
Previo a la Revolución, Cuba era un país que se dedicaba casi en su totalidad al monocultivo de azúcar. Las tierras eran en su mayoría propiedad propiedad de norteamericanos, y cuando la Revolución triunfa firma la Ley de reforma agraria, que le devuelve las tierras a los campesinos. Cuba comercializaba azúcar con países de Europa del Este, de donde conseguían alimentos y fertilizantes entre otros elementos. Cuando cae el muro de Berlín, se produce el derrumbe del socialismo en dicho continente, la disolución de la URSS y con ella los lazos comerciales con la isla, en donde comienza el «Periodo Especial», una crísis económica recrudecida por el bloque económico que Estados Unidos trabó desde 1960 y profundizó sobre todo en la década del 90. La falta de estos productos de orígen químico para cultivar y la creciente necesidad de alimento, hicieron que el Gobierno cambiara de paradigma agricultor, llevando a los campesinos a explorar técnicas de la agroecología. Todo este proceso y su vigencia en el tiempo como una de las muestras que sin venenos se puede cultivar y alimentar a gran escala, es relatado por los propios protagonistas, campesinos, productores, las personas que hacen la «Agroecología en Cuba».
Juan Pablo Lepore, director e integrante del Colectivo Documental Semillas, presentó «Agroecología en Cuba, a cien años de la Revolución Rusa» en la Feria Provincial del Libro, y dialogó con Plan B sobre su cuarto largometraje en el que retoma las críticas al «agronegocio letal» como en «La jugad del peón» de 2015, pero desde el paradigma agroecológico de Cuba, «una luz de esperanza en medio de una catástrofe medioambiental, para pensar otro campo posible», según su definición.
«Cuba es una alternativa real, concreta y aplicable en cualquier estructura en donde se piense la producción de alimentos para la gente, no como hoy en este modelo que le llaman agronegocio en donde estamos alimentando chanchos chinos. Este sistema solo beneficia a unos pocos, que desde siempre han forjado este agro que se gestó con la campaña del desierto asesinando pueblos originarios para quedarse con las tierras y hoy se repite ese asesinato a cuenta gotas y legitimado por una política estatal.
En ese sentido, recalca que Cuba se planta hoy «como un modelo de como puede ser el autoabastecimiento y la soberanía alimentaria de un país, y me gustaría diferenciarlo de la seguridad alimentaria, en donde el resto de los países del mundo dependen de los commodities, y cuando eso no está más, como en Cuba con el bloqueo de Estados Unidos y la caída de la URSS, nació la agroecología en la isla y es el caballo de batalla, y después de 25 años ha logrado un nivel de excelencia, donde técnicos e ingenieros de todo el mundo van a hacer posgrados de agroecología».
Lepore hace hincapié en la importancia de la agroecología como política de Estado y el rol del Gobierno entregando tierras a los campesinos, acompañado con paquetes de conocimientos sobre agrotecnia. Con el correr de los años esto se convirtió en una agricultura extensionista planteada como una solución para el autoabastecimiento de alimentos pero también para el trabajo.
«Solo en Cuba son 400 mil puestos de trabajo que genera diariamente la agroecología. En Argentina hay más de un 30 por ciento de la población sin trabajo, en este sentido otro campo posible, no solo por la urgencia y la necesidad por la contaminación y las catástrofes medioambientales, sino también por que genera trabajo. Hay muchas aristas que responden a este estado de emergencia que estamos viviendo y que los gobiernos no lo reconocen, pero que la gente lo vive día a día, y la agroecología se erige como una luz de esperanza para que podamos pensar otro campo posible», sintetizó el realizador.
Argentina cuenta con experiencias agroecológicas, «de producción campesina» aclara Lepore y cuenta que responde a la «producción campesina o los conocimientos campesinos de siempre, con sus propios controles biológicos, haciendo la agricultura con la naturaleza adentro».
«Estas cadenas de producción involucran a un numero muy importante de familias organizadas, en donde se comercializa a los consumidores a precio justo, consumiendo un alimento de calidad, financiando a su vez a estos productores para que sigan generando alimentos, es decir, se genera una cadena que es necesario visibilizar cada vez más», manifestó.

Con los pies en Cuba
Lepore define el proceso de autoabastecimiento de alimento cubano como una agricultura de nivel «casi japones, artesanal» en donde hay «33 trabajadores en 2 hectáreas produciendo 135 toneladas de comida».
En este punto aparece la función social de la tierra, Cuba es un ejemplo en contraposición a Argentina, en donde el documentalista aclara que «en un país con una matriz agroexportadora es necesario replantearse como debe ser ese campo y quienes van a trabajarlo».
– ¿Que aporta «Agroecología en Cuba» a la crítica al modelo del agronegocio en nuestro país?
– Es otra visión de como se puede producir en el campo. Nosotros trabajamos para producir soja para alimentar chanchos chinos y ellos trabajan para alimentar a su población, son dos posturas diferentes de como plantar los pies en la tierra, sumado a la de ¿a quien le pertenece la tierra?. Ellos tienen tierras cooperativas, tierras fiscales donadas por el Estado para generar estos emprendimientos. En ese sentido el documental aporta una luz de esperanza a los productores que están haciendo agroecología en sus chacras, y acompañar una tendencia, que va cada vez más en aumento, y que se plantea como una opción real en la producción de alimentos.
«La mentalidad de la gente está cambiando, y entiende más que los agrotóxicos no son la respuesta a las malezas y las plagas, y otras. La naturaleza es incontrolable, no se puede pensar una agricultura sin la naturaleza, sin pensar en la microbiología, los elementos vivos, no se puede pensar esto con una mentalidad ecocida de eliminar todo, incluso al ser humano, esto tiene que generar un impacto en la población, como hizo Pablo Piovano con «El costo humano de los agrotóxicos», son elementos que sirven para visibilizar esta problemática y al mismo tiempo proponer alternativas, y la agroecología es una de ellas», dijo Lepore

