
Cuando la prudencia indica que habrá que esperar hasta el escrutinio definitivo para declarar un ganador, la paridad entre Cambiemos y el PJ dejó algunas certezas: Verna fue el artífice de la lista de unidad, se puso la campaña al hombro, y se notó en las urnas. Cambiemos dilapidó algunos miles de votos y Leandro Altolaguirre recibió un revés que no esperaba.
Un primer análisis superficial permite establecer que cuando el peronismo juega a fondo, todavía mantiene capacidad de reacción y de convencimiento. Si bien se habla de un empate técnico, obtuvo este domingo 20 mil votos más que en las PASO, donde participaron 5 listas.
Y para lograr ese resultado fue fundamental que Carlos Verna se pusiera al frente de la campaña proselitista para dar una clara señal hacia afuera y otra hacia adentro: es todavía el gran elector, pero logró ese resultado gracias al trabajo en unidad que hicieron las mismas líneas internas que hace 2 años tuvieron un enfrentamiento encarnizado. También fue el artífice de la inclusión del kirchnerismo y del massismo.
Ahora, no les sobra como para relajarse de cara a las generales de 2019. Y no le sobra porque Cambiemos, que en principio parece el derrotado, perdió pocos votos: en las PASO las 3 listas cosecharon 98.221 votos contra los 95.499 del domingo 22 de octubre. La clave del nuevo resultado estuvo en la polarización y en el aumento en la cantidad de votantes.
El macrismo sostuvo el triunfo en General Pico por escasísimo margen, y en líneas generales repitió la performance de hace dos meses, con la excepción de Santa Rosa. El electorado capitalino le asestó una bofetada de realidad a un intendente que pretende seguir echando culpas y descuida la gestión en cosas mínimas, medianas y grandes de una ciudad en emergencia sanitaria.
Con un alto caudal de votos y una derrota por poco, Altolaguirre perdió unos 3 mil apoyos respecto a la gran elección de 2015. No parecen tanto, pero fueron los suficientes como para tener el primer traspié en menos de 2 años de gestión.
El domingo por la mañana, confiado por el resultado de agosto, arriesgó que si ganaba Maquieyra significaba un respaldo a su gobierno. Maquieyra no ganó, y por propias palabras, su gobierno no fue respaldado.
Fueron sus declaraciones las que convirtieron una elección legislativa en un plebiscito. Y lo perdió. Y es su gestión la que lo colocó como el gran perdedor de la jornada.
Tendrá suerte si el gobierno provincial no se toma como una ofensa las otras declaraciones: “ha habido una bajada de línea coordinada a nivel provincial, con los gremios a nivel municipal”, acusó cuando Plan B le preguntó si debía hacer una autocrítica por su relación con los trabajadores municipales.
Lejos de reconocer su error, redobló la apuesta y les enrostró un supuesto acuerdo conspirativo para que su gestión fracase. Una versión remozada de la herencia, de la culpa en los otros, de la excusa como respuesta ante la incapacidad para resolver los problemas cotidianos de la ciudad y sus vecinos.
A pesar del gobierno errático de Altolaguirre, la Alianza Cambiemos no ha parado de crecer desde que se presentó en 2013. Y pasó de poco más de 30 mil votos a más de 95 mil en tan solo 4 elecciones, contando las dos de 2015. Hoy tal vez no le alcance a sus militantes para tener un consuelo, pero con la frialdad que da el tiempo, será un dato insoslayable para propios y extraños.
Por su parte, el píquense y ex radical, Juan Carlos Passo, no logró terciar en la pelea entre Cambiemos y el PJ y no pudo mantener los casi 9 mil votos de las PASO. Superó los 7.200 y se colocó en el tercer lugar. La sociedad polarizó sus preferencias y entró en la lógica dicotómica entre el macrismo y el peronismo.
En la Izquierda, el Frente conformado por el Nuevo Más y el MST, creció respecto a las PASO y subió al cuarto escalón de la tabla de posiciones. En el quinto, también con un leve crecimiento, el acuerdo entre el PTS y el PO, mejoró la actuación de hace 2 meses.
Por último, el Partido Humanista quedó en el sexto lugar con menos votos que en agosto. Apostaba a cosechar apoyos de kirchneristas que participaron en la elección interna del PJ pero los seguidores de CFK “no sacaron los pies del plato” y los naranjas repitieron el caudal histórico de las últimas 5 elecciones.
Todo el campo popular, disperso y con diferencias superficiales y otras de fondo, no logra conformar una alternativa política real a las construcciones tradicionales. El viejo bipartidismo se ha transformado en una versión de aquel, pero modificada: ya no se puede hablar de dos fuerzas singulares sino que se trata de dos frentes electorales que se vienen disputando el poder político desde la aparición del FREPAM, hoy ampliado por derecha al Frente Cambiemos actual.
Y entre ellos, parece que se dará la pelea grande por la gobernación en 2019.
JJB

