
En la última ronda declaratoria de las víctimas y testigos del Operativo Jacinto Aráuz, aportó su testimonio Oscar Alberto Bertón, médico veterinario y uno de los hijos de Samuel Bertón, el mercantil y contratista rural comprometido con la gesta y sostenimiento del del Colegio Secundario José Ingenieros.
Bertón llegó a Aráuz días después del copamiento de las fuerzas militares en el que la institución educativa ocupó un lugar central. Aquel día secuestraron a su padre. Se enteró de esto cuando sus tíos lo fueron a buscar a San Martín, de vuelta de General Pico, en donde estudiaba en aquel entonces. Contó su vínculo con la institución y sus integrantes, muchos de los cuales fueron docentes de él, y lo que significó en la pequeña comunidad del sur provincial aquel operativo represivo.
Antes de declarar dejó en claro que lo que sabe fue por lo que testimonió por escrito su padre, con el advenimiento de la democracia. «Cuando uno es familiar de un detenido y en las condiciones en la que ocurrió esa detención, y mas por lo que acontenció luego en el país, uno tiene reservas de preguntar algunas cosas», expresó.
«Nosotros no sabíamos donde estaba mi padre, nos enteramos gracias a un sr. que había sido intendente en Aráuz, que se llamaba Julián Suarez, que tenía relaciones en Santa Rosa y averiguó. En Bahía Blanca estaban pasando cosas muy raras. Entonces para nosotros no era menor no saber donde estaba. El permanecía incomunicado», recordó Bertón de aquel primer encuentro no la noticia de que su padre había sido secuestrado.
Al ser consultado por el fiscal sobre si habló con algunas de las personas que estuvieron detenidos con su padre y quedaron luego en libertad, el testigo respondió que «no» y dijo que «cuando uno tiene miedo le parece que todo empeora la situación. Yo nunca más pude explicar la situación de terror que mi familia y yo vivimos. Cuando uno pretende contar las actitudes que ha tenido son difícil de explicar. Por que aparte yo tenía relación con quienes también habían sido detenidos, como el dr. Carlino, con el dr. Pozo Grados salía al campo con él, estudié lo mismo que él por eso, tenía mucho trato con quienes estuvieron preso con mi padre», describió.
Samuel Bertón estuvo encerrado por más de un mes. No volvió a ser el mismo luego de las torturas infligidas por sus victimarios. «Él era otra persona. Yo tuve la suerte de verlo integro a mi papa hasta que me fui a estudiar, después era muy temeroso, excesivamente callado. Después internamente lo que le pasaría…», dijo el hijo del contratista rural, «no se si se puede describir con pocas palabras, era una persona que tenía todos los amigos presos, que varios vecinos que habían nacido con él lo habían denunciado, que de todos los que se llevaron habían largado a él solo sin explicarle por que, y que no había hecho nada que explicara el encarcelamiento», expresó.
Sobre las denuncias realizadas por los civiles colaboradores de las autoridades de facto, Bertón aclaró que «las supe después de que él hizo la denuncia, en donde figuran esos nombres. Aráuz es chico, en donde la mitad son parientes. He intentado explicarme el ¿porqué? de esas cosas y no lo se, porque se criaron con mi papá. Yo no se a que obedecen estas denuncias, tal vez eligieron una vía mala o hasta desconocida por ellos para dirimir diferencias entre adultos», añadió.
«El Colegio promovía hacia el nucleo de la comunidad charlas con personas que venían a tratar sobre distintos temas. Era de orientación agropecuaria, y venía gente a charlar sobre temas que nos interesaban incorporar al Colegio, y mi padre estaba relacionado. Entre eso y cazar, que era el hobby que tenía, le llevaba mucho tiempo de su vida. Después de que salió papá nunca más con las armas, porque tuvo que salir a demostrar que esas armas eran de caza y no para ningún movimiento guerrillero. De las actividades del Colegio tampoco participó más. Él tenía miedo, a uno le parece que también con la gente que trata la va a comprometer, no lo se, pero te autoexcluís, mi papá pasó a no tener vida social, y cuando no la tuvo más no habló más, no participó más», se lamentó.
Oscar Bertón ya estudiaba en General Pico cuando fue el copamiento del Colegio Secundario Jose Ingenerios, pero se casó con una ex alumna que cursaba el quinto año cuando esto ocurrió «cambió mucho la vida interna del Colegio y la participación de este en la vida social del pueblo».
«Esto cambió el rol de lo que era ser un joven en un pueblo chico, es difícil de explicar, pero nosotros que vivimos la transición de no tener a tener un Colegio Secundario y después no tenerlo más, aquellas denuncias afectaron tremendamente el efecto en la sociedad de la ausencia de esa institución interviniendo en la sociedad, eso se paga más caro y no ha sido evaluado, lo pagaron los que denunciaron también en la vida de sus hijos», expresó el médico veterinario.
«Los denunciantes no tenían ni idea en que iba a terminar todo esto. Los adultos deberíamos aprender que a los jóvenes los tenemos que dejar resolver sus problemas y contradicciones entre ellos. Y los adultos debatir pero no mezclar, a nosotros nos hicieron pomada una generación, un colegio secundario, en las vacaciones pintabamos el Colegio, lo hicimos nosotros y 5 tipos con una denuncia hicieron mierda todo lo que habíamos hecho, yo no quise volver nunca más al Colegio, nos agarraron a la pasada y nos estrolaron, era un colegio en el que convivíamos todos juntos, yo soy amigo de los docentes que estuvieron declarando, entre todos arreglabamos los bancos, las denuncias anonimas de los civiles nos llevaron puesto a todos», concluyo su testimonio conmocionado y con la voz quebrada.

