
Olena Zaporojets está en Santa Rosa desde 1994. En 1986, vivía a 8o kilómetros de la central nuclear de Chernóbil. “Luego del desastre no había información precisa y los noticieros transmitían un mensaje para que a la gente no le agarrara pánico, priorizando cuestiones de salud”, recordó.
Olena Zaporojets, nacida en Ucrania, contó en declaraciones radiales su experiencia, luego del desastre de Chernóbil, a 30 años de la explosión de la planta nuclear. “En el momento de la catástrofe estábamos a 80 kilómetros del lugar, en un pueblito cercano a Kiev. Vivíamos en un suburbio y cuando ocurrió el hecho, quedamos sorprendidos, con poca información que se daba desde los medios de comunicación”, relató.
“Todo lo que se hablaba era muy superficial. En aquel entonces, teníamos los hijos chicos, de 4 y 6 años. Los vecinos contaban su interpretación y algunos sabían más y otros menos. Muchos actuaban según se podía”, afirmó.
“Con el correr del tiempo empezamos a darnos cuenta del peligro en que nos encontrábamos. Cada vez que me preguntan digo lo mismo: es un enemigo invisible. Es muy difícil describir qué ocurre alrededor. Uno no nota cambios y las cosas en la vida siguen como están. No notás nada, no te duele nada, ni percibís incomodidad”, dijo al dijo programa radial y televisivo “Tiene Sentido”, que se emite por Somos La Pampa – Cablevisión y es conducido por Carlos Monasterio.

“Pero sabés que existe algo que a largo plazo puede afectar tu salud. Cuando se produjo la catástrofe, la nube con materia radioactiva fue llevada por el viento y uno no sabía en qué espacio había más o menos radiación y la única forma de definirla, era caminar con un aparatito que hacía mediciones, pero la vida se convertía en un infierno, y no sabías por dónde pasar o qué hacer”, relató Olena.
“Había gente que sí usaba un medido Geiger, pero nosotros no. Ahora, a 30 años, pienso que la mayor tristeza es que nunca se manejó con la verdad y sinceridad a la gente. Se priorizaron cuestiones políticas sobre la salud de la gente”, criticó.
Zaporojets recordó que el 26 de abril era cercano al 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, que era muy festejado en la Unión Soviética. “Se hacían grandes manifestaciones y familias enteras salían afuera a festejar. Nunca se advirtió a la gente que debía quedarse en sus casas. La gente con toda la confianza, salió a caminar con sus hijos y eso me produce una gran tristeza”, afirmó.
—¿Estaba la nube de radioactividad en el pueblo de ustedes?
—Es una nube que no se diferencia de cualquier otra. El viento definió el destino de mucha gente. La primera nube fue sobre Bielorrusia, nación vecina de Ucrania.
—¿Cuándo decidieron emigrar?
—Como no había información precisa y los noticieros transmitían un mensaje para que a la gente no le agarrara pánico, priorizando cuestiones de salud, cada uno actuaba según se pudo. Con mi familia, en una semana salimos a un pueblo en donde vivía mi mamá, a 350 kilómetros y nos quedamos allí por tres meses.

Luego regresamos a nuestro pueblo. Pero, con el correr del tiempo, nos dábamos cuenta que las cosas no estaban muy bien y empezamos a forjar la idea de irnos lo más lejos posible de esa zona. Recién en el año 1994, pudimos salir de Ucrania.
—¿Decidieron enseguida venir a Argentina?
—Era una de las facilidades. Sabíamos que había posibilidades de ingresar y que había una comunidad ucraniana en Argentina. Éramos jóvenes y con otro espíritu.
—¿Por qué Santa Rosa, La Pampa?
—Cuando llegamos a Argentina conocimos a personas que nos ayudaron. Mi marido logró conseguir un trabajo como entrenador de atletismo en Santa Rosa y desde mayo del 94, estamos acá en la ciudad.
—¿Usted que hace?
—Yo trabajo en el Liceo Informático y en la Provincia en la Dirección General de Deportes.
—¿Siempre vinculadas a hechos deportivos?
—Sí.
—¿Qué hacen sus dos hijos ahora?
—Mi hija es Licenciada en Química, vive en Buenos Aires y ya tiene familia. Mi hijo en Bélgica. Es ingeniero en Sistemas. Terminó una maestría en Estados Unidos y ahora está en Bélgica, con su familia.
—A 30 años, ¿le preguntan seguido en La Pampa qué recuerda, se siente bien acá?
—Nosotros nos sentimos siempre bien en Santa Rosa. Nos gusta La Pampa, nos gusta la gente y nunca sentimos discriminación por parte de la gente de acá. Ya nos sentimos más acá que del otro lado. Viajé hace cinco años a Ucrania y me di cuenta que mi patria está acá. (Foto: Facebook Olena Zaporojets).

