
Desde el Movimiento Federalista Pampeano, manifestaron estar de acuerdo con la libre disponibilidad de las regalías petroleras, pero aclaran que corresponde determinar por ley como se reparte y que los Concejos Deliberantes establezcan hasta que monto el Intendente posee libre disponibilidad y que debe usar para obra pública.
En un comunicado del MOFEPA expresaron su posición sobre la iniciativa del Poder Ejecutivo de variar los porcentuales en la utilización de regalías hidrocarburíferas. Con este proyecto las regalías petroleras que llegan mensualmente a cada municipio puedan ser de libre disponibilidad.
En el comunicado textualmente indican lo siguiente:
El sistema federal tiene como característica la descentralización administrativa, siendo la autonomía parte de su esencia.
En función de dichos principios desde el Movimiento Federalista Pampeano no podemos sino acordar con la libre disponibilidad de las regalías petroleras.
Claro que no soslayamos que probablemente estos ingresos de divisas se utilicen para pagar sueldos y cubrir gastos rutinarios de cada comuna, dejando la obra pública en manos de la provincia o eventualmente Nación si gobiernos centralistas determinan que calle hay que iluminar o pavimentar conforme el color político del intendente o las necesidades de quienes ocupen el poder.
También son atendibles los argumentos que reservan un porcentaje para obra pública debido a que las regalías provienen de recurso no renovables (extremo que indica no tener en cuenta solo lo inmediato y sí pensar en el futuro).
Dado tal panorama, desde el Mofepa decimos que corresponde determinar por ley como se reparten dichas regalías, que porcentaje le corresponde a provincia y municipios; definiendo con precisión y justo criterio si el reparto lo es por cantidad de habitantes, si se aplica de acuerdo a los porcentajes de coparticipación o si realmente son coparticipables. Igualmente los Concejos Deliberantes debieran establecer hasta que monto o porcentual el Intendente posee libre disponibilidad y que debe inexorablemente imputarse a la obra pública.
Si se capta la idea se trata de gastar inteligentemente un recurso que no es ilimitado y no que puede dilapidarse en cuestiones consumistas o gastos corrientes que incluso con un «vía libre» podrían ampliarse abusivamente; y cuando el cuerpo social en su conjunto advierta el error ya no dispondremos de una fuente agotada.
Tenemos un sistema de estado federal pero una política centralista que nos indica que solo el poder central es apto para decidir qué hacemos con los recursos y como se puede optimizar cuidando a los mismos. Si somos federalistas actuemos en función de eso, si no modifiquemos nuestra forma de Estado.

