
Familiares del joven asesinado el domingo a la madrugada en Anguil aseguraron que la ambulancia tardó media hora en llegar y que la policía no evitó la detención del preusno homicida, Matías Rodríguez.
El domingo pasado a la madrugada Martín Ojeda murió de una puñalada en el Parque Centenario de Anguil, donde un grupo de jóvenes festejaba un cumpleaños mientras comían un asado.
En un m omento llega Matías Rodríguez, de 18 años, y en un episodio confuso, apuñala a Ojeda. Ayer el acusado reconoció el hecho pero adujo que fue un accidente y que se defendió de un ataque.
La madre y la hermana hablaron con Mauro Monteiro de Radio Kermés y señalaron que “queremos justicia por Martín, quiero que alguien me hable, nadie me ha llamado, ni de la policía, ni del juzgado ni de ningún lado. Quiero que se aclara, que no quede en la nada. De la investigación no sé nada, no tengo información de nadie, como si hijo hubiese sido nada. Estamos para un voto, estamos para muchas cosas, y también deberíamos estar para estar cosas. La única comunicación que tuvimos fue cuando la policía me llamó para decirme que estaba muerte”
La hermana dijo que “no fue un accidente, no fue como dicen, él no molestó a nadie, nos dijeron que estaban bien, en un asado, este chico llega en una moto, cuando logra bajar, intercede al chico del cumpleaños, mi hijo se levanta, va hacia el para evitar la pelea y cuando se da vuelta ya le clavan el cuchillo”
Presente en el lugar, la hermana señaló que “ahí o agarré y le dije no quiero que te lastimen. En ese entonces el me miraba, no sabía que ya le habían pegado, se me puso blanco pero pensé que se había desmayado. Nadie me ayudaba, estos milicos me miraban como sangraba, la madre lo agarró y se lo llevó. Mientras el pendejo ese estaba diciendo que lo mató”.
“Había 3 o 4 policías que solo me decían que me calmara, nadie me ayudaba. La ambulancia tardó media hora en llegar. Los policías vinieron después de la puñalada y no hacían nada. Me miraban como lloraba”, finalizó.
Ayer la justicia mantuvo la detención de Rodríguez hasta la realización del juicio oral: “le pegué una piña. Ojeda y otro más se vinieron de atrás. Me pegaron una piña en la boca y saqué el cuchillo para asustarlos. Ahí Ojeda se me viene de vuelta y cuando me muevo el cuchillo se le clava. Dio dos pasos para atrás y se cayó, ahí le hice respiración boca a boca. Estaba la hermana al lado mío”, señaló ante el juez de control Nicolás Cassagrande.
FOTOS: Mauro Monteiro

