

María Antonieta Lebed, docente, testigo y esposa de Carlos Samprón, secuestrado y torturado por el grupo de tareas durante el operativo de Jacinto Aráuz, declaro en el juicio a los represores. Mencionó al ex comandante de la Sub Zona 1.4, Fabio Iriart, y al ex jefe de Policía, Luis Enrique Baraldini.
Lebed y Samprón arribaron a la localidad del sur de La Pampa en 1975, cuando este consiguió el cargo de Rector del Colegio José Ingenieros de Jacinto Aráuz. Habían llegado con un niño y un bebe recién nacido.
Samprón era ingeniero agronomo recibido en la Universidad del Sur de Bahía Blanca, además del trabajo en la institución educativa, le habían ofrecido trabajar en una Cooperativa Agricola de la localidad. Ambos se desempeñaron como docentes en el mismo establecimiento.
El 14 de julio de 1976 se llevaron a su esposo del Colegio en el operativo conjunto entre las fuerzas militares y policiales de la provincia en el Colegio. Hoy declaró como testigo por el secuestro y tortura.
«Pasaron 49 años, es una vida, en la que no he olvidado o por lo menos he intentado no hacerlo», relató Lebed sobre los hechos ocurridos en Aráuz y el calvario que lo toco vivir los años posteriores.
La testigo manifestó que previo al operativo, hubo algunos «episodios anteriores» en el pueblo que adelantaban lo que se iba a vivir en la comunidad.
«En Febrero del 76, según supimos, un Policía, Comisario Fiorucci, había ido al pueblo y se había reunido con personajes muy conspicuos, conservadores del pueblo, preocupados por una monografía que había solicitado una maestra del guerrillero Manuel Negrín. La familia se molesta y dicen que en el colegio hay una avanzada marxista que va a corromper a la juventud», contó.
«Era medio difícil de creer que gente se reúna para conspirar contra alguien que supone o piensa, pensar que las ideas corrompe hasta un lugar es exagerado», añadió.
Otro episodio que cuenta es el de la visita de los funcionarios del organismo nacional de escuelas privadas, «investigaban Colegios a ver si había ideas comunistas, marxístas, etc. Entre el 5 y el 7 de julio del 76, uno de ellos inspector Olmedo toca la puerta para hablar con Carlos, y yo lo hago pasar al sr. que me dice “voy a ver su biblioteca”, reviso todo, agarró la biblia latinoamericana y me dice “este es un libro muy peligroso”, ese fue otro antecedente contó Lebed.
«Carlos se fue al colegio y no lo volví a ver», dijo la docente. Pasó un mes hasta vio a su compañero, a partir de una llamada de teléfono anónima que le decía que estaba encarcelado en la Unidad Penal N° 4.
Sobre el episodio en el que se llevan a Samprón de la escuela, recuerda que minutos más tarde allanaron su domicilio sin ninguna orden judicial, «requisan mi casa, me sacan todo, el nene de la cuna, el ropero y en un momento Iriart me dice que estoy detenida en mi casa, que nadie puede entrar ni salir y me dejaron rodeada», contó sobre la orden impartida por el ex jefe de la Sub Zona 1.4
En esos días, recibió ayuda y acompañamiento de la familia de Jorge Malan. «Yo tenía 26 años y tenía dos chiquitos, estaba desesperada», relató Lebed y agregó que los uniformados volvieron a allanar su casa en horas de la madrugada «cuando entra otra vez con la requisa pensé que me iban a matar, pero no ocurrió, fue todo muy fuerte» dijo con la voz quebrada.
Un día después se encuentra en la casa de Malan a quien por entonces era el jefe de Policía, Luis Enrique Baraldini, y le pidió saber donde estaba su esposo, «no me respondió», contó la mujer.
Repasó algunos nombre de los docentes que se llevaron de la Escuela y las tortura, «nos enteramos que eran Samprón, Álvarez, Pozo Grados, Bertón y Konning», que fueron encapuchados, maniatados y trasladados al puesto caminero del pueblo, identificado más tarde como uno de los centros de detención en nuestra provincia, «les pegan, les hacen simulacros de asesinatos, cosas que me enteré después porque me lo contó mi marido», añadió.
«Yo pensaba que salía en 3 o 4 días, pero cuando voy a ver al cura Bosch de la Iglesia Valdense me dice nena no te hagas ilusiones no va a salir», dijo.
Lebed hizo una foto del clima de época «nosotros aparecemos como una célula guerrillera en el sur de La Pampa según el diario La Nueva Provincia»,dijo sobre el diario colaborador de la dictadura.
«En aquellos días fue tremendo el avasallamiento, una intromisión, me aterrorizaron, también descubrí que tenía cierta fortaleza, no me asuste, seguí preguntando, viaje a Santa Rosa y no estaban en la Comisaría, en la UP4, no estaban», relató.
Uno de los nombres que se cuela en su relato es el del fallecido Dr. René Favaloro, «era amigo, pero me dijo que no se quería meter con ese tema», contó la testigo, que continuó tocando distintas puertas para dar con Samprón «intenté hablar con el obispo Arana, intenté hablar con un amigo de mi madre o padre y mandar una carta, fui sola hasta Toay y me atendió un sr. con un rango de oficial que no puedo precisar quien es y saco una ficha que era mía, y me dijo que yo era comunista y me amedrentó, pero me dejo ir», dijo y agregó que tuvo mucho temor.
Al mes recibió una llamada de una persona que le comunicaba que su compañero estaba preso en la UP4. «Carlos estuvo 8 meses en una celda solo, el mes que estuvo desaparecido fue torturado con todos los sistemas de tortura conocidos. Tardó un año y 3 meses en salir».
«Yo me quede sola en la casa de Aráuz, una casa que nos habían prestado, creo que pertenecía a la Municipalidad y en noviembre el intendente de la dictadura, de apellido Forestie, me hecha de la casa diciéndome que era persona no grata y me dejan sesante por ser persona peligrosa a través de un telegrama firmado por Videla. Quedo sola y me voy a vivir con mis padres a un campo, en Medanos, Buenos Aires», recordó Lebed sobre los peores meses de su vida.
En ese proceso, Carlos Samprón es sometido a juicio federal, «en Santa Rosa ningún abogado quería tomar el caso, en Bahía Blanca me dicen que trabajo con el defensor oficial de apellido Perotti, que por supuesto me trata bastante mal, de comunista de barrio norte y me muestra que se habían llevado de mi casa algunos libros, cosas irrisorias, de sociología, política y como yo venía todas la semanas a verlo a Carlos, iba al juzgado, entonces dicen en un momento porque no viene este inspector Olmedo a declarar».
Por otro lado, la testigo recuerda un encuentro traumático con el juez federal Walter Lema,, al frente del Juzgado Federal hasta la finalización del Proceso «me cita y me dice que me cuide porque yo no estaba presa pero en La Pampa no había cárcel de mujeres. No sabía que hacer», dijo.
«Así hasta que Carlos conoce a alguien que estaba preso, que lo conecta con Berhongaray, y tiempo después sale», contó Lebed y denunció que «lo de Aráuz estaba muy bien planeado».
Las víctimas y personas que sufrieron aquellos hechos recuerdan entre los episodios, una persona que tenía contactos con la armada en Bahía Blanca y que quería el cargo de rector que le dieron a Samprón en el Colegio José Ingenieros y efectuó la denuncia «para mi que es de apellido Mendez, creo que era sobrino de la sra. de apellido Rodriguez, que era directora de la Escuela Primara Nacional del pueblo», mencionó la testigo.
A su vez, recordó que había otras situaciones locales llamativas pero que si se las piensa hoy «hicieron a una historia», dijo Lebed, cuando contó que «había dos Clubes de un lado de la vía y del otro, y gente de un lado nos denunciaba porque trabajábamos en contra del juego y la timba».
Finalmente, Samprón es liberado, «creo que salió con libertad condicional, yo lo vine a buscar ese día, es una escena muy triste, recuerdo que Carlos se mareaba al ver el afuera, casi no podía caminar. Pasamos por Aráuz en donde dormimos esa noche. Después nos fuimos a Medanos y a los pocos días nos fuimos a vivir a Necochea, de donde era su familia, el se sentía más seguro ahí», expresó la mujer.
Ante la consulta de la querella sobre los casos de abuso sexual denunciados, Lebed dijo que la docente «Estela Estevez, me cuenta que la manosean, que la tocan, que la amedrentan y la dejan» y relacionó con el hecho al ex oficial de la Comisaría de Jacinto Aráuz, Miguel Gauna, quien quedó fuera del juicio al no pasar el test cognitivo realizado por peritos judiciales.
Durante las requisas, de la biblioteca de la familia fueron sustraídos algunos libros considerados por los inspectores nacionales y los represores como «material peligroso», y que años después los recuperaron en el juzgado federal de Santa Rosa en oportunidad de otra declaración.

