
Plan B Noticias publica en la sección Libertad de Expresión la nota enviada por el profesor Jorge Luis Stickar, egresado de la Universidad Nacional de La Pampa, donde se refiere al neoliberalismo.
El profesor Jorge Luis Stickar, envió un texto a la sección Libertad de Expresión, titulado “Viaje al origen del liberalismo económico”.
Textualmente está es la nota del profesor:
Que estamos en presencia de un gobierno neoliberal, nadie lo discute. Ahora bien. ¿Qué es el neoliberalismo? Como sabemos, neo significa nuevo, esto es: Nuevo Liberalismo. Entonces, creo, nos conviene comenzar indagando en los albores de esta doctrina para tratar de comprender, aunque sea un poco, por qué tanto ensañamiento con los más humildes.
Primero conviene advertir que existe un Liberalismo Filosófico, un Liberalismo Económico y un Liberalismo Político. Muchas veces caemos en el prejuicio de sospechar que Liberalismo, Democracia y Capitalismo son parte de un mismo conjunto de elementos inseparables y que van juntos y de la mano. Como intentaremos demostrar, en la mayoría de los casos Democracia nada tiene que ver con Capitalismo y otras tantas Capitalismo y Liberalismo se rechazan mutuamente.
El liberalismo político conduce a la democracia pero el liberalismo económico conduce al capitalismo, de esta manera capitalismo y democracia se tornan opuestos.
La filosofía griega clásica y su reaparición en el Renacimiento dan origen a las primeras ideas liberales que se apoyan en la libertad y el humanismo, poniendo al hombre en el centro del Universo.
Poco a poco los pensadores se le fueron animando al poder de la Iglesia y comenzaron a desplegar sus ideas.
Es hasta casi imposible definir un núcleo doctrinario para el liberalismo. A diferencia del Marxismo, su archienemigo, de quien podemos encontrar su núcleo en la obra de Marx y algunos aportes de Engels, no existe para el liberalismo una situación similar. Su desarrollo se fue dando de acuerdo a los acontecimientos y ubicación geográfica. Por caso digamos que el término liberal se escuchó por primera vez en la España del S XIX cuyos habitantes aspiraban a una monarquía constitucional. El surgimiento del liberalismo económico podemos situarlo en Inglaterra y el político en Francia. ¿A qué se debe? A que los ingleses habían venido conquistando derechos desde el siglo XII restando poder a la monarquía en favor del parlamento hasta llegar al voto de los ciudadanos. Llegado el siglo XVIII, la preocupación de los ingleses no era el poder real sino la riqueza, los inventos y el comercio monopólico con sus colonias. Por el contrario, en Francia persistía el antiguo régimen, gobernaba una monarquía totalitaria rodeada de un puñado de nobles y una jerarquía eclesiástica. No quedaba otra a los franceses que pelear por las libertades individuales y un orden democrático.
Sin dudas la vertiente más conflictiva del liberalismo es la económica, cuyas premisas son: libertad de los hombres para trabajar, acumular bienes, comprarlos y venderlos sin otra intervención que las leyes de la oferta y la demanda (el mercado). Curioso resultan sus argumentos ante la aparición de las teorías mercantilistas que proponían la regulación del Estado en materia económica. Más o menos, los liberales, sostenían que los hombres de estado estaban muy ocupados como para conocer el mundo del comercio y la industria y por lo tanto el único conocedor era el propio mercado.
Todo venía bárbaro hasta la Reforma Protestante. Puede parecer extraño pero hasta en estas cosas anduvo husmeando el altísimo. Parece ser que las costumbres, en Roma, se venían relajando y para contento de los pecadores, la Iglesia había descubierto el Purgatorio. Tal es así que ahora existía un lugar dónde reposar y expiar los pecados mientras que San Pedro abriera las puertas del cielo, eso sí, antes de partir se podía colaborar con algunos estamentos terrenales como el bienestar del Papa quién avasallado por la demanda de indulgencia tuvo la feliz idea de imprimir certificados de indulgencia para entregarlos a los Bancos quienes se ocuparían de su conveniente comercialización. Claro que superar la angustia de saberse condenado al calor eterno reclamaba el perdón al punto de pagar cualquier precio por él.
Lutero no parecía muy conforme con ello de manera que decide modificar la relación entre el Creador y los Hombres. Se opone a la vida monástica y sostiene que se nos ha colocado en este mundo para trabajar y trabajar por los demás. Digamos que va dándole forma al Capitalismo pero es Calvino quién dará una vuelta de rosca a esta idea manifestando que el destino está predeterminado. Afirma que los Hombres desde el nacimiento están destinados, unos al Cielo, otros al infierno sin importar lo que hagan. Sus ideas se difunden por Francia, Holanda, Escocia y más tarde influyen notoriamente sobre la Iglesia Anglicana de Inglaterra.
Con el Catolicismo Clásico, canalizar la angustia del pecado resultaba relativamente accesible: arrepentirse, visitar un cura para la confesión, rezar un poco y no olvidar la contribución a la Parroquia era todo lo que se necesitaba para estar en gracia nuevamente con el Todopoderoso. Pero con el protestantismo la cosa se complica, la angustia se profundiza ya que los creyentes sabían que estaban destinados antes de nacer, el problema era saber a dónde ya que ni la oración ni un estipendio para la Iglesia resultaban idóneos para saber en qué lugar se estaría definitivamente al final de los días.
Astutos como pocos los calvinistas resolverán el dilema sosteniendo que el Cielo solo era alcanzado por quienes hayan tenido una vida feliz y la felicidad sólo la otorgaba la riqueza y el éxito en los negocios. Penosamente para los otros, los enfermos, los pobres, solo quedaba el infierno debido a su infelicidad. Inexorablemente, para tener la gracia del Señor, había que tener riqueza, producirla y aumentarla constantemente. Albricias, hemos descubierto el origen del Capitalismo, eso sí, justificado por una causa moral y noble.
El “ser pijotero” tal cual solemos notar en los ricos también es de esta época pues la “austeridad” era condición sine qua non para la gracia divina. God blesse this trade (Dios, bendice este negocio) solía ser la frase escuchada luego de obtener buenos dividendos en un intercambio comercial.
Al ir finalizando la Edad Media, la burguesía incipiente estaba conformada por sujetos marginales a los cuales no les quedaba más opción que dedicarse al comercio y la usura. Eran épocas en que los inventos, la industria y las expediciones demandaban fondos. A esta burguesía vienen a sumarse los judíos, que si bien según el Antiguo Testamento, tiene prohibido prestar al hermano, si lo pueden hacer al extranjero, dando lugar así a la aparición de los primeros banqueros, lo que les traería aparejado no pocos pesares ya que al banco se lo quiere cuando presta y se lo odia cuando pretende cobrar las deudas.
Desde su surgimiento el Capitalismo, liberal por cierto, ha ido pasando por épocas de auge y otras menos felices. Siempre ha ido reconfigurándose de manera que no pierde su vigencia. Lo que sí sabemos es que sus mentores buscan la felicidad terrenal para conseguir el Cielo, lástima los pobres miserables que no llegarán nunca a las alturas según el destino que les ha fijado el altísimo y ahí el capitalista no se mete, eso es palabra santa.
¿Y la Democracia? Aristóteles solía decir que no existe una sola democracia ni una sola oligarquía. Y es tan así que lo reflejan los diferentes modelos en los que puede convivir un régimen totalitario junto al capitalismo o aún uno democrático y éste último.
Todos tenemos una libertad absoluta, y derechos también absolutos, enseñaban los políticos liberales. Sin embargo, la realidad que engendró la aplicación de esta teoría fue la negación misma de la libertad.
En síntesis, el gran error del individualismo fue no comprender que cualquier sistema político, económico o social, cuyo elemento de ordenación sea exclusivamente la libertad, engendra en su seno la injusticia y la opresión.
«En un sistema tal como el preconizado por las constituciones del siglo pasado, la libertad individual ha establecido el verdadero desequilibrio que existe entre los hombres que poseen poder o influencias y los hombres que están desposeídos de todo poder y de toda influencia. Y la ley decía ‘ustedes son iguales’. ¿Y yo me voy a conformar con que la ley les diga que son iguales, mientras estoy viendo todos los días que no puede haber una desigualdad mayor entre ese potentado que compra la ley, que compra al juez, que compra al abogado, y el otro pobre diablo que no puede ni siquiera comprar para comer? ¡Ah! ¡Pero los dos tienen libertad! Uno tiene libertad para explotarlo al otro, y al otro le queda una sola libertad: la de morirse de hambre» (Perón, 25-10-1948).
Mucho podríamos ahondar en la temática propuesta pero en razón de la economía temporal de los tiempos que corren y la economía de espacio de la publicación que nos cobija, vayan estas notas como anticipo de próximas entregas, no sin antes aclarar que quizá hoy nadie fundamente la avaricia capitalista en concierto divino, lo cierto es que por ahí pasaron sus primeras incursiones. Atentamente.
Profesor Jorge Luis Stickar
Egresado UNLPam
D.N.I. 18 418 987

