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Fuerte denuncia a los efectos negativos del modelo agropecuario en la Feria Provincial del Libro

9 octubre, 2017
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En su primer visita a La Pampa, el periodista y escritor, Patricio Eleisegui, expuso en la 1° Feria Provincial del Libro los efectos de los transgénicos y los pesticidas utilizados en el agro, una investigación periodística que publicó bajo el nombre de «Envenenados: una bomba química nos extermina en silencio», y hace pocos meses sacó una nueva edición.

Durante la charla, Eleisegui se explayó sobre la cultura de la producción de cultivos transgénicos en nuestro país, los objetivos del modelo agroganadero industrial, las empresas y Estados comprometidos con esto, las consecuencias ambientales y sanitarias, y repasó cifras y números escalofriantes desde que en Argentina se aprobó en 1996 la soja transgénica, y que dan cuenta de no solo la consolidación, sino también de la profundización de un modelo de la muerte.




“Hay una decisión del Estado argentino, y de trasladarlo a otras latitudes. En Brasil ingresa la soja transgenica a través de Misiones. Y a Uruguay fueron los Grobocopatel, al igual que en Paraguay, a su vez fueron asesores de Chavez, y siguen viajando a Colombia para asesorar sobre el modelo productivo”, recordó el periodista.

“Todo el proyecto político de los gobiernos y municipios giran al rededor de la caja que genera la soja transgénica”, dijo y señaló que en nuestro país se produjo la frontera agropecuaria «se expandió un 70 %», y que desde la implantación del modelo importado desde Estados Unidos, es decir los 90, «el único negocio que no decayó en todos estos años fue el de los pesticidas».

A la aprobación de la soja transgénica resistente al glifosato y Roundup en el 96, le siguieron el maíz y el algodón. «Ahora tenemos una papa transgénica de la empresa Tecnoplant, perteneciente al grupo Sidus, un gigante de la industria farmacológica, cuyos integrantes forman parte del gobierno, como por ejemplo Lino Baraniao y Alejandro Mentaberry», agregó Eleisegui, quien ha puesto en evidencia como muchas veces los ministerios públicos se convierten en filiales de estas empresas a partir de la designación de ministros gerentes.

Uno de los obetivos del modelo es «acompañar el crecimiento económico y social de otros países», sostuvo el periodista. Como el ejemplo de China, que a partir de su transformación económica, también se producen cambios en la alimentación de la población que comienza a consumir más carne, cerdo, pollo, y por ende en la alimentación de estos animales con forraje. Argentina empieza a venderle soja transgénica a China.

«El objetivo del modelo es estrictamente economico», remarcó Eleisegui y señaló que los beneficiados son los grandes actores del sector como Bayer, Monsanto, hoy fusionadas, Syingenta, Dow, Dupont, BASF, los cuales «cada vez que asume un nuevo gobierno ejercen presión para sacar la Ley de Semillas, para el control de la misma, porque el negocio imposible de separar es la venta de pesticidas. Es un verso que el arroz dorado está permitiendo alimentar a millones en el mundo», agregó el periodista.

Pero la naturaleza respondió generando su propia resistencia. También estas empresas comienzan a sumaron más productos pesticidas y también las cantidades. Argentina es el país que más agroquímicos utiliza por persona, superando la media mundial.

Las primeras consecuencias que comenzaron a evidenciarse en nuestro país son la pérdida de cultivos a partir de la extensión de la soja transgénica, los llamados «desiertos verdes», la desarticulación de las economías regionales, como por ejemplo los cierres de tambos, los recortes en empleo.

Como consecuencias sanitarias, asistimos a nacimiento de niños con malformaciones, muertes por cáncer y abortos espontaneos en zonas agrícolas, como el caso de Las Vertientes, en donde el 20 % de las mujeres declaró al menos un aborto espontaneo. Algunas de estas, como muertes y malformaciones, se aplican también al ganado.

Se dispararon los indices de trastornos de tiroides, diabetes, sindrome de Down, cardiopatías congénitas, entre otras. En Córdoba, hay una 30 % de cáncer en poblaciones agrícolas.

A su vez, estudios recientes han detectado glifosato y otros químicos utilizados en el campo, en frutas y verduras. El caso de Rocío, una niña de 12 años que murió intoxicada por comer una mandarina con pesticida furadán, prohibido para su comercialización en Argentina, es la evidencia real de las consecuencias de este modelo.

Otro químico prohibido para la venta en nuestro país desde los años 90 de acuerdo al Programa Nacional de Riesgos Químicos es el DDT, considerado mortífero por le Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y que hoy se sigue adquiriendo por vías alternativas. Prueba de ellos es el estudio realizado por científicos del CONICET y la Universidad de La Plata, y difundido en julio de este año, en el cual se demuestra la presencia de pesticidas en 6 de cada 10 frutas y verduras adquiridas en la Ciudad de Buenos Aires, entre los que se encuentran el endosulfan, paratión o plaguicidas organoclorados persistentes de la familia del DDT.

También un caso de esto es el de Ituzaingó en la periferia de la Ciudad de Córdoba, en donde se registraron 300 casos de cáncer en 5 mil habitantes (media 200 en 100 mil). Había endosulfan y glifosato en sangre del 8 % de los chicos.Las Madres de Ituzaingó en 2001 denunciaron el envenenamiento y la lucha generó 11 años después la primera condena penal a un productor y aviador fumigador.

El glifosato es el más vendido en nuestro país, es «el eje de la soja» según Eleisegui, quien recordó los resultados devastadores en los seres vivos que arrojaron los estudios de Andres Carrasco, científico del CONICET y embriologo de la UBA.

«Bloquea reparación del ADN, altera y activa la muerte de la célula, produce malformaciones en vertebrados, induce aumento de cáncer permeable a la placenta y persiste hasta 12 meses en el ambiente», dijo sobre la publicitada inocuidad del veneno.

A partir de esto, expresó que hay una «consolidación de esta matriz productiva» y reveló que hay «40 semillas transgénicas desde 1996 hasta esta parte, 31 incorporan resistencias a pesticidas, el resto la toxina BT, y se desarrollan 3 semillas que resisten hasta 3 plaguicidas combinados».

Además, planteó que «se expande la frontera de la soja con pruebas que hoy alcanzan a Mendoza, Neuquen y Chubut». Un ejemplo de esto es el caso de Río Negro, que firmó un acuerdocon la empresa estatal China, Heilongjiang Beidahuang, para sembrar 240 mil hectáreas de soja transgénica.

Hoy, casi el 100 % de la semilla de soja es transgénica, y el efecto de la polinización en otros cultivos resulta transgénica. «Hay presencia de alfalfa transgénica que ingresó de afuera», afirmó el periodista.

«El 95 % del maíz está modificado genética y el 95 % del algodón es transgénico», repasa los números del modelo promovido por los empresarios del agro y los gobiernos. «La última facturación por venta de agroquímicos es de 2.500 millones de dolares», agregó.

«La idea que tienen estos tipos es la de Argentina como abastecedor de alimento del mundo. Vamos hacia más tratados comerciales con China y el sudeste asiático, negociaciones con India y Europa, y el desarrollo de nuevas tecnologías para transgénicos como el cártamo (cardo) para aceite y enzimas para el queso, papa, y variedades de girasol», expresó sobre las perspectivas del modelo.

¿Que vamos a hacer con la gente que va a quedar afuera del campo?

«Las provincias agrícolas tienen menor crecimiento demográfico, pero hay un corrimiento de la población porque necesitan el campo libre, por eso molestan las Escuelas rurales o limítrofes con zona de cultivos de soja y otros transgénicos», contó Eleisegui y recordó el reciente fallo de la justicia de Entre Ríos, que condenó a un año y 6 meses de prisión en suspenso a 3 hombres por fumigar a alumnos y docentes del establecimiento educativo 44 de Colonia Santa Anita.

«La agricultura va a ser cada vez más una agricultura en laboratorio. Argentina tiene convenios para intercambiar tecnología agropecuaria, en los que habilita a países de afuera para que traigan transgénicos y los prueben en nuestro suelo», planteó.

¿Como nos vamos a alimentar?

«Con Procesados de soja y maíz transgénico. Al rededor de 1000 productos alimenticios de los que se comercializan en supermercados tienen estos procesados», advirtió sobre los alimentos que compramos para consumo. «Comemos peor porque nos alimentamos con la degradación de la industria”, sentenció.

Ante esto, remarca la «responsabilidad» de las y los consumidores conscientes, pero sobre todo «la necesidad de la vuelta a la agroecología» como forma de interacción del ser humano con la naturaleza, de producir alimentos y de consumo de alimentos que no nos envenenen.

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