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Barotto, el testigo que exigió justicia por los delitos sexuales perpetrados durante la dictadura

24 octubre, 2017
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El primer testigo en declarar fue Luis Alberto Barotto, uno de los estudiantes de la UTN de General Pico detenido ilegalmente por el grupo de tareas que actuó bajo el comando de la Subzona 1.4. Relató la función que cumplió el ex diputado Carlos Aragones en el operativo contra la comunidad universitaria, las detenciones ilegales y exigió justicia por los crímenes sexuales cometidos por los represores contra las mujeres.




Para el testigo los hechos dan inicio a partir de octubre de 1974, «cuando yo concurrí a la UTN en donde conformamos un grupo de personas que aparte de estudiar desarrollábamos tareas sociales, incrementamos ese grupo, vino un grupo de profesores que se hicieron cargo de la dirección y empezó a tener un resurgimiento en la ciudad. En ese momento, Carlos Aragones era diputado, y Rodolfo Ponce, que era del grupo del sindicato de cereales y estibadores del puerto de Bahía Blanca, que estaba también como diputado del Frejuli, y se decían desarrollar una universidad sindical. Presenta un proyecto, y les dicen que se acoplen a la UTN, para armar una sola casa de estudios que involucre a lo tecnológico y lo sindical, pero no tuvieron cabida en el Congreso y deciden hacerlo de manera violenta, Ponce entra en la Facultad Regional de Bahía Blanca de manera violenta, pone a su gente, sugiriendo que todos los que estaban a cargo eran zurdos y trapos rojos. En la UTN de General Pico ocurre lo mismo con Aragones, a quien no le dan cabida y trae de Bahía a los matones de Ponce con la misma denuncia, todavía estoy esperando que me demuestren que pertenecía a la 4ta internacional», exigió.

En ese entonces, interviene el juez Lema, «para dilusidar el problema, y la Policía nos desaloja de la Facultad con la acusación de delito de usurpación, eso llegó al juzgado, fue apelado en la Cámara Federal de Bahía en donde se comprobó que no había tal delito», dejó en claro Barotto.

«En la Facultad empiezo a conocer a algunos de estos siniestros, Aguilera a cargo de la Policía que estaba con Miscoff, quienes sacan a nuestro decano de la Facultad, también estaba Constantino que le decían «el General», Schefer y el comisario campano. Estaban presentes el intendente Torres y otro cabo de la Policía de apellido Gil», enumeró.

«Nos sacaron con perros y nos llevaron a la comisaría, en donde permanecemos unos días y nos dan traslado a la 1era de Santa Rosa, como había mucha gente nos vuelven a trasladar a Pico.  Nosotros trabajabamos comunicandole a la población lo que estaba sucediendo, pero teníamos dos problemas: Rene Androni concejal del MoFePa manejaba un auto con el fotógrafo de La Reforma, y nos fotografiaban, fotografías que utilizaron después», comentó.

«El decano que traen de Bahía Blanca es pte. del sindicato de Músicos, otro dato es que había dos personas permanentemente armadas dentro de la Facultad. Estábamos permanentemente vigilados por la Policía», retrató sobre lo vivido en esos días.

«En el 75 toda la Policía pasa a depender de las fuerzas militares, con el visto bueno de las autoridades provinciales, el vicegobernador era Ruben Marín. En la casa de Rosalín, vuelven a realizar un allanamiento, preguntó su madre quienes eran los responsables, y se presentó un tal Taboada y también estaba Baraldini, «el prófugo Baraldini, perdón». Yo me entero porque la madre de Rosalin pide que me informe porque yo era su pareja. Cuando llegó ya se la habían llevado. Nos comunicamos con el diputado Gil y le dicen que Raquel estaba detenida en la comisaría y que no podía tener comunicación con nadie, durante 7 días. Nos comentó que la atendió un oficial que se presentó como Reinhart, le decían «el ruso», que la característica era que tenía fuerte olor a transpiración y voz de pito. También aparece Cenizo, que era muy jóven, Raquel lo conoce porque había estado con él en Winifreda,  y estaba también Fiorucci. Reinhart preguntaba por los grupos subversivos, en un interrogatoria a cara descubierta», recordó Barotto.

Llega el golpe de Estado del 24 de marzo del 76, y comienza otro periodo signado por «la incertidumbre y el miedo», expresó y dijo que lo que hicieron fue «infligir terror sobre la ciudadanía, no solo porque no respetaban el Estado de derecho, sin también por el plan económico. Ese mismo día en General Pico, en la calle 24 y 307, estábamos en el barrio que se daban a los estudiantes con becas y llevan a cabo una racia, y llevan a algunos a la comisaría local».

«Nosotros sabíamos que se venía algo pesado, a mi me mandan una citación para que me presentara en la comisaría para después de las 19, llegue después de trabajar con mi padre, me voy caminando y una vecina me avisa que en frente de casa había un baldío con Policías apostados. Me fui directamente a la comisaría, que estaba a 7 cuadras, habían montado un operativo tipo II Guerra Mundial, con tanquetas, bolsas de arena, ahí me recibe un Policía y me coloca dentro de una habitación, tenía miedo, porque no sabía que me iba a pasar y después de dos horas aparece el teniente coronel,Cobuta, que era una nazi hecho y derecho, vestía con gorra, lentes oscuros, saco debajo de la rodilla, hacía cortar el tránsito para ir a hcer sus trámites al Banco Nación, y también el comisario Chacón, que sabía todo lo que hacíamos, yo fui con el hijo a la primaria, y me insinuó que yo había errado el camino, que estábamos con grupo subversivos, y Cobuta me pregunta ahí por las armas que habíamos comprado en Bahía y a que grupo de subversivos pertenecíamos nosotros, como yo no tenía nada para contestar me dijeron que no me preocupe que cuando vaya a Santa Rosa, vas a cantar todo lo que tenes que cantar», relató sobre las amenazas recibidas durante el proceso de detención y traslado.

Además, recordó que el MoFePa había sacado un comunicado, firmado por Alfredo Cayre y Rodolfo Rogero, «que fue piloto cuando Amit fue gobernador de La Pampa, diciendo que nosotros nos habíamos desviado del camino y teníamos que corregirnos», dijo la víctima y manifestó la importancia del dato porque «el prófugo Baraldini se reunió después con nuestros padres y tuvo el mismo discurso, que nos habíamos desviado, dijo que había dos tipo de personas, fogosas como nosotros que tomamos la facultad, y otra que eran los ladrones, a nosotros nos habían hecho una causa por el robo de un mimeografo, que lo usábamos para hacer los trabajos los estudiantes, pertenecía al centro pero ellos determinan que era de la Facultad, y nos hacen una causa federal con el juez Lema, que lo vinimos a ver a su casa porque no nos atendían en el juzgado y nos sacó corriendo. Después se encontró la factura de la compra del mimeografo, y quedó bien aclarado el tema, que los ladrones eran ellos», aclaró.

En General Pico fue alojado en la comisaría con Hector Suarez, otro estudiante y periodista deportivo que trabajaba como periodista deportivo en LU 37 con Hugo Ferrari, «también detenido porque trabajaba en la difusión de la Facultad», relató.

Posteriormente son llevados a Santa Rosa «por un oficial de apellido Iglesias que se dedicó a atender la seguridad en el Hospital Centeno». «Nos trajeron por un camino vecinal de tierra que sale por Anguil en la Ruta 5 y de ahí hasta la 1era de Santa Rosa, en donde había todo un aparato con Policías afuera armado esperandonos y luego somos trasladados a la UP4, en donde somos alojados en celdas individuales», relató Barotto.

Unidad Penal N° 4

«No teníamos contacto, al lado lo tenía a Nelson Nicoletti, del otro a Mendizabal, un muchacho que estudiaba economía en la UNLPam. Veo detenidos a Covella, a Calvo, a Reucci, Oporto, los hermanos Llinas, a gente de la cooperativa eléctrica, a Belier, que tiene un hijo desaparecido, era contador de una fábrica de allá, Aguirre que lo apresaron por un problema que había tenido en aduana, y otros muchachos que habían venido de Bs.As a trabajar al Ministerio de Obras Públicas en Santa Rosa, mucha gente y ahí el trato de una de las personas, el señor Aimar fue muy bueno, y podíamos estar mas tranquilos pero había otro personaje que era más grande, descendiente de alemanes, que no nos dejaba hacer nada. También cuando nos cruzábamos en el baño, ahí vi como habían quedado Covella y Calvo después de las torturas que les hicieron», rememoró sobre el estado de algunas de las víctimas que pudo ver después de las torturas.

«Una de las noches no subieron a un camión y nos trajeron a la Primera, tenía mucho miedo, nos llevaron a la Brigada de Investigaciones esposados, me hacen entrar por un pasillo en donde había una luz muy tenue, antes de entrar a la habitación me colocan un poncho y pierdo toda la visibilidad, y lo que escuchaba ahí eran pasos, música sacra de Iglesia, horrible, y luego de un prolongado lapso una persona se sienta frente a mi, me pregunta a que grupo subversivo pertenecía, que actividades hacía, sobre las armas que compramos en Bahía Blanca, yo no tenía nada que decirle porque no habíamos hecho nada de lo que nos acusaban ellos, a todos nos preguntaron sobre la muerte de un Policía en el aeródromo de General Pico, que según lo que determinó la Policía se cayo arriba de un calentador y se quemó, pero nos lo endilgaron a nosotros, ese Policía de apellido Cejas es enterrado a cajón cerrado y lo llevan custodiado por los oficiales, es decir, la mujer nunca supo como murió», contó Barotto.

Sobre aquel episodio, contó que quedó desmentida la acusación, «Estela Maris Barrio es acusada de su muerte, ella va a ver a su mujer y le reconoce que sabía que no habíamos sido nosotros, sino que sabía que había otro problema oscuro pero que no sabía que era».

Barrios es una de las víctimas de delitos sexuales cometidos por los represores. Hoy fallecida no estará para relatar el horror que vivió aquellos días. «La violaron cinco policías. Que explique Baraldini quien era esa gente o si el estaba en ese grupo, quiero decirlo porque ella ya no está, y se que este señor es tan cobarde que nunca va a reconocer eso», exigió el testigo y amigo de la víctima.

La patota de la Primera

Barotto es trasladado como otros a la Unidad Penal 4, «me revisó un médico, que era alto con anteojos gruesos, como no tenía ningún tipo de marca me llevan devuelta a la celda, después de cuatro días con interrogatorios, que sacaban a la noche a gente y la torturaban en la Primera, un día nos dicen a mi y a Gómez que nos van a largar y nos llevan a la Primera, ahí aparece el caso del mimeografo y devuelta al calabozo ahí, en donde empezamos a conocer a toda la patota policial y militar».

«Un día se lo llevan a Roma, y vuelve con el estomago negro de la semejante paliza que le pegaron, él nos hablaba de Reinhart, Fiorucci, Atos Reta, y el comisario Constantino. En el pasillo además se veía a Guevara Nuñez que era jefe de la Seccional, a la celadora Elsa, a Cenizo también porque tenemos un encontronazo cuando nos tiró la comida por debajo de la puerta de la Celda, era muy joven, más o menos de la edad nuestra. También Yorio, que siempre iba vestido muy elegante, era secretario de Baraldini» mencionó.

«Una noche nos metían a las apuradas en una pieza y nos sacaban fotografías, ponían a todo volumen en la radio esa música horrible, nos venía una tristeza total porque sabíamos que estaban torturando a compañeros y compañeras, porque lo más cobarde que hicieron fue las torturas a las chicas. Había un muchacho que era de Trenel, él conocía a un Policía de ahí y le daba información de como torturaban a las chicas, no se como pudieron hacer todo eso que hicieron, es de muy cobarde», manifestó la víctima.

La vuelta a General Pico

«Cuando se aclara lo del mimeografo nos liberan. Cuando nos vamos a retirar nos dicen que quedamos bajo el régimen de libertad vigilada, teníamos que firmar un cuaderno en la comisaría de General Pico. Volvimos al pueblo, con mucho miedo, porque no sabíamos que iban a hacer con nosotros porque nunca nos dicen nada», rememoró Barotto, otro de los detenidos que fue liberado bajo «libertad vigilada».

«La Facultad seguía igual, se hizo muy complicado con Raquel porque recién a los 60 días me dejan venir a verla a Winifreda a donde había sido mandada por Baraldini porque decía que era una persona irrecuperable. Allá también había problemas, porque estaba el Comisario Otalora, que era alcohólico y coimero además, en donde siempre me pedía cosas que le lleve, seguimos así por unos años estábamos re podridos, nosotros estábamos atravesados por dos personajes siniestros que eran los policías y militares y Aragones, quien  es cómplice y no víctima. A él a la noche lo retiraban y contaba todo lo que pasaba dentro del pabellón, los compañeros que sabían nos alertaban que no hablemos delante de él. Además, después declaró a La Nueva Provincia en la misma linea que los militares», relató Barotto.

«Era muy difícil vivir así, sobre todo la relación con las otras personas que vivían en Pico, nos evitaban porque había mucho miedo, el terror es la principal arma que tienen ellos para establecer los regímenes totalitarios, como cuando estábamos en democracia se pintaban la cara para hacer golpes de Estado, ahí también estuvo el profugo Baraldini. Nosotros tratábamos de no encontrarnos en las calles para que no nos acusaran de nada. También muchos compañeros perdieron trabajo y se hizo muy difícil conseguir, sobre todo cuando tenes antecedentes», reveló sobre la tortura vivida a manos de los represores.

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