
Un grupo de docentes comenzó este año a desarrollar un proyecto pedagógico para que los y las niñas de 2 a 10 años jueguen y se mantengan en contacto con la naturaleza. La oferta creció y hoy recibe a 30 familias de Santa Rosa y Toay.
Padres, madres, abuelos, abuelas, tíos y tías, ven con asombro la facilidad con la que los niños y niñas, desde bebés, pueden manipular teléfonos celulares, computadoras y tablets, pero también recuerdan que antes los juegos eran distintos.
La versatilidad para la adaptación a las nuevas tecnologías puede ser un beneficio a futuro para saber desempeñarse cuando grandes, en una sociedad informatizada, pero crea niños y niñas autómatas que no están teniendo la oportunidad de comportarse acorde a sus edades.
Correr, saltar, treparse a un árbol, revolcarse en la tierra, jugar con agua, practicar algún deporte o pasar su tiempo de diversión con sus pares en actividades que no incluyen un artefacto tecnológico, han pasado a ser momentos excepcionales en sus vidas. Hoy se ven pocas pelotas, pocas sogas, pocos juguetes que necesitan del ingenio de los y las nenas para su funcionamiento.
“En septiembre del año pasado presentamos un proyecto para sacar adelante el Club que estaba abandonado y poder aportar al crecimiento de las infancias, no cambiando el mundo, pero sembrando nuestra semillita”, indicó a Plan B la Profesora de Nivel Inicial, Ayelén Bernárdez, coordinadora del taller junto con Laura del Grosso, instructora de Gimnasia Infantil.
Como madres vieron a partir de sus hijos y de los niños y niñas con las que se relacionaban una “falta de contacto con la naturaleza”, “ausencia de continuidad en la práctica de actividades en los infantes en la actualidad”, y comenzaron a pensar la puesta en marcha del proyecto, que es único y original, y está inspirados en la pedagogía verde de Heike Freire y Catherine L´Ecuyer, con su mirada actual de ‘Educar en el Asombro’”, explicó.
“Es temible ver a los niños no saber jugar y recaer directamente en una tableta, televisión, celular, etc, lo que traduce directamente al sedentarismo y todas las problemáticas que vienen arraigadas con ello”, contó. El Taller se dicta los lunes y miércoles de 18:30 a 20:30.
Ayelén cita a Catherine L´Ecuyer cuando señala que “hoy crecen en un entorno cada vez más frenético y exigente que, por un lado, ha hecho la tarea de educar más compleja, y, por el otro, los ha alejado de lo esencial. Para su éxito futuro los adultos ven necesario programarlos para un sinfín de actividades que los están apartando del ocio de siempre, del juego libre, de la naturaleza, del silencio, de la belleza. Su vida se ha convertido en una verdadera carrera para saltar etapas, lo que les aleja cada vez más de su propia naturaleza. Muchos niños se están perdiendo lo mejor de la vida: descubrir el mundo, adentrarse en la realidad. Educar en el asombro es replantear el aprendizaje como un viaje que nace desde el interior de la persona, una aventura maravillosa facilitada por una consideración profunda de lo que reclama la naturaleza del niño, como el respeto por su inocencia, sus ritmos, su sentido del misterio y su sed de belleza”.

“Con estas ideas firmes, e intentando no quedarnos inmóviles, decidimos trabajar generando un proyecto que aporta, que no es la solución, pero que ofrece un espacio donde se brinda el estímulo que notamos los niños están necesitando”, agregó. El Club Pichi Ñom estaba “prácticamente abandonado” y la conducción decidió prestárselos “a cambio de sacarlo adelante y darle vida”.
El taller se desarrolla todo el año y para “los días fríos, ventosos, de lluvia contamos con las instalaciones del salón de eventos que tiene el predio, tenemos con material básico pero el necesario y está dispuesto en espacios de juego separado por los cuatro elementos: agua, tierra, aire y luz. es digno de ver y disfrutar, los niños realizan las actividades adentro del salón (últimamente por el clima) sin perder contacto y vínculo con la naturaleza hasta que el tiempo nos permita volver a salir”.
Los juegos se organizan a partir de los materiales que se cuentan. “Con una piña, una ramita, una botella y una lupa, se pude hacer un punto de partida. Luego de nacer crece con el asombro y sigue creciendo aún más con la propuesta lúdica que surge del niño y su propia creación. Los cuidamos, y estamos permanentemente pendiente que afuera estén abrigados y adentro no. Nos aseguramos que los adultos los abriguen bien antes de salir. Y nos las ingeniamos para que la propuesta pueda seguir funcionando adentro sin perder de vista los objetivos”, añadió.
“Si bien en el Club hay mucho por hacer, consideramos que el Club Pichi Ñom es el único que aún mantiene la naturaleza de la zona: amplios espacios verdes donde la mano humana casi no intervino, cantidad de caldenes que caracterizan la flora pampeana con una antigüedad asombrosa, se encuentra en una zona (Lowo Che) esplendida para disfrutar de los sonidos de la naturaleza sin aturdirnos de la contaminación sonora de la ciudad”, destacó.

“Es más fácil atraer a los más pequeños que a los más grandes porque los nenes entre los 6, 7 y 8 años, ya están obligados a hacer determinadas tareas. Nos han dicho que ‘a inglés tiene que ir porque yo quiero’ o ‘lo mando a tenis porque me coincide con los horarios’. Es cómo que ya tienen una rutina en la que no está el juego y trabajamos sobre ello para que puedan disfrutar”, dijo.
La docente le dijo a Plan B que «realmente nos preocupa ver que los niños se han convertido en espectadores del mundo y del juego. Algo tan instintivo y necesario como el impulso de jugar se ve perjudicado por gran cantidad de juguetes que funcionan con tan solo apretarles un botón. El niño observa como ese material se mueve, habla o hace ruido pero realmente no está jugando. No está interactuando con los materiales, construyendo e imaginando historias; desarrollando sus sentidos y habilidades por medio del juego, sino que está siendo invadido por una gran cantidad de estímulos ante los que únicamente puede permanecer quieto y observar”.
“Hora Libre es como un viaje, una aventura, respetando los tiempos de los nenes. La gran mayoría de las consultas nos llegan porque han intentado un sinfín de deportes y terminan recayendo en lo mismo. la compu, el celu, la tablets. Cuando recién comenzamos, a los y las niñas les costó relacionarse con sus pares, con el juego de la soga, con la naturaleza, con el hecho de aceptar las reglas de la mancha o la escondida”, dice Ayelén Bernárdez, pero se entusiasma con la posibilidad de «aportar para que eso cambie, de lograr que vuelvan a jugar, a relacionarse, a divertirse», finalizó.

