
Carlos José Samprón, el director de la Escuela José Ingenieros copada por policías y militares en el operativo Jacinto Aráuz, declaró en el marco del segundo tramo de los juicios de la Sub Zona 1.4, en donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos por los represores en los años de la dictadura.
El ingeniero agronomo contó hoy como como las fuerzas represivas llegaron al pueblo, lo sacaron de forma brusca del aula y se lo llevaron detenido, «fui trasladado a la comisaría del pueblo, siempre vendado y esposado, y alojado en un calabozo” contó sobre el proceso que continuó con torturas en el Puesto Caminero, luego en la Seccional Primera de Santa Rosa, y al que le siguió el traslado a la Unidad Penal N° 4 y la Unidad 13 en la última etapa de encarcelamiento.
«Me sentaron en un piso, y escuché como el resto de los compañeros del pueblo eran sometidos a golpes y a distintos sufrimientos que les producían gritos de dolor, exclamación, y luego me tocó sufrir a mi golpes, picana eléctrica, ahí descubrí de que se trataba, me hicieron sufrir una experiencia que nunca había vivido», expresó Samprón.
El docente estuvo privado de su libertad por dos años. Declaró que los interrogatorios en donde fue torturado con golpes, simulacro de fusilamiento, la práctica del submarino seco y picana, «no tenían sustento, era de caracter denigratorio, me decían zurdo de mierda te vamos a matar y me amenazaban: ahora vamos a ir a tu casa que está tu mujer solita», relató.
Samprón contó que había «un desagrado de los sectores más conservadores de la población, que veían en la actividad del Colegio algo peligroso para el pueblo, había rumores de un supuesto izquierdismo en lo que se impartía». Otro indicio de lo que después se tradujo en el operativo conjunto de las fuerzas represivas, fue «la visita de un inspector rarísimo que secuestró de la biblioteca libros de revisionismo histórico y hasta un libro de Borges, y cuando le pregunté ¿por qué? me contestó que era anglofilo».
«La parte más conservadora uso a este grupo armado para deshacerse del Colegio y escarmentar a la comunidad que hacía clases comunitarias en las plazas del pueblo, las prácticas que se desarrollaban en los campos de los alumnos, que participaban los profesores de la Cooperativa, de la Planta Lactea para cuidar esa cuenca, los profesores y los productores trabajábamos para sostener a este pequeño grupo de productores para que pudieran sostener sus tierras, porque estaban viniendo grandes actores a comprar, nosotros sabíamos que donde desaparecen estos desaparecen los pueblos», dijo el ingeniero agronomo, quien aclaró que era peronista.
«Ese era nuestro proyecto subversivo, nuestro trabajo, al cabo de un tiempo había mucha gente molesta, y afortunadamente se cambió la estructura económica del pueblo y así lo ha hecho afortunadamente”. Ese fue el clima desde la fundación del Colegio», agregó.
Samprón expresó que «inventaron una novela de que los del Colegio eramos subversivos, porque la Comisión era representativa de todos los sectores del pueblo».
«Esto explica las conductas de personas que ocuparon cargos después durante la dictadura en el Pueblo, y que se encargaron de plantear las pautas de como tenía que ser la economía del pueblo. Este contorno sociológico motivó las acciones que se sucedieron en Jacinto Aráuz a partir de 14 de julio de 1976», explicó el docente.
“Aprovecharon el día de la muerte de Santucho para hacer el operativo de Jacinto Aráuz, para darle más importancia mediática, para decir que habían detenido a los subversivos de La Pampa”, relató sobre las acciones del gobierno de facto y el control social implantado en aquellos años.
Sobre la presencia del ex jefe de Policía Baraldini, quien condujo el operativo, la víctima recordó que estuvo en todo momento encapuchado, por esto dijo que no pudo ver tampoco a sus torturadores pero que se enteró luego «tiempo después me enteré que hicieron allanamientos a domicilios del pueblo en donde estuvo Baraldini», dijo y agregó que el trabajo de inteligencia en el pueblo lo hacia Fiorucci (Roberto).
«Posteriormente me hicieron firmar cosas, ya no me importaba, porque no era cierto nada del proceso que se estaba llevando a cabo», dijo.
Sobre el juicio que se le inició, Sampron relató que fue «engañado» por el juez Walter Lema. «Le hice saber lo que estoy contando ahora cuando me inician el proceso judicial. La última actuación política que había tenido era la de haber sido presidente del centro de estudiantes de la universidad de agronomía en Bahía»
“Creí que el juez iba a ser justicia, pero se me acusó de ser responsable de subversión bajo la ley 2840. En La Pampa no había habido hechos subversivos, ni muertos. Fue una situación lamentable, pero en el marco del juicio se me pidió que nombrara a mi Defensor, en ese momento había pocos profesionales que quisieran hacerse cargo, y solo lo hacían algunos, y nombré al Defensor Oficial, que fue a la cárcel y me trató muy mal, que le estaba comprometiendo la carrera y que yo era un subversivo y una porquería de persona”, expresó Samprón.
«Tuve la suerte de haber conocido a un ex intendente de Pellegrini, y me contactó con De la Rúa, muy lejos de ser presidente por ese entonces, pero se interesó por mi y le encargó a Berhongaray que se ocupara de mi, fue mi defensor y el hizo que el 30 de marzo del 78 quedara en libertad”.
«En el 78 me reuní con Marín para decirle que no confirmara a Lema como juez porque había sido funcional al grupo de tareas que se había formado para reprimir lo que no era reprimible, porque jamás tuvimos ninguna actitud subversiva, y aunque la hubiera tampoco habría que aceptar dicho compartamiento del Estado”, reveló Samprón.
«A Aráuz no quise volver porque la mitad del pueblo creía que era un heroe y la otra un subversivo, y me fui a Necochea, empecé a pedirle trabajo a mis compañeros, tuve que ser mantenido por mis padres y a mi familia. Mi primer familia se quedó en ese proceso, se rompió», lamentó.
«Empecé a trabajar, y de golpe el subversivo comenzó a ser el héroe, que había sido torturado por la dictadura. Y en Necochea pude ocupar puestos públicos y rehacer mi vida. Un día de perdida de libertad es gravísimo, después viene el segundo, el tercero, así hasta dos años. El daño fue atroz», expresó.
“Aquel muchachito que dijo que vengan que no van a hacer nada se murió. Y ese mismo muchachito que creí en la justicia y fue engañado por el juez Lema, aprendió que las instituciones son importantisimas y tienen que funcionar, pero son perfectibles y hay mucho trabajo por hacer. Espero que lo mío y de mis compañeros sirva para que se haga realmente justicia”, dijo Samprón al finalizar su testimonio.

