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Perna: los signos de la tortura que lo marcaron hasta sus últimos días

26 septiembre, 2017
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Elida Rodriguez Jara de Perna, revivió en su testimonio las torturas que sufrió su marido, el músico Oscar Perna Almeyda, durante los años del terrorismo de Estado en La Pampa, y que derivó en graves padecimientos de carácter psiquiátrico hasta su deceso producto de una enfermedad terminal.

El matrimonio había llegado desde el Uruguay, invitados por el hermano de Oscar Perna, quien era médico y que a su vez había llegado a General Pico como la mayoría de los médicos en aquellos años, «a sumar al sistema de salud socializado de argentina» recordó Elida.

Perna se desempeñó muy poco tiempo como trabajador en el Ferrocarril, pues fue señalado por un civil ante las autoridades de facto como alguien a quien chupar por tratarse de un recién llegado al pueblo que tocaba la guitarra. Al poco tiempo de haberse afincado en General Pico, le siguieron el secuestro, la tortura y el encarcelamiento por parte del grupo de tareas que funcionaba bajo el comando de la sub zona 1.4. Durante esos meses en que estuvo secuestrado en forma ilegal, fue derivado de la cárcel al área psiquiatrica del Hospital Lucio Molas.




Tras el secuestro, Elida inicia su búsqueda por donde le dijeron que se lo habían llevado desde Pico a Santa Rosa, la Seccional Primera. Allí le comunicaron que su marido estaba «incomunicado» y le prohibieron verlo.

«Un día volví a ir y me dijeron que ya no estaba más ahí, pregunte pero no me dijeron, y a donde iba no me recibían», dijo la testigo que relató su visita al Hospital Lucio Molas, luego de que un comisario, de apellido Lacrose le había dicho que su marido «tenía un tema de salud» y que necesitaba de un psiquiatra.

«Recién a la noche nos recibió el doctor, nos dijo que no estaba ahí, y yo le pedí que por favor revisara el libro de entrada en el que encontró un extranjero. Salgo al patio y una enfermera me esperaba, me dijo que mi marido estaba muy mal y que yo tenía que levantar la incomunicación para verlo, porque no comía ni tomaba la medicación.

Elida relató el cuadro de situación cuando le permitieron verlo «estaba en muy mal estado, desnudo atado a un catre» y recordó las «secuelas» psiquiatricas y los golpes de las torturas que lo marcaron hasta el último de sus días.

«Cuando él me vio se tranquilizó, y empezó a comer la comida y tomar los remedios», dijo y recordó que la monja que lo custodiaba la dejaba verlo durante las noches, lo que significó una mejora en el estado de Oscar.

«Me sugirieron que cambie la forma para pedir que levanten la incomunicación y me fui a la gobernación en donde me atendió el secretario del jefe de gobierno y me dijo que el gobernador no me podía atender, él grabó todo lo que le conte y me dijo que me vaya que tal vez mañana iba a tener noticias», reveló la forma en la que fue atendida por las autoridades de gobierno.

Al finalizar el encuentro, se va y es abordada por Baraldini en uno de los pasillos de la dependencia, «quien me dice que me vaya tranquila, que mi marido ya estaba en libertad, en la seccional primera, y el 28 de diciembre fue dejado en libertad, después de un mes», relató Elida quien agregó que luego el represor les dijo que «sabía del trámite de nacionalización que estaban haciendo y que podían quedarse a vivir tranquilos en La Pampa».

«Desde aquel entonces nos hemos quedado a vivir acá, un poco nos ganó todo el afecto que hemos recibido de toda la gente de La Pampa», contó.

«Mi marido continuó con tratamiento psiquiátrico particular. Contaba que cuando lo torturaban tenía presente que el gobernador le había regalado una guitarra que le habían entregado los diputados Robereto Gil y Hermes Acatoli, y pensaba «si me hacen esto por tocar la guitarra yo se la devuelvo», porque creía que era el motivo», testimonió

En su declaración, cuenta que los nombres de los torturadores que mencionó su esposo son Fiorucci, Gatica y Olivera.  También que fue atendido por el médico Perez Oneto.

Ante el requerimiento de los abogados, Elida respondió que su marido no tenía ningún problema psiquiátrico previo al secuestro y tortura, tampoco tomaba medicación alguna, pero que cuando volvió a verlo “tenía la lengua azulada, y el cuerpo todo estropeado”. «Hasta que no se compuso, no lo dejaron salir, estuvimos 1 mese en el psiquiatrico», recordó.

Consultada sobre las torturas, contó que «lo golpeaban y le decían si tocaba la guitarra, canciones de Guarani, y el decía que tocaba sus temas. Lo más terrible para él fue que lo golpearan en la cabeza, en el oído».

El calvario no terminó con la liberación de Perna. Quedó libre bajo la figura de «libertad vigilada», figura impuesta a su familia también. Elida describió que fue hasta 1986, incluso, que tuvieron que presentarse a la Policía para decir que hacían y que no, a donde iban, quienes los visitaban, «estuvimos vigilados muchos años, no podía integrar el club de madres, ninguna comisión directiva, y nos teníamos que presentar siempre a la Policía».

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