
Kurt Wallander tiene que hacer frente al creciente racismo de su país, un lugar en el que los habitantes tienen resueltas las necesidades esenciales pero que día a día combaten contra sí mismos: temen que otros les venga a quitar la tranquilidad y optan por rechazar todo lo que no sea sueco.
[pullquote]HENNING MANKELL (Estocolmo, 3 de febrero de 1948-2015) Novelista y dramaturgo sueco, reconocido internacionalmente por su serie de novela negra sobre el inspector Wallander, falleció en octubre de 2015, víctima de un cáncer. Residió en Mozambique, donde dirigió el Teatro Nacional Avenida de Maputo. Estaba casado con Eva Bergman, hija del cineasta Ingmar Bergman. En noviembre de 2006 fue galardonado con el Premio Pepe Carvalho, que reconoce a autores de prestigio y trayectoria reconocida en el ámbito de la novela negra y donde el jurado consideró que Mankell «comparte con Manuel Vázquez Montalbán la idea de utilizar la novela negra para abordar críticamente los retos de la sociedad actual.
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“Asesinos Sin Rostro” es el primer libro de la saga del alter ego del escritor Henning Mankell. Acaba de divorciarse. Su mujer lo dejó y su única hija, desaparece y aparece cuando le da la gana. Y no le informa sus pasos, ya ni le habla. Refugiado en el whisky lidia con su humanidad y el trabajo de policía lo saca de una segura depresión. Debe ser el único recién separado que sube de peso de manera estrepitosa.
Una noche lo despierta el teléfono. Un agente le comunica la peor noticia: dos viejos habían sido atacados en un campo. Con saña. Con odio. El hombre estaba muerto y la mujer muy grave. No tenían dinero, no tenían antecedentes, eran granjeros de toda la vida. El caso justo con el que la prensa se regodearía para ensalzar el racismo y culpar a los refugiados que por cuestiones humanitarias el gobierno había decidido dejar pasar y hacinar en campamentos hasta que consiguieran la visa o un trabajo.
Son los únicos actores sociales que no gozan de la bonanza y tranquilidad, son los sospechosos de siempre, los responsables «del crecimiento de la tasa de delitos». La única forma de detener una andanada xenófoba será un rápido esclarecimiento del caso, sea quien sea quien los atacó, suecos o no.
El paso del tiempo le juega en contra. Como su padre, un hombre que a veces le aporta el cuerpo a una mente que se pierde. El reproche de la hermana. Una serie de episodios en un banco, el homicidio de un refugiado y las amenazas por carta que le llegan de admiradores de Hitler, lo obligarán a insomnios extendidos.
Mankell introduce al lector en la historia de Kurt Wallander, un policía honesto, afecto al whisky, la música clásica, necesitado de amor y dolido por el abandono. La entrada al mundo frío y hosco de una sociedad sin sobresaltos. O aparentemente sin sobresaltos.
“Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto», pensó mientras se frotaba los ojos para apartar el sueño. Era un conjuro que había adoptado hacía muchos años. En aquel entonces era un joven policía que patrullaba las calles de Malmö, su ciudad natal. En una ocasión, un borracho al que pretendían echar del parque Pildamm lo atacó por sorpresa con un gran cuchillo. Le hizo un corte profundo muy cerca del corazón. Por pocos milímetros se había salvado de una muerte inesperada. Tenía veintitrés años y en un segundo entendió lo que significaba ser policía. El conjuro era su manera de defenderse contra el recuerdo”, dice Wallander a manera de carta de presentación.

