
El miércoles 11 comenzó la ronda declaratoria de los estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de General Pico que fueron secuestrados y torturados en el marco del golpe de Estado el 24 de marzo de 1976.
Eduardo Horacio Oporto, trabajador del Hospital Centeno, fue el primero en contar el episodio de la represión ilegal que se llevó a cabo en General Pico, en donde protagonizó un reclamo junto a otros estudiantes contra la intervención de las autoridades designadas al frente de la UTN.
Un policía lo acusó de rayar el auto de una de las autoridades de la Universidad, «tuve una denuncia de haberle rayado el auto a Castiñeira, por eso se me inició una causa en la justicia», contó.
Oporto fue llevado de su casa a la Comisaría de Pico por oficiales que le dijeron a su padre que «era por averiguación de antecedentes». «No había ninguna orden de detención, mi padre era abogado, los jefes del operativo le plantearon que era para ver antecedentes, y ordenan mi detención, antes de la media noche nos trasladaron a Santa Rosa con 10 o 15 detenidos, no reconocí en ese momento quienes eran, pero si en el patio de la policía, estaba Linás, Leguizamón, con quien eramos amigos, pero realmente no recuerdo en ese momento los nombres porque se me mezclan con el paso de los años», comentó.
Fue llevado ese mismo día a la Unidad Penal N° 4, en donde le toman los datos y es ingresado en una celda independiente, «no recuerdo exactamente pero estuvimos 3 o 4 días hasta que nos llevaron a declarar a la Seccional Primera, esposados, nos hacen pasar a una oficina, y después ahí me vendaron, subí la escalera y ahí comenzó en otra oficina el interrogatorio», señalo.
“Nos interrogaron sobre las actividades que hacíamos en la facultad, sobre una confitería en donde los estudiantes se reunían a comer algo, si teníamos armas, con amenazas, golpeándome abajo y me tocaban con la picana, y hacían ruido con un papel que me decían que era mi certificado de defunción, no se cuanto pasó, pero estuvieron continuamente pegándome, caía en un sillón con las manos esposadas atrás, terminé con las muñecas hinchadas y doloridas, hasta que por otra puerta entró alguien y al parecer le habrá hecho algunas seña porque a partir de ese momento no me pegaron más, me decían que me iba a poner en la parrilla, en ese momento no entendía de que se trataba pero después charlando con gente me dijeron que eran camas eléctricas, yo tenía 21 años”, contó el crudo relato de las torturas en la Seccional Primera de Santa Rosa.
“No puedo recordar sobre que eran las preguntas, tampoco por cuanto tiempo fue esto. La persona que me estaba torturando era de estatura baja, un timbre de voz inconfundible que durante años lo recordé, si me cruzaba años después lo reconocía, era una sola persona la que hablaba. Había 2 o 3 personas más ahí”, relató.
Oporto recordó otros pasajes de aquel episodio que le provocó terror por varios años «cuando se me caía la venda trataba de avisarles porque realmente sabía lo que podían ser las consecuencias que se venían».
Previo al traslado a la UP4 firmó una declaración de los represores «con los ojos vendados». A su vez, contó que no fue revisado por ningún médico luego de la tortura en la Primera, y recordó que vio a «un petiso que venía con otros más y daba instrucciones y por el timbre de voz era él», dijo sobre su torturador. Al ser consultado por el juez Lacava sobre quién creía que era esa persona, mencionó a Cenizo.
Ya en la penitenciaría, relató que dudaron en dejarlo entrar «porque ven que tenía el estomago golpeado y las manos hinchadas, y por suerte me dejan entrar porque sino no se que podría pasar», rememoró.
Oporto mencionó algunos nombres de quienes estuvieron detenidos en la UP4 con él, «estaban Hugo Ferrari, Oscar Suarez, Aragones, Miguel Guinda, Leguizamón, de esos me acuerdo nitidamente». «Lo que recuerdo es que los más grandes como Suarez nos calmaban, yo tenía 21 años, uno se quebraba enseguida», añadió al relato.
«Estuve en la Primera otra vez cuando me liberan, estaba el ex intendente de General Pico, el sr Torres, que me dejó un espacio donde él se recostaba todas las noches, porque sino era imposible poder haber dormido en donde pude descansar», recordó de aquel momento en donde estuvo encarcelado.
«Luego viene la orden de General Pico, a donde me trasladan en calidad de detenido a disposición de la justicia, al juzgado del dr Álvarez, e inmediatamente fui liberado por la causa del rayón del auto de Castiñeira. Durante 2 o 3 años tuve que avisar cada vez que me iba de Pico, presentarme en la comisaría para decir a donde y cuanto me iba, y a la vuelta tenía que pasar otra vez. En ningún momento comunicaron porque hacían esto», recalcó.
Por último, se refirió a las consecuencias de las torturas «quedé con muchas consecuencias psicológicas, durante muchos años sentía un sirena y me volvía loco y el timbre de voz de la persona que me torturó que me atormentaba”.

El último en declarar en la audiencia del miércoles fue Miguel Horacio Guinda, otro de los estudiantes detenidos en la represión ilegal de General Pico.
Guinda volvía de almorzar en el comedor universitario y se dirigía al barrio junto a otros estudiantes en su Fía 600 de color blanco, en donde se realizaba un operativo conjunto de policías y militares. «Llegando al barrio había vehículos militares y de la Policía en la zona en donde vivíamos. Cuando llegamos nos detuvieron a todos. Ya había otros detenidos».
«En ese momento no me mostraron ninguna documentación ni nada. No dieron información de porque eramos detenidos. Tampoco en la cárcel”. Guinda fue llevado a la UP4 en Santa Rosa, respecto de ese episodio recordó que fue trasladado «con los hermanos Ginás, Rosa Audicio y Esposito» y otros nombres que no recordó.
“Cuando nos detienen, Ginás dice que va a buscar un buzo a su casa y le dijeron que no, que la demora era para hablar con el Coronel”, dijo el testigo. Desde aquel día han pasado 41 años y hace un intento por recordar los sucesos.
“Me trasladaron una vez a una dependencia policial, me taparon los ojos con una venda y no vi más nada. Me hicieron girar en varios sentidos para perder la orientación y me hicieron subir al primer piso, recuerdo por la escalera, a alguna sala en donde me interrogaron sobre situaciones acontecidas en el último año en la Universidad de General Pico, había varias personas, una sola preguntaba”, contó
“Primero las preguntas eran amigables y después más complicada, para mi no tenían sentido, trataban que recordara, amenazándome con que “si no respondes vas a la parrilla, después supuse que era una elemento de tortura, yo no podía responder porque no sabía nada. Hasta que una persona le dice a otro hablandamelo un poco a este, y este me tanteó y me dio un golpe, trastabillé y caí de espaldas en un sillón, me levantaron y me siguieron pegando y amenazando un par de horas y me pareció que se fueron de la sala, y volvieron y me hicieron firmar un papel como estaba y tuve que firmarlo, sin saber de que se trataba”, rememoró sobre el horrible episodio.
Las preguntas del interrogatorio en la Seccional Primera de Santa Rosa eran «¿como se comunicaba Ferrari con los extremistas el monte de San Luis?, ¿Quien les proveía las armas desde Bahía Blanca? ¿Quien prendió fuego el avión del policía en el aeroclub de General Pico?. Yo no tenía nada que ver ni sabía nada con semejante cosa”, contó.
Fue dirigido con la vista tapada a un subsuelo de la Seccional Primera «estuve bastantes horas, ahí ya me quitaron la venda de los ojos”, dijo y recordó que lo revisó «un médico antes de salir de la UP4 y antes de volver, las dos únicas veces», pero no dio ningún nombre.
“Un día un guardiacarcel me dijo “guinda hoy te vas, veni que te entregamos las cosas” así que por la misma puerta que entre salí, incluso me dieron un dinero que mi papá me había dejado para que me dieran”, contó el estudiante de la UTN.
“Desde el punto de vista psiquico tuve temor luego, que después fue cesando, por un tiempo determinado yo debía avisar a la Comisaría de General Pico si salía de la provincia, no recuerdo por cuantos años. Pude luego continuar con mis estudios”, dijo el testigo.
Guinda fue liberado 14 días después del 24 de marzo de 1976, bajo libertad condicional, debió concurrir a la policía cada vez que se iba a alguna lado. Pudo retomar y terminar sus estudios, según contó.

