
La integrante de la Asamblea El Algarrobo de Andalgalá, Catamarca, advirtió sobre los efectos nocivos de la megaminería en Catamarca, con aumento de enfermedades respiratorias y casos de cáncer.
Rosa Farías, integrante de la Asamblea El Algarrobo de Andalgalá, Catamarca, es una de las participantes de la Jornada Nacional del Centro del País contra el Extractivismo que se desarrolla en Santa Rosa.
“Nosotros estamos en este encuentro con el principal objetivo de que se conozca lo que es la megaminería y el desastre que causa, todo lo que significa en la vida de los pueblos y en cada uno de nosotros”, le dijo a Plan B.
—¿Cómo fue la experiencia para Andalgalá?
—Luego de 20 años de la Alumbrera, la existencia es desastrosa. Tenemos un hospital con una ambulancia donada por la municipalidad y sin profesionales, escuelas que tuvieron que parar más de una semana porque no hay personal de maestranza. Esto sucede porque el gobierno no invierte, todo el dinero que daría la minería se lo llevan los gobiernos y no invierten para nada.
Farías dijo que no hay inversión ni preocupación en pueblos cercanos al lugar. “El oeste catarmarqueño es el que sufre la megaminería y lo único que ha causado luego de más de 20 años es más pobreza y no hay nada de trabajo genuino”, dijo.
—¿La megaminería tiene consecuencias para la salud?
—No hay estudios de base por parte del gobierno. Lo que sabemos como vecinos es que la gente se muere de cáncer o aumentaron las enfermedades respiratorias, pero, desde el gobierno no hay estudios.
—¿Qué minerales extrae la Alumbrera?
—Se extrae cobre y oro. También estamos en contra de otro proyecto, Agua Rica, que está a 17 kilómetros de la plaza del pueblo. En todos estos años de lucha hemos investigado las cosas que sufren Chile o Perú. No es solo que extraigan los minerales de los cerros. A un emprendimiento, le sigue otro. Hay una serie de emprendimientos uno al lado del otro y nuestro Nevado, que es de donde tomamos agua, no va a existir.
—¿El agua es el recurso que más se utiliza?
—Sí. Son millones de litros de agua por segundo. Ellos los envían hecho un barro al mineral y eso va hasta Tucumán. Recorre todo Catamarca a Tucumán por los cerros y allá le sacan el agua. Durante todo ese tiempo ves agua. El caño nunca puede estar vacío y envía agua. Nosotros vivimos del agua del deshielo, en un terreno árido.
—¿Cáncer de qué tipo?
—Hay cáncer de todo tipo. Han aparecido unos extraños como osteosarcoma, en huesos y en menores de 25 años, escoriosis, muchos en grado alto, leucemias en niños, de lengua, de páncrea, entre otros.
— ¿La Universidad justifica teóricamente el proyecto?
—Sí. Este tiempo de empresas intervienen en la sociedad con donaciones. Todo eso lo devengan de sus impuestos y no te regalan nada. Muchos ven a las empresas mineras como un gran salvador, ya que el gobierno impulsa eso. La gente empieza a creer que van a estar mejor con minería. En Andalgalá, ya se vivió ese engaño, pero ese modelo cruel lo repiten en todos los lugares dónde van.
Farías dijo que ahora están buscando litio en el este de Catamarca. “Ahora empezamos otra lucha, concientizando a compañeros que pasan por situaciones similares. Estamos viajando los fines de semana a otros lugares para concientizar y no les pase como nos pasó a nosotros, que estuvimos medio dormidos y ya tenemos una minera asentada y que hace lo que quiere. Los gobiernos apañan porque son socios”, cerró.
LA MINA DE ANDALGALÁ
Andalgalá es la tercera ciudad en importancia de Catamarca. Está ubicada en el centro de la provincia, a 240 kilómetros de San Fernando del Valle, seis horas de micro entre caminos derruidos y paisajes de postal. Allí viven 17 mil personas. Tiene calles anchas y pobladores amables, casas bajas y una catedral imponente, clima desértico y montañas que esconden la mina de oro y cobre más grande del país y una de las más importantes del mundo: “Bajo la Alumbrera”, una obra faraónica que remueve, por día, 340 toneladas de roca y utiliza, por minuto, 66 mil litros de agua, según consigna un informe publicado por la revista La Vaca.
En 1994 el gobernador Arnoldo Castillo, el entonces secretario de Minería y actual gobernador de La Rioja, Ángel Maza, y el presidente Carlos Menem firmaron el lanzamiento de las obras del yacimiento Mina Bajo la Alumbrera. Tres años después, el 31 de octubre de 1997, se iniciaba la etapa extractiva: una enorme olla de dos kilómetros de diámetro y seis cuadras de profundidad es el espacio donde 36 enormes camiones mineros y monumentales palas mecánicas remueven, ayudados por explosivos, 340 toneladas de roca por día. Lejos están las imágenes de las películas: no hay picos, no hay palas, no hay pepitas de oro y ni siquiera hay mineros.
El yacimiento de oro y cobre pertenece al estado catamarqueño, la Universidad de Tucumán y el Estado nacional, que conforman la sociedad Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (ymad), pero cedieron la explotación a un consorcio de empresas: la suiza Xstrata (50 por ciento del paquete accionario) y las canadienses Goldcorp (37,5 por ciento) y Northern Orion (12,5). Funciona a 40 kilómetros del casco urbano de Andalgalá, a 300 de la capital provincial, entre montañas y alambrados olímpicos.
Por cada tonelada de roca se obtienen seis gramos de oro y seis kilogramos de cobre. Datos de la misma empresa se ufanan de que Alumbrera utiliza en un solo mes la misma cantidad de explosivos que se requiere por año en toda Argentina. No es casualidad que llueva polvo en la ciudad. Además, los especialistas advierten que la remoción de las montañas acelera la producción de sulfuros, que con el aire y el agua producen drenajes y lluvias ácidas, con su contaminación a cuestas.
El yacimiento se encuentra entre las diez grandes explotaciones de cobre del mundo y entre los 15 de oro: exporta 190 mil toneladas anuales de cobre y 23 mil toneladas de oro. Cuenta con una lujosa ciudad en las alturas: 500 habitaciones, canchas de tenis y fútbol techadas, salas de juegos, gimnasio, línea de colectivo interna y tres aviones propios que hacen de taxi aéreo para ejecutivos.
El proceso de extracción consiste en dinamitar las paredes de la montaña, transformar las rocas en polvo y diluirlas en sopas ácidas que purifican el mineral. Todos los desechos son destinados a un enorme basurero, de 30 hectáreas y 150 metros de profundidad, llamado “dique de colas”. El producto bruto es enviado por un extenso mineraloducto –un caño bajo tierra– de 310 kilómetros de largo que pasa por Catamarca hasta Tucumán. Llega hasta Cruz del Norte, donde el “Tren Alumbrera” transporta concentrados hasta el puerto de Santa Fe. De ahí viaja al exterior, donde es refinado. El megaemprendimiento también cuenta con un electroducto de 220 kilómetros, líneas de alta tensión que atraviesan gran parte de Catamarca y Tucumán.
Las obras de infraestructura requirieron una inversión de 1.200 millones de dólares.

