
El ex secretario de Derechos Humanos de La Pampa, Rubén Funes, escribo una nota de opinión para repudiar las declaraciones del funcionario macrista.
(Por Rubén Funes) Una vez más, escuchamos por parte gobierno nacional su postura negacionista. Esta vez los desafortunados dichos provienen del Secretario de Derechos Humanos de Nación Claudio Avruj, dichos que van en la misma línea de pensamiento con lo expresado antes, por el ex Ministro de Cultura Darío Lopérfido, del Jefe de Gabinete Marcos Peña y del propio Presidente de la Nación, que minimizan o dicen ignorar el número de desaparecidos, victimas del terrorismo de Estado.
Hace unos pocos años, la señora Graciela Fernández Meijide -madre de un detenido-desaparecido e integrante por muchos años del Movimiento de Derechos Humanos- al momento de presentar su libro, también expresaba opiniones similares a las que expresa hoy Avruj, intentando cuantificar la tragedia, como si el eje del debate fuera la cantidad de desaparecidos y no las consecuencias del genocidio.
En aquella oportunidad, Eduardo Luis Duhalde, entonces secretario de Derechos Humanos de Nación le contestaba a la Sra. Meijide, en una carta pública que es pertinente traer a consideración ante los dichos de Avruj, cuyos extractos se reproducen a continuación: “La opinión pública está acostumbrada a esfuerzos por disminuir la dimensión de la tragedia argentina, normalmente en boca de epígonos del terrorismo de Estado como Mariano Grondona o Cecilia Pando. De igual modo escuchamos cada tanto voces negacionistas del Holocausto que sostienen que no fueron seis millones los judíos inmolados por el nazismo, sino un número inferior como si la aberración criminal fuera una cuestión aritmética. Distinto es su caso porque por historia usted no integra los cuadros de la barbarie. Bastaría ver el regocijo que sus declaraciones han producido en quienes justifican el obrar del terrorismo de Estado para advertir las consecuencias enormemente graves de sus dichos que parten de un error esencial: el creer que existe algún registro fehaciente de la dimensión del crimen masivo de lesa humanidad perpetrado por las Fuerzas Armadas argentinas y sus socios civiles. El único registro fehaciente de la cantidad de víctimas asesinadas, su identidad y destino final solo está en poder de los asesinos. De aquellos que mientras pregonan que su accionar fue «justo y en defensa de la patria» ocultan todo dato, sabiendo que su proceder fue abiertamente criminal. Bien sabe usted que no hay un censo nacional completo sobre el número de víctimas y que éste es irremisiblemente aproximativo.”
Con respecto a cómo se llegó a la suma de 30 mil desaparecidos, por parte de los organismos de Derechos Humanos, el Dr. Duhalde expresaba en esa carta:
“Cabe adentrarse en el número de 30.000 detenidos-desaparecidos convertido en consigna permanente no sólo del Movimiento de Derechos Humanos sino de vastos sectores sociales. La cifra no es arbitraria y es el producto de diversas variables:
- a) La cantidad de sitios clandestinos de detención y exterminio, en todo el país, que superan el número de 500.
- b) Las estimaciones sobre el número de prisioneros que hubo en los grandes centros de detención y exterminios como la ESMA, Campo de Mayo, La Perla, el Batallón de Tucumán, el Circuito Camps, El Olimpo, El Atlético, etc., ya que ellos solos superan con creces el número actual registrado en la CONADEP y la Secretaría de Derechos Humanos.
- c) La estimación en torno al número proporcional de Habeas Corpus presentados en el país.
- d) El número de integrantes de las estructuras militares afectadas a la represión ilegal durante todo el periodo dictatorial que superan los 150 mil hombres, activos a la caza de sus víctimas.
- e) Los propios dichos de los militares previo al golpe de Estado, de que sus relevamientos efectuados con anterioridad, desde las escuelas hasta las fábricas, que indicaban en más de 30.000 las personas a eliminar (ver por ejemplo los dichos de un militar en la carta del escritor Haroldo Conti desaparecido el 5 de mayo de 1976, escrita previa al golpe y dirigida a Roberto Fernández Retamar de fecha 02 de enero de 1976).
- f) Los informes de la Embajada Norteamericana al Departamento de Estado, haciendo constar que en el año 1978 los jefes de la dictadura argentina informaron a la DINA chilena que las víctimas alcanzaban ya el número de 22.000. Debe recordarse que la dictadura continuó en su labor represiva ilegal de secuestros y asesinatos por cinco años más con posterioridad a ese informe y que aquella cifra de 22.000 correspondía a solo los dos primeros años de la dictadura.
Todo ello hace que la cifra de 30.000 no sea ni arbitraria ni caprichosa. Aunque es lamentable reducir la dimensión de la tragedia argentina a un problema contable. El carácter masivo, criminal y abyecto no se mide por un resultado aritmético, al menos para los que creemos que cuando se asesina un hombre se está asesinando a la humanidad.”
Considero que lo expresado por Avruj, basándose en registros parciales de la CONADEP y de la Secretaría de Derechos Humanos como registros totales, es falaz, mentiroso y de mala fe, porque persigue un fin quizás inconfesable por el actual gobierno. Sino entonces ¿por qué relativizar la tragedia?, ¿es para impedir que se continúe con el juzgamiento a los criminales y sus cómplices civiles? El negacionismo ya fue esgrimido para negar la magnitud de los horrores del nazismo e impedir su juzgamiento. Sepa el gobierno nacional que el largo camino de reparación histórica, que comenzó en 1985 con el Juicio a las Juntas y retomado luego de la anulación de las leyes de la impunidad en 2004, fecha que marca la decisión política de reiniciar el postergado proceso de Memoria, Verdad y Justicia, es un camino sin retorno, y los responsables de los crímenes más terribles de la historia argentina seguirán siendo juzgados, pese a quien le pese.

Profesor Héctor Rubén Funes, Ex Secretario de Derechos Humanos de La Pampa

