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Cuando incluir es educar

4 septiembre, 2017
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Plan B Noticias reproduce la opinión del profesor y ex acompañante pedagógico integrador de alumno con Síndrome de Asperger, Silvio Javier Arias, que se refirió a la integración de los estudiantes con este síndrome en la escuela pública.

Silvio Javier Arias envió una nota a Plan B Noticias a la sección Libertad de Expresión, donde cada persona puede opinar sobre algún tema y ser publicada en este medio.



El profesor se refirió al Sindrome de Asperger, titulando su publicación “Cuando incluir es educar”. Una integración exitosa, en la escuela pública provincial:

A veces, los avances morales y educativos de una sociedad parecen imperceptibles, sin embargo éstos felizmente ocurren. Cuando ello sucede, algo de la condición humana se reconcilia con su existencia, avizorando más y mejores oportunidades para la convivencia armoniosa de nuestras comunidades.

Si bien La Pampa posee una larga trayectoria en materia de inclusión educativa, hace unos años atrás, el Ministerio de Cultura y Educación provincial incorporaba al sistema público (entonces Nivel Polimodal), un alumno con Síndrome de Asperger. Éste hecho, que no reconocía réplicas en otros puntos del país, significó un avance trascendental en el delineado de políticas públicas orientadas a elevar la integración de alumnos con necesidades educativas especiales, en el marco de un trabajo interdisciplinario e interpersonal comprometido y exitoso.

El Síndrome de Asperger

La definición del término fue dada a conocer a mediados del siglo XX, por el pediatra vienés Hans Asperger; por lo tanto el “síndrome de asperger” es relativamente nuevo y algunos especialistas lo incluyen directamente dentro del espectro autista. Hacia 1981 Lorna Wing fue la primera profesional en utilizar el término “síndrome de asperger”, haciendo una descripción orientadora de sus características generales. Un ser humano con éste síndrome demostraba falta de empatía en la interacción con otros, por lo tanto ninguna o poca habilidad para formar amigos. El déficit interactivo con sus semejantes, hacía del paciente con asperger un sujeto pobre en comunicación verbal, repetitiva con ciertos temas al dialogar; además de poseer una absorción casi exclusiva en cuestiones de interés transitorio y manifestar posturas físicas o movimientos poco comunes con su cuerpo.

Hacia fines de los 90’ predominaba la idea de que el “asperger” era una variante del autismo, un trastorno de base neurológica capaz de afectar el desarrollo de una variedad importante de habilidades sociales y cognitivas. Sin embargo, aún hoy no existe un criterio universal para diagnosticar éste síndrome, ya que los respectivos estudios se encuentran en fase experimental.

La inclusión humana e institucional

En 2004, la “Dirección de Educación Inclusiva”, por entonces a cargo de la actual Presidenta de la Comisión Nacional Asesora para la Integración de Personas con Discapacidad (CONADIS), Prof. Silvia Bersanelli, explicitaba que “la educación inclusiva es un aspecto de la sociedad inclusiva”. En el caso referenciado, primeramente serían identificadas las barreras que impedían la integración educativa (institucionales, humanas, cognitivas, sociales, políticas, culturales, económicas); atenuando su impacto negativo y capitalizando las características particulares del alumno integrado. Todo ello, en un contexto colectivo que no excluyese a nadie, tomando en cuenta los aportes de todos los actores involucrados para su implementación.

Fue así como desde el modelo pedagógico social, en el cual las barreras del aprendizaje y la participación no se encuentran en las deficiencias personales de los estudiantes (“modelo clínico”), sino más bien en la interacción alumno-contextos (gente, políticas, instituciones, cultura, circunstancias sociales, económicas), se llevó adelante el proceso de integración de éste alumno. El sujeto de aprendizaje “asperger”, al ser integrado al sistema público de enseñanza, requiere la puesta en marcha de una serie de prescripciones pedagógicas, adecuaciones curriculares y preparación del ambiente socio-educativo, favorable a su inclusión. Todo este proceso, monitoreado paralelamente entre las autoridades de la institución receptora, la Dirección de Educación Inclusiva, la familia y el acompañante pedagógico del alumno.

El proceso integrador

Desde la Dirección de Educación Inclusiva se identificaron las fortalezas y debilidades cognitivas del alumno integrado, en el por entonces Nivel Polimodal. Como parte de sus “fortalezas”, el alumno manifestó un rico manejo del vocabulario, conocimiento de hechos históricos, deportivos, sociales y políticos; una importante memoria fotográfica y perseverancia a la hora de realizar tareas escolares. Entre las “debilidades”, la dificultad para resolver problemas matemáticos y elaborar narraciones literarias, se destacaron como una característica propia del síndrome. Para los alumnos con asperger, el ambiente en el cual se da el proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser cuidado. Disminuir las distracciones visuales y auditivas, particularmente en las etapas evaluadoras, se torna esencial a la hora de alcanzar satisfactoriamente los resultados cognitivos.

Establecidas las características particulares del alumno, las estrategias implementadas giraron en torno al trabajo coordinado e integrado de todos los actores intervinientes en el proceso: autoridades institucionales y ministeriales, alumno, padres y el acompañante pedagógico. Éste último se encontraría en el aula como un “observador practicante”, junto al resto de los actores involucrados (docentes y alumnos). Sentar el acompañante pedagógico junto al alumno integrado, hubiera redundado en un perjuicio para la autoestima de éste y su proceso de integración educativa.

Las adaptaciones curriculares no se realizarían hasta tanto el alumno no manifestara la necesidad de implementarlas. Dificultades cognitivas poseen todos los alumnos, solo que cuando una patología de éstas características es identificada, las barreras detectadas en el proceso cognitivo deben sortearse con creatividad, profesionalismo y humanidad. Finalmente, las adaptaciones de acceso, contexto y tiempo fueron implementadas, cuando el proceso así lo exigió.

Como recurso didáctico-social, el acompañante pedagógico se propuso alcanzar sus propias expectativas de logro. Una de ellas, consistió en favorecer la creación de un ámbito socio-educativo-afectivo (pares, docentes, directivos, institución), capaz de insertar al alumno exitosamente. Otra expectativa se centró en el alumno, desarrollando en él actitudes cognitivas y sociales que estimularan su autonomía y lo consolidaran dentro del marco educativo cotidiano.

Al final del proceso, los resultados no pudieron ser mejores, el alumno respondió satisfactoriamente a todas premisas implementadas desde lo institucional, se integró al conjunto de pares sin dificultades, demostró competencias cognitivas aceptables para la promoción de cada una de las asignaturas previstas en el programa oficial de la institución; y por sobre todas las cosas, el esfuerzo educativo del alumno redundó en un fortalecimiento de sus capacidades sociales, talón de Aquiles de su patología.

Ciencia y humanismo

Lev Vigotsky (1896-1934) había considerado que la imitación y el aprendizaje son procesos mecánicos, los cuales “despiertan una serie de procesos evolutivos internos, capaces de operar sólo cuando el niño está en interacción con las personas de su entorno y en cooperación con algún semejante. Una vez internalizados estos procesos, pasan a formar parte de los logros evolutivos independientes del niño”. Si nuestro alumno asperger no hubiese tenido la posibilidad de interactuar con pares que potenciaran sus fortalezas, sino hubiera podido acceder a las adaptaciones previstas para su integración, jamás habría podido demostrar que podía superar esas adversidades. La teoría vigotskyana, corrobora en éste caso, que el cambio cognitivo depende de esa interacción dialéctica entre el mundo social y el cambio individual.

La integración del alumno con asperger en la escuela pública, demostró que en cada necesidad educativa existe una oportunidad educativa. No es la exclusión y la marginación social la salida para afrontar estos casos en educación (y en cualquier otro ámbito!). Es justamente la predisposición humana, institucional, política, social y profesional, quién genera las oportunidades reales. Una educación capaz de contemplar activamente la diversidad de su alumnado, evidencia el progreso de una sociedad que aspira a incluir sobre la base de las posibilidades, humanizando su práctica y democratizando su acceso.-

*Silvio Javier Arias.-

*Docente – ex acompañante pedagógico integrador, de alumno con Síndrome de Asperger.

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