
Plan B Noticias publica la nota de opinión de Oscar Christensen, en referencia a un nuevo aniversario de la muerte de Eva Perón.
El odio es un sentimiento que destruye, divide, margina; el odio es creador de resentimientos, irracionalidad y venganza. Ese sentimiento nos persigue desde hace muchos años, pero con mayor fervor, desde la confrontación entre las clases humildes y los más beneficiados por la vida que se sienten únicos destinatarios del bienestar.
Ese odio que despertó la reivindicación de los muchos, reavivó la omnipotencia de unos pocos. Direccionado desde una clase social que se creía superior, alcanzó niveles inhumanos y llegó a vivar la terrible enfermedad del cáncer. No solo eso; llevó a personajes oscuros a una especie de necrofilia perversa ocultando un cadáver y vejándolo hasta el punto de generar una intriga internacional para hacer desaparecer el cuerpo en un ignoto cementerio italiano.
Han pasado años, hemos sufrido los argentinos persecución y muerte pero, esa sensación de incomprensión y desesperanza sigue vigente. Pareciera que las experiencias anteriores no han servido para alcanzar la comprensión de que todos merecen una vida mejor, que nuestra sociedad disfrute del bienestar que cada uno, con sus posibilidades alcance.
Han pasado 64 años de la muerte de María Eva Duarte de Perón, más conocida mundialmente como “Evita”; una mujer de orígenes humildes, marginada por su situación de “hija natural”, defenestrada por su profesión de actriz y cuestionada por su relación con los más necesitados pero nunca reconocida como abanderada de los humildes; un título que le otorgaron los abandonados por la sociedad predominante de la época.
Los tiempos modernos y la tecnología cambiaron términos y modificaron conceptos para evitar la estigmatización de otros tiempos donde se los conocía como “gorilas” o “antiperonistas”, pero el fondo sigue siendo el mismo; un odio irracional y una división entre los poderosos y los “cabecitas negras”. Ahora es la “grieta”; una definición creada por los medios de comunicación en manos de empresas, cuyos intereses solo tienen en cuenta lo económico por sobre la información que el pueblo en todo su significado necesita y merece. Antes, los mercenarios de la política se exponían físicamente y se mostraban ante el pueblo como cipayos o defensores de intereses políticos extranjerizantes; hoy, ni siquiera eso, solo los mueve el rédito y sus propios beneficios, sin banderas, ideologías o pertenencia partidaria.
Ese odio histórico, auspiciado por quienes se pretenden superiores, ha promovido una situación de confrontación entre clases sociales y una discusión sobre las ideologías que se remonta a tiempos anteriores.
Nuestra Argentina ha sufrido esas luchas entre segmentos sociales desde sus orígenes; los gauchos contra la clase ilustrada del siglo XIX; los mal llamados anarquistas en busca del reconocimiento laboral con sus luchas en la Patagonia y el chaco rural; las propuestas utópicas de Alfredo Palacios y el reconocimiento de los derechos laborales a los trabajadores con Perón en la Secretaría de Trabajo son conquistas logradas regadas con sangre y esfuerzo de los más humildes. Estos hechos fueron pérdidas sustanciales de las pocas familias que manejaban las políticas económicas y sociales de nuestro país; circunstancias que no estaban dispuestos a tolerar ni respetar. Esta es una realidad que se presenta casi cotidianamente y tiene sus defensores auspiciados y pagados por esas corporaciones en lugares de gran influencia sobre la población. Antes fueron círculos económicos poderosos y terratenientes que manejaban a los peones de campo con tranqueras cerradas y desconocimiento de sus derechos; hoy son los medios masivos de comunicación en manos de grupos monopólicos quienes influyen en la opinión y la decisión popular.
Hoy, la estrategia de los grupos dominantes y los sectores de influencia es mostrar a los menos poderosos como elementos discordantes de la sociedad y autores de una división de la sociedad argentina; cuando en realidad, esos hombres y mujeres trabajadores son el sustento y mantenimiento de todo el conglomerado económico nacional. Esa inmensa mayoría de hombres y mujeres conforma el sector productivo de la sociedad que sostiene a las minorías especulativas y expoliadoras de la clase trabajadora.
Este nuevo aniversario de la muerte de Evita, nos debe retrotraer a épocas de bienestar de los trabajadores y la dignidad de una sociedad que nunca pretendió ser superior sino solidaria con sus conciudadanos, con los necesitados, con los viejos y con los niños.
En estos tiempos de entrega del patrimonio nacional; liberación de tierras a extranjeros; endeudamiento feroz con grupos financieros internacionales; pago a especulativos foráneos; liberalización de exportaciones en manos extranjeras; impunidad de funcionarios procesados por traición a la Patria; evasión impositiva de capitales radicados en paraísos fiscales y beneficios a empresas internacionales con la precarización laboral como el caso de Mc Donald entre otras tantas medidas antipopulares, es necesario mantener el espíritu nacional en alza y a la expectativa de una gran resistencia popular.
Como Belgrano, San Martín, Rozas y Perón necesitamos dirigentes políticos y referenciales que nos muestren el camino para alcanzar una Patria seriamente libre, soberana y justa.
Oscar Christensen
28/07/2016.

