Por Silvio Tejada. El día amaneció lluvioso, el agua parece siempre literalmente significar en claridad, en dar un paso más allá de lo turbio. De esa manera comenzó una nueva jornada de este histórico juicio de lesa humanidad. El ingreso a la sala se demoró, el clima confabulaba la llegada y el atasco de involucrados e involucradas, se acreditaba la prensa y un numeroso grupo de alumnos de 5 y 6 año del colegio Favaloro de Ataliva Roca se mezclaban con abrazos inigualables de quienes se reconocen parte , testigos y familias de apoyo valeroso. Un juez entra con su computadora protegida entre el sobretodo, fiscales que ingresan pasados de agua y una obediencia debida que nos trasladan por la escalera a cielo abierto; más agua sobre este escenario alto de la avenida del Colegio de Abogados y un baño químico que abre su olorosa puerta en el patio interno y expulsa a un chancho imputado.
Baraldini, el domador de la picana, luce más descansado, el beneficio de su arresto domiciliario lo hace ver mas relajado, usa su cuaderno de espirales anotando vericuetos de sus maniobras de escape a la verdad y desde sus lentes de marcos dorados observa todo.
El tribunal dando comienzo a la nueva jornada no hizo lugar al pedido de la defensa para omitir la presencia de los imputados en las audiencias. Este tema sembró debate entre partes y vino al caso la ausencia repetida de Fiorucci sin haber realizado su declaración indagatoria y que en el día de la fecha se sumó al faltazo , sin previo aviso, del imputado Grepi y una enorme pantalla aclara sobre el artículo 275 y el falso testimonio.
Llamada por Secretaría ingresa Raquel Angelina Barabaschi, ocupa el banquillo renovado de la sala del Colegio; abogados de los imputados a su derecha, y los fiscales y querellantes a su izquierda. “Póngase cómoda”, le indicaron a Raquel , víctima y testigo, cómo si fuera posible conciliar ese estado con toda su historia a cuesta en este juicio oral y público y estando sus verdugos a escasos metros. Luego le leen las obligaciones y derechos de las víctimas, derecho a un trato digno, respetuoso y contar con el tiempo necesario para narrar sus padecimientos, y con la obligación de contar la verdad.
Raquel fue víctima de la violencia estatal previo a la dictadura, allá por el año 1975. A más de 40 años de esos hechos comienza a dar testimonio. Fue estudiante universitaria en la universidad Tecnológica de General Pico, luchaba junto a otros y otras por la regionalización de esta universidad que dependía de Bahía Blanca. Formó junto a compañeros y compañeras el centro de estudiantes. No sólo estudiaban sino que trabajaban en la conformación de esa universidad obrera, los alumnos asistían de noche , mucho de ellos vestidos de overol o ropa de grafa, armaron una pequeña imprenta con un mimeógrafo, allí hacían los apuntes para todos los trabajadores, “era una construcción colectiva para toda la sociedad, estaba en la calle 32 y 3 y cuya única política era la política del trabajo”.
A este movimiento se lo empieza a combatir propinando la intervención de la Universidad. Ante este panorama se hace una toma pacífica de la misma en enero del 75 que dura hasta mediados de año. Una noche producen el desalojo, existiendo registros fotográficos de cuando eran trasladados a la comisaría primera de General Pico, todo esto fogoneado por el matutino La Reforma acusándolos de trapos rojos en plena vigencia de la triple A. Relata Raquel que los trasladaban a la Comisaria Primera de Santa Rosa en unos carros de asalto, los llevan a la jefatura, les toman sus huellas dactilares y les inician una causa sobre usurpación, luego fueron liberados y al volver a Pico se encuentran con profesores que habían sido echados. Según su testimonio queda en claro que la vida dentro de la universidad fue bastante tortuosa, también perseguidos hasta cuando iban a tomar un café. Una noche de diciembre de 1975, de madrugada violentan una puerta del patio de la casa en donde vivía Raquel e ingresa una patota militar con Baraldini a la cabeza, Raquel y su amiga estaban en ropa interior y las sacaron a empujones, revolvieron todo, las insultaban y actuaban con mucha animosidad, había tanquetas en la esquina de la casa y soldados en los techos. La trasladan a Santa Rosa por un camino vecinal, la hacen bajar y le advierten que allí mismo pueden matarla, finalmente llegan a la Comisaria 1ª de la capital provincial, la alojan en una habitación, le toman declaraciones a cara descubierta, estuvo incomunicada un tiempo, siendo posteriormente eximida de ello. En esa época Raquel estaba estudiando para rendir, una compañera le alcanzó algunos libros y pudo anotarla para dar el examen. Quedando en libertad dos días antes ,esta Raquel joven de 20 años, que en medio de estos tormentos pudo estudiar viajó hacia General Pico y rindió “curiosamente” la materia Realidad Nacional que aprobó con 9: “fue muy gratificante para mí, porque en el tiempo en que estuve detenida pude aprovechar para estudiar pero tristemente fue la última materia que pude rendir en la carrera de Ingeniería. Eso fue el principio del fin”. Durante los meses que siguieron hubo una resistencia pacífica, hicieron volantes donde informaban a la población qué cosas habían hecho en la Universidad y qué habia realizado la pseudo intervención,: “todo lo que nosotros habíamos construido en los pocos años que tenía la facultad fue destruído en unos pocos meses”. Juntaron alrededor de 2500 firmas, casa por casa para elevar al Ministerio de Educación pidiendo el reintegro de los profesores, la cosa cada vez se estaba enrareciendo más, el ambiente era denso: “teníamos noticias de compañeros de Córdoba y La Plata que también eran allanados en forma intempestiva y eran detenidas y desaparecía gente… y finalmente se da el golpe de estado el 24 de marzo, nosotros estábamos en la casa y a las pocas horas vienen y nos llevan detenidos y a las pocas horas nos dejan en libertad y luego de ir a trabajar, cuando retornaba me para un celular , una camioneta con puerta de rejas atrás y banco a los laterales y me avisan que estoy detenida”. A Raquel la envían a la seccional primera de General Pico y luego, al otro día en un carro de asalto la trasladan a Santa Rosa. Allí comienza un relato preciso, y a cuentagotas se nos introduce en una película de terror, de pasillos obscuros en dónde Raquel comienza a ver lo imposible de digerir, personas que amistosamente conocía y que se arrastraban de una manera muy impactante, dolidos de tortura y espanto.
Una noche una celadora la busca con un pañuelo negro sujeto entre las manos acompañada por un policía que traía un par de esposas:… “me di cuenta de que algo me iba a ocurrir”…, la celadora le venda los ojos, le esposan las manos atrás y la conducen a la planta alta, la celadora le iba indicando el paso de los escalones, la conducen por un pasillo hacia el fondo hacia una oficina, allí la celadora la suelta, alguien la recibe y la llevan a una oficina, la ponen en el centro de la misma y le aplican una trompada muy fuerte en el estómago, la tiran al suelo, la levantan, la sientan a una silla, le sacan las esposas, le ponen los brazos detrás de la silla y la vuelven a esposar, se escuchaban muchos pasos, muchas voces y allí sentada en esa silla lo primero que hacen es desvestirla , una blusa blanca con botones, se la desabrochan, se la quitan, le quitan el corpiño le desprenden el pantalón y empiezan a manosearla…
Raquel fue interrumpida por el tribunal antes de que siguiera en su relato para advertirla de que si ella lo requería hacían desalojar la sala para preservar su intimidad sexual. Entre sollozos mira a los genocidas y contesta que seguirá adelante en su testimonio por “memoria y verdad” y pregunta si están todos los “valientes que hicieron lo que hicieron”.

Volvamos a la escena, la reconstrucción que nos permite este testimonio de Raquel… había música sacra sonando bien fuerte intentando disimular los aullidos de dolor que se filtraban desde la sala de tortura de la Comisaria, eran entre 8 y 10 personas, así desvestida… le pegan trompadas, cachetadas , le ponen un arma en la cabeza y hacen que gatillan, y le preguntan sobre si conoce la picana, pusieron algo en marcha, “como una soldadora eléctrica”, lo primero que hacen es ponerle la picana en las esposas, distribuyendo el golpe de corriente por todo el cuerpo, le ponen la picana en la cara, al lado del ojo, le abren la boca y le ponen la picana , alguien le sostiene la lengua porque la lengua se le daba vuelta, en los dientes la picanean, después en el estómago y en los pechos, luego de esa sesión de tortura, cansados ya de torturar, los monstruos beben alcohol, se siente el ruido del hielo en los vasos, le quitan las esposas de la silla, le sacan la venda y le ponen un cigarrillo en la boca y la llevan nuevamente a la habitación con la celadora quien le advierte que no puede tomar agua por 48 horas por que era contraproducente por la picana recibida y todo esto … “al servicio de la patria” como se lo advirtieron…, la desnudaron, manos inescrupulosas abusaron de ella, voces chillonas, olores fuertes,y el dolor avanza, los golpes de corrientes sobre su piel, su lengua que resiste, sus pezones lastimados, no podía ser su cuerpo más…, su panza azul y su dolor interminable de no reconocerse, las marcas de las esposas en las manos, tirada Raquel en una oficina hasta que la trasladan a la celda de las mujeres.
De noche no se dormía, siempre ruidos y los llantos, y los gritos de las personas torturadas en la planta alta, solo se descansaba los domingos ya que los torturadores no llegaban y ellas…sabían que era domingo porque se escuchaba las risas de los niños en las hamacas en el parque frente de la comisaria, una nota de alegria… como cantar todos los días la “zamba de mi esperanza” para de alguna manera saber si estaban todas… Otra vez la picana, Raquel es trasladada a la planta alta de la Comisaria y vuelven a repetir la misma sesión que la anterior, fueron cuatro sesiones de tortura, el procedimiento fue el mismo, en una oportunidad hubo una situación distinta, siente que el golpe de corriente la recorre por todo el cuerpo sin sentir el elemento punzante, ese día había estado todo el día sin ir al baño, en esa sesión se orinó y ellos ponían la picana en el charco del piso.
Raquel describe su historia y añade que escribió una novela que nunca publicó sobre la memoria en construcción con un esfuerzo enorme que la enaltece. Su liberación luego de una treintena de días es el epílogo inabarcable de sus recuerdos, su regreso a casa, los libros enterrados en un campo bajo una huerta de remolachas, su casamiento, su lucha incansable en lo social, en derechos humanos, su dignidad y esa zamba que amanece floreciendo como un querer.


