
La Policía Federal intentó ingresar a la sede de Madres de Plaza de Mayo frente a la plaza de Congreso. La orden de allanamiento fue emitida por el juez federal Gonzalo Martínez de Giorgi, luego de que la presidenta de la Asociación faltara a declarar como testigo en la causa que investiga el presunto desvío de fondos en Sueños Compartidos.
Bonafini envió una carta al juez Martínez de Giorgi en la que afirmó que sufre “agresiones” por parte de la Justicia. Tras negarse a declarar, el magistrado envió a efectivos de la Policía Federal a la sede a allanar el lugar.
“Desde el año 1977, más precisamente el día 8 de Febrero de ese año, vengo padeciendo las agresiones de la mal llamada justicia, implementada por jueces de la Nación. En ese momento empezó mi calvario, hice 168 presentaciones por mi hijo Jorge, luego en conjunto reclamé por mi otro hijo Raúl, que fue desaparecido en diciembre del mismo año, en una constante peregrinación por los juzgados, siempre padecí las mismas injusticias, las mismas agresiones. Luego en mayo de 1978, desapareció también mi nuera María Elena, nada cambió”, afirmó Bonafini.
Una multitud se congregó en la puerta para impedir el allanamiento. Mientras, las Madres, encabezadas por Bonafini partieron hacia la Plaza de Mayo para realizar su habitual ronda de los jueves. Cuando intentaban partir en la camioneta, un enorme operativo policial intentó bloquear su salida, pero el vehículo se fue por la vereda.
Según informaron varios medios, el juez dictó orden de detención tras declarar «en rebeldía» a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo.
El abogado de Bonafini presentó un documento para responder a la citación en el juzgado de Martinez de Giorgi.
«Me dirijo a Ud. Para manifestarle el motivo de la respuesta a su citación.
Que desde el año 1977, más precisamente el día 8 de Febrero de ese año, vengo padeciendo las agresiones de la mal llamada justicia, implementada por jueces de la Nación. En ese momento empezó mi calvario, hice 168 presentaciones por mi hijo Jorge, luego en conjunto reclame por mi otro hijo Raúl, que fue desaparecido en diciembre del mismo año, en una constante peregrinación por los juzgados, siempre padecí las mismas injusticias, las mismas agresiones. Luego en mayo de 1978, desapareció también mi nuera María Elena, nada cambio.
Siempre la misma ignominia, la misma indiferencia, yo sentía como la denominada justicia era cómplice de los asesinos militares y marinos. Una justicia sin solidaridad, sin sentir por los otros, sin sufrir por ellos.
Después de un tiempo en el año 2001, más precisamente un 25 de mayo, a mi hija María Alejandra que se encontraba sola en mi casa, mientras yo estaba de viaje, la torturaron casi hasta matarla. Y allí otra vez mi peregrinación para ver si encontraba algún juez que nos muestre el valor de la Justicia, y que esta existía, pero otra vez la burla y la sin razón.
Y llego el caso Schoklender, allí las madres con gran esfuerzo aportamos voluntariamente 60 cajas con pruebas, junto con 40 backup, y otros elementos más, primero a Oyarbide y después a ud. que ni siquiera leyeron algo de lo aportado.
Asistimos cuantas veces nos llamaron a declarar, hicimos pericias de las firmas que constataron que no eran mías, siempre a disposición por la verdad, incluso hace unos meses asistí voluntariamente a su despacho para informarme ante la indigna marcha de la causa.
Y otra vez sufrimos en carne propia la burla, que nos castiga a todas, ancianas de 85 a 90 años, y nos condena a pagar las deudas, injustas y ajenas.
Las madres siempre vamos a defender los valores de solidaridad social, extender las manos a los vulnerados, por sus sueños, en este tiempo y en los que vendrán. Y vamos a luchar para que alguna vez nos enfrentemos con jueces probos que nos ayuden a sentir en nuestros cuerpos el valor de la Justicia».

