
Anahí Montes, una de las integrantes del Grupo Chakra manifestó su alegría por el fallo judicial que les permite al grupo continuar ocupando las tierras fiscales en un monte en Toay para vivir en armonía con la naturaleza y evitar que el IPAV arrasara con especies añejas y altere el medioambiente.
Luego de conocerse el fallo judicial que beneficia a las 15 personas que mantienen un predio ocupado en el monte de Toay desde octubre de 2015 y en el donde han construido viviendas de barro y con materiales reciclables para vivir en armonía con la naturaleza, Anahí Montes, una de las integrantes de Chakra Raíz, celebró la decisión judicial.
En declaraciones al periodista de Radio Nacional, Daniel Lucchelli, Anahí dijo que “nosotros estábamos seguros que esto iba a ser como fue. Sabíamos que no estábamos cometiendo ningún delito y teníamos la tranquilidad interna”, dijo.
“Por ahí es difícil llegar a estas instancias y uno no está acostumbrado a estas situaciones, que tenés que fichar, que te toman las huellas digitales y otras cuestiones. Pero teníamos la confianza de que esto iba a ser así, porque creemos en lo que estamos haciendo y uno sabe que, de corazón no está haciendo nada malo”, agregó.
“Nosotros hablamos mucho del cuidado de la naturaleza, del legado que hay que dejar y todas estas cosas que nos motivan a ocupar un pequeño espacio, en base a la conservación, la buena crianza con los niños, el afecto y el amor. Ahora nos dicen que sí, que se acepta de esta manera y es algo muy intenso. Emocionalmente es muy fuerte y me tiemblan las piernas”, afirmó la joven de 27 años y madre de dos hijos.
—¿Deberán negociar con el IPAV en cuanto a la posesión y las formas de adquirir el predio?
—Es lo que quisimos hacer siempre. Pedir audiencia al Intendente de Toay, a los bloques, al IPAV, al Gobernador y que haya una mesa de diálogo y algún tipo de acuerdo. Tuvimos que vivir esta experiencia en lo legal, que es dura y siempre estuvimos dispuestos a llegar a un acuerdo desde lo humano.
Anahí explico que el grupo Chakra Raíz está conformado por más de 20 adultos y unos 15 niños. “Nosotros estamos haciendo casitas de barro, tenemos baños secos y estamos con los principios de la permacultura. El proyecto que tenemos tiene que ver con eso, con una forma distinta de vivir”, dijo.
“Por eso queremos un espacio donde los niños puedan correr tranquilos y libres, sin los peligros de la ciudad. Y también tiene que ver con la crianza, con la forma de cultivar la tierra. El proyecto es muy amplio”, agregó
—Este fallo sienta un precedente importante…
—Sí. Habíamos manifestado que el fallo fuera a favor o no, sentíamos que el trabajo que estamos haciendo de abrir la conciencia y destacar los viejos saberes, ya estaba hecho. Esto ha generado en otra gente un acercamiento. Con la cercanía del juicio se nos acercó gente a apoyarnos, que agradeció lo que estábamos haciendo. Vinieron personas de General Pico, de Trenque Lauquen, Santa Rosa o Toay.
—¿Estuvieron anotados en las casas de barrio del IPAV?
—Una chica estuvo anotada diez años. Yo estuve cuatro años anotada en algún momento. Hay cosas que yo visualicé y aprendí en los últimos años. Soy joven, tengo 27 años. El sistema te ofrece una forma de vida y a veces es difícil ver otras maneras de vivir. Uno empieza a darse cuenta que hay otras formas y empieza a contagiarse, para buscar una forma distinta de vivir.
—¿Son todos pampeanos?
—Yo no nací en La Pampa, pero vivo acá desde que tengo 11 años. La mayoría son de acá, o están acá desde hace muchos años. Yo nací en Fiske Menuco (General Roca) Río Negro.
—¿Los chicos asisten a establecimientos educativos?
—La mayoría de los chicos oscilan entre el año y 3 años. Hay solo tres en edad escolar, que están yendo a la escuela.
—¿Cómo son las casas?
—Hemos pasado dos inviernos y dos veranos. Tuvimos que poner el cuerpo a la situación. La idea es que las casas mejoren. Hasta este momento, como estamos trabajando desde reciclar material, la construcción es lenta. Además, se va al ritmo de los niños, ya que hay que cocinar, llevarlos a la escuela. Es lento, pero vamos.
—¿Cómo se las arreglan con los servicios?
—Estuvimos casi un año que nos pasó agua una vecina con una electrobomba. Hicimos llegar mangueras hasta la Chakra, pero había solo agua en la casa madre y cada uno iba con sus tanques de agua a llenara la casa madre y acarrearla hasta las casas. El verano pasado, como queríamos huertas en las casas, hicimos un tendido de un vecino que nos pasa agua de red y tenemos agua en las casitas, también.
Anahí aclaró que todavía siguen construyendo sus casas. “Todavía estamos en acomodo. Estamos en plena construcción, no hay ninguna casa terminada y hacemos lo mejor que podemos”, dijo.
—¿Cuál es el significado de la casa madre?
—La casa madre es una casa grande que se empezó a construir. Allí está la primera cada que tuvo agua y cocina y es el lugar donde compartimos. En la casa madre, nos juntamos a comer todos juntos y es nuestro centro de reunión. Hacemos asambleas todas las semanas y las mismas se hacen en la casa madre.
—¿Qué actividades laborales tienen?
—Hay herreros, carpinteros. Muchas chicas participan en la Feria de la Alimentación Sana, del Parque Oliver, se trabaja con tinturas madres, hierbas medicinales. Se podría decir que somos trabajadores independientes.
—¿Contentos con el fallo de la justicia?
—Sí, muy agradecida.
LA HISTORIA DE CHAKRA RAIZ
El colectivo puso en debate la posibilidad de contemplar otro tipo de vida y de relación con la naturaleza.“Este es el idioma de un sistema legal creado por una sola clase política que no contempla las necesidades y nuevas formas de habitar. Creemos y creamos una vida que respeta leyes naturales, verdaderas, sensibles y urgentes que también están en movimiento. Aire limpio, tierra sana, agua pura por los niños y niñas; vida sustentable, medicina natural…”, señalaron en más de una oportunidad.
El 15 de octubre de 2015 el grupo Chakra Raíz se instaló en los terrenos fiscales ubicados en el noreste de la localidad de Toay, donde se supone que iban a construir un barrio de viviendas sociales pero había pasado un tiempo considerable sin la realización de ninguna obra.
“Nuestro propósito es preservar el monte nativo y el médano; está siendo erosionado el suelo y se llevan el médano para venderlo para la construcción. Es fuerte el impacto ambiental”, remarcaron los integrantes Chakra Raíz.
“En este año construimos 14 viviendas y la casa comunitaria. Permanecemos en la tierra y luchamos por el acceso al territorio. Le pedimos al Estado que cese la judicialización de nuestros integrantes, nos tratan como delincuentes cuando, en realidad, hay derechos”, remarcó Gabriela Sosa, una de las voceras del grupo.
En el lugar, construyeron sus viviendas, utilizan energías alternativas, aprovechan la luz solara para calefaccionarse y cocinar, y apuestan a completar esa forma de vida con una producción sana y sustentable.

