
En el barrio funcionan comedores que asisten a más de un centenar de chicos y chicas, que oscilan entre los 2 y 15 años. Piden la colaboración de la comunidad con carne o pollo para brindar un almuerzo digno para quienes más lo necesitan. «La verdad es que hay hambre», dijo una de encargada de uno de los comedores.
Ayer se conoció la noticia que el merendero y comedor Brotecito de Sol no pudo alimentar a más de cuarenta menores, por falta de pollo y carne.
En el día de hoy, y gracias a la colaboración de manos solidarias, el comedor pudo brindar un almuerzo digno que vaya más allá de los fideos blancos o el arroz. Antonella, una de las encargadas, agradeció las donaciones y dijo que en general cuentan siempre con alimentos secos. «Recibimos ayuda de la gente con fideos, arroz, lentejas y esas cosas y se nos complica cuando necesitamos carne o pollo” afirmó en declaraciones radiales.
“En Facebook alguien comentó que podíamos darles fideos blancos, pero me parece que si una mamá manda a su chiquito al comedor es en busca de un mejor alimento”, comentó en declaraciones radiales.
“Ellos llegan hasta el comedor para comer otras cosas, como un guiso, que tenga carne, o unos tallarines con un tuquito de pollo y no tantos fideos blancos, como pueden comer en su casa. Por eso nos pareció como una burla, esperarlos con un plato de fideos blancos”, agregó en referencia a la decisión de ayer martes de no hacer el almuerzo para las y los chicos.
“Me parece que la carne es fundamental en el crecimiento de los chicos. Somos tres mamás que hacemos esto voluntariamente, no tenemos una bandera política y todo es bien recibido para el comedor. Nosotros lo hacemos por los chicos”, dijo al programa “Despertando a la Trama”, que se emite por Radio La Tosca.
—¿Cuántos chicos y chicas asisten al comedor?
—Tenemos 49 chiquitos anotados, todos de familia numerosa. Desde los 2 a 15 años y les damos de comer de lunes a viernes. En tiempos de clases, baja la cantidad de niños porque algunos van a escuelas de jornada completa, pero cuando hay paro o no hay clases, vienen al comedor.
—¿Dónde está ubicado el comedor?
—Estamos en el barrio Néstor Kirchner, sobre Corona Martínez, entre Margarita Monges y Selva Azul. Es una casa particular, 1209 es el número de casa. Trabajamos Araceli, que nos presta la vivienda, Nancy y yo.
—¿Cuál es la necesidad concreta que tiene el comedor?
—Ayer no pudimos dar el almuerzo. Lo que nos más nos cuesta es que nos donen la carne o el pollo para cocinar. Es feo dar el guiso sin carne, aunque algunas veces lo hemos hecho. Con dos pollos hacemos una comida. La verdad es que los chicos comen y hay hambre y por eso no les podemos decir que no repitan el plato.
Antonella dijo que la situación es difícil. “Entendemos a las mamás que nos mandan los chicos al comedor. Nos han criticado porque atendemos a mamás que reciben viandas, pero ellas tienen que ir a buscarlas a Colonia Escalante y hasta que vuelven, no pueden darles de comer a sus hijos. En ese sentido, nosotros ayudamos a las mamás y esa vianda queda para la noche”, dijo.
“Para los que critican, hay que interiorizarse de los problemas y estar. Lo nuestro es dar una mano a quien lo necesita. También recibimos ropa, y todo lo que la gente nos puede dar. Esto es una ayuda para otros.
Por otra parte, Mónica, del Merendero Luz de Esperanza, contó que tienen unos 62 chicos y chicas. “Por más que te donan, faltan cosas y las sacamos de nuestros bolsillos. Por eso empezamos a hacer sorteos, empanadas para vender o polladas”, dijo también a La Tosca.

“El fin de semana que pasó vendimos empanandas y eso nos permitió recaudar dinero para, comprar lo que se consume en la semana”, indicó.
—¿También han sumado un roperito?
—Sí. Funciona todos los lunes, desde las 20,30 y en la época de clases el apoyo escolar. Y más adelante, daremos talleres. Ahora vamos rumbo a la formación de una asociación civil. Se vienen muchas cosas lindas y es muy difícil, pero hay que trabajar y salir adelante, porque no se puede dejar a un chiquito sin comer, hay que salir y golpear puertas.
Mónica reconoció que febrero fue un mes complicado y por eso se decidieron juntar fondos con la venta de empanadas. “Diariamente vemos como han subido las cosas. Nos habíamos quedado sin jugo y lo comprábamos de nuestro bolsillo. Gastábamos entre pan y jugo unos $300 pesos por día”, dijo.
—¿Se han acercado autoridades políticas?
—Sí. Algunos funcionarios se han acercado. Pero al no tener personería jurídica, colaboran con lo que sacan de su bolsillo. Hay muchos funcionarios de distintas líneas políticas que vienen a ayudar al merendero. Enero fue muy difícil y febrero también. Por eso tratamos de acercarnos a los medios y que no se olviden de nosotros.
Mónica agradeció la solidaridad santarroseña y dijo que no tienen bandería política. “El merendero no tiene bandera política y agradecemos a quien sea. También estamos dando un refuerzo de mercadería cada 15 días, gracias a Nación”, indicó. “Siempre hay cositas que faltan y por eso hicimos una caja, para poder contar con dinero y no tener que sacar de nuestro bolsillo”, agregó.
—¿Qué es lo que les está haciendo falta y adónde pueden acercarse quienes quieran colaborar?
—Nosotros tenemos nuestra página, Comedor y Merendero Luz de Esperanza y la dirección es Margarita Monge 1239 entre Corona Martínez y Gaich. En cuanto a donaciones, necesitamos todo lo que sea alimento no perecedero, como carne o pollo. También nos sabe faltar jugo, fruta, servilletas para chicos. El que quiera colaborar, que se acerque. Nosotros en la página ponemos a disposición qué les damos de comer y todo lo que hacemos, para que vean que todo es trasparente y claro.

