinos estamos presentando un proyecto, en consonancia con la desclasificación de cables en Argentina, para que se desclasifiquen todos los de la Operación Cóndor, que comprometía a todas las cúpulas de las Fuerzas Armadas de América Latina y sostén represivo de aquellos planes económicos, impuestos en Argentina por Martínez de Hoz y en el resto de los países, por sus propios gobiernos. Y en ese sentido, tenemos proyectos para acompañar esa situación.
Nelson Nicoletti era el director del diario La Capital y secretario General del Sindicato de Prensa. Fue detenido horas antes del golpe en la redacción del diario y llevado desde el periódico hasta la Unidad 4 en un camión que identificó en una fotografía, en el juicio de la Sub Zona 14. Allí permaneció dos meses incomunicado,
De Santa Rosa, Nicoletti fue trasladado junto a otros pampeanos al penal de Rawson, de donde salió el 16 de noviembre, el día de su cumpleaños. En la Unidad 4 vivió “un régimen carcelario, pero humano” junto al director de La Arena, Saúl Santesteban, el ex diputado Roberto Gil, el ex ministro Santiago Covella, Hermes Accátoli, Mireya Regazzoli, Miguel Maldonado, Nicolás Navarro y José Mendizábal, entre otros. Gil, Accátoli y Covella le contaron de los maltratados recibidos en la Seccional Primera “con golpes y picana eléctrica en los testículos”.
Luego fue trasladado una vez a la Primera, donde permaneció un día y una noche contra la pared, sin que le dijeran nada. En otra ocasión lo llevaron a una dependencia de la calle Raúl B. Díaz. Fue golpeado mientras permanecía vendado. Dijo que a los interrogadores le obsesionaban tres hechos: la cooperativización de La Capital, si había recibido instrucción militar en Cuba y porqué le había querido poner Fidel a su primer hijo.
En Rawson compartió la cárcel con otros detenidos. Les daban bolas de grasa de comida y se bañaban con agua helada. Cuando regresó a Santa Rosa, vivió tres años bajo un “régimen de libertad vigilada” y debía presentarse periódicamente a la oficina de Inteligencia del Ejército que funcionaba en la calle Quintana.

