Continuando con la ronda de testimonios en la reanudación de las audiencias por la segunda etapa del juicio Subzona 1.4, el ingeniero y productor agropecuario, Dardo Horacio Hernández, relató como fue detenido en General Pico con otros jóvenes y estudiantes, el interrogado y las torturas en Santa Rosa. «Llevo cuarenta años buscando justicia», dijo hoy en su declaración.
Cuando cursaba sus estudios universitarios fue detenido en la casa de la familia por el grupo de tareas, «iba vestidos de civil, me iban a detener y a allanar la casa, y mi padre se pone en contacto con un abogado y se pone en contacto con le comisario» contó y recordó que en ese momento estaba con las carpetas abiertas «y uno me pregunta cuanto te falta para recibirte, le respondí y él me dijo que nunca me iba a recibir, no solo me recibe sino que ejerzo mi profesión con honradez, estoy seguro que él no podría decir lo mismo».
Hernández aseveró que «se abrió una acta de allanamiento». Luego fue subido y llevado en un vehículo a Santa Rosa, «era un chevy mostaza claro, e iba escoltado por cuatro personas, en el camino ocurre un hecho de color, de color negro, ya que por poco chocamos con un citroen, viejo, y tres de los custodios se bajan a increpar al chofer y lo que yo supuse por la forma en la que lo apuntaban le hicieron un simulacro de fusilamiento», relató.
Posterior a ese hecho fue trasladado a la brigada de investigaciones, «baja este oficial rubio y me llevan a la brigada de investigaciones, la Primera estaba llena y por eso me llevan ahí», permanece alojado allí en donde ya le vendan los ojos y le colocan las esposas.

Las torturas y los cuarenta años buscando justicia
Luego de cuatro días inicia el episodio de los tormentos y vejaciones, continúa con la vista tapada, le quitan las esposas y le atan las manos con una soga, «me sacan la camisa y quedo con el torso desnudo, me pegan con lo que considero eran guantes de box, muy fuerte al punto de generar casi un desmayo, luego me colocan corriente a los costados de la costilla, y me produce lo que yo consideré era una levitación, que yo flotaba, esa tortura fue tremanda, un horror, me produjo en mi un desmayo y un temblequeo permanente que parecía que me iba a durar toda mi vida. Cuando me despierto tenía sabor dulce en la boca, suponía que me estaban dando agua con azucar para palear esas torturas en el cuerpo. Me sacaron las sogas y me colocan otra vez las esposas de metal. Cuando me van a llevar a la celda me cruzo con un joven policía, delgado, morocho con pelo ondulado», recordó Hernández.
Desde aquél episodio, fechado el 19 de febrero de 1977, el testigo contó que «pasaron 11 días para que se metieran en la celda nuevamente, en un operativo extravagante, me llevan en un torino escoltado por otros autos y motocicletas, a la unidad penal 4 en donde soy alojada en una celda de castigo».
Durante el testimonio lleva una ayuda memoria para recordar algunas fechas y guiarse, no quiere dejar cabos sueltos, pero pasaron cuarenta años y algunas cosas se difuminan. «Tienen que haber sido 1 o 2 de marzo, porque se que el TOF, investiga a médicos de la provincia de La Pampa. No había pasado más de 1 hora cuando aparecen tres personas, traje blanco, corbata y una planilla en la mano, me hacen sacar la camisa y me miro el abdomen que era una sola hematoma, con dolores impresionantes, supuse que estos médicos me iban a dar un analgésico, pero no lo tuvieron en cuenta. Por eso sugiero al TOF si los días 1, 2 y 3, pueden investigar quienes eran estos señores de la UP4, no digo médicos porque podían ser paramédicos», dijo Hernández señalando la participación de un grupo de médicos que revisaban el estado de salud de las víctimas después de las torturas, algunos testigos han señalado también la presencia de estos durante esas sesiones de tormento.
«El 23 de abril en un hecho de inusitada violencia, digo así porque el transcurrir de nuestros días no fueron jornadas tan traumaticas, ni de violencia o tortura, pero esa noche, nos sacan a diez estudiantes univestirarios y un trabajador que también estaba detenido, en unos celulares y vehículos con sirenas , somos escoltados hasta el aeropuerto, subidos a un avión y nos encadenan atornillados al piso del avión, unos al lado de otros, miembros del SPF recorrían de ida y vuelta pegandonos en la cabeza, los hombros, las espaldas, con los cascos que tenían en sus manos. El trayecto duró pocas horas, hasta que nos llevaron al ingreso de un penal el cual nosotros no sabíamos a donde íbamos», relató Hernández sobre el traslado a lo que después supo que era la U9 de La Plata.
«Había al rededor de 20 uniformados que nos estaban esperando, y 15 o 20 personas vestidas de blanco, con la misma vestimenta que los que vi en la UP4, más tarde nos enteramos que les llamaban de tratamiento. Luego me enteré que estuve en la UP 9 de La Plata. Los ingresos eran terribles. Traían gente de La Perla, entre los que ingresaron eran Gerardo Luna y «papi» Torres, que nos contaron la paliza que recibieron de estos señores vestidos de blanco, peor que cuando los detuvieron», contó.
«Fuimos alojados en los llamados pabellones de ingresos, 16 A y 16 B, y después nos fueron trasladando a los de adelante. En el mes de agosto del 77 me sacan de la celda y me llevan a un pabellón amplio, en donde había escritorios y sillas de un lado y otro, me sientan e ingresan unas cinco o seis personas diciendo que vienen de La Pampa a practicar una instrucción policial enviados por el juzgado federal en la provincia para que se me inicie una causa penal por violentar la ley 2840, de atentar contra el Estado, la 2135 que prohíbe las actividades partidarias y el artículo 210 del código penal, con el argumento de que me podía caber la asociación ilícita por haberme confabulado con otras personas. Luego se retira, y alguien me amenaza diciéndome que esta vez la sacaste barata, la próxima no va a ser igual», rememoró Dardo Hernández.
«Al poco tiempo me sacan y me llevan con una personas que era secretario del juez Lema y que venía a decirme que me bajaban la causa por la que me habían hecho la instrucción y que nombrara a un abogado defensor, y nombre a Ciro Ongaro, amigo y una gran persona», dijo sobre el abogado de los detenidos durante la dictadura en La Pampa.
«Había pasado una año (78), fue el año del mundial, de poco movimiento, sandwich, como todos los años de mundiales. Pero en el 79 dos personas me abren la puerta de la celda y eran Tom Farer, presidente de la CIDH, dijo que prepare un escrito, que no temiera y que se los entregara a ellos porque no iba a haber represión del SPF. Les entregué una denuncia similar a la que hoy hago aquí. El presidente de la CIDH es remplazado y tiene un intercambio con mi madre y le avisa que van a estar atentos a mi caso», recordó de aquel episodio en que el organismo continental visitó Argentina desde el 6 al 20 de septiembre de 1979, tiempo durante en el que estudiaron casi 5.600 denuncias de desapariciones forzadas que fueron la base de un informe que el organismo publicó un año más tarde y que le presentó al genocida Videla.
El documento comenzaba diciendo «por acción de las autoridades públicas y sus agentes, en la República Argentina se cometieron durante el período a que se contrae este informe -1975 a 1979- numerosas y graves violaciones a los derechos humanos». La dictadura se extendería hasta 1983, aunque la estructura represiva seguiría funcionando los años posteriores.
«Muy poco tiempo más tarde, me visitan otras dos personas que dicen pertenecer al primer cuerpo del ejercito y me preguntan que iba a hacer cuando saliera en libertad, obviamente quería estar con mis padres, recibirme, antes de cada una de esas preguntas pedían permanentemente mi filiación y domicilio, mas tarde me entero que el resto también fue interrogado. Esos señores eran Abrante y Silvestre», mencionó Hernández.
Fue liberado el 23 de octubre de 1979, excarcelado de la U9 de La Plata, pero siguió a disposición del PEN bajo libertad vigilada, «el 9 de julio de 1980 en los diarios nacionales aparece mi nombre con libertad definitiva por el PEN», recordó.
«El sr. oficial que el 19 de febrero de 1977 me dijo que «nunca más me iba a recibir», su voz me quedó grabada hasta el día de hoy, que no era otra voz aflautada e impostada que me provocaron los tormentos en la brigada de investigaciones cuatro días después de mi detención, era Reinhart, y el sr que observo a la salida de la tortura y quien se presentó en la U9 de La Plata para hacer la instrucción, ese sr. es Cenizo, Esos dos policías tienen mucho que ver con mi tortura», testimonió.
«Quien amenaza en la instrucción policíaca no lo puedo precisar, pero más tarde supe que entre los asistentes también estaban Fiorucci y Yorio», agregó Hernández sobre quienes realizaron la instrucción para abrir la causa, además de Cenizo.
La madre se reunión con el obispo Adolfo Arana para pedirle información sobre su hijo, la víctima dijo que el cura le respondió que vaya a ver a Baraldini «y levantó el teléfono y le concedió una entrevista, cuando mi madre le pregunta por mí, este señor le dijo su hijo es un delincuente subversivo, y por violar leyes que lo van a condenar está detenido. Es todo lo que tengo que decirle, no venga más por acá, y dirigase al regimiento 101 de Toay y pregunte por el capitán Amarante quien se va a encargar de darle la información, que era la misma que le dio Baraldini, no hubo otra información», contó.
«Lo mismo cuando fue a tocarle la puerta al juez Lema, le dijo su hijo es un delincuente de altisima peligrosidad, es más cuando lo liberen si lo veo voy a tener que cruzar de vereda por que tema que pueda atentar contra mi persona», relato el testigo.
«Han pasado cuarenta años para imputar a estos señores, cuarenta años que estoy buscando justicia, yo pregunto que paso en estos cuarenta años, quienes son los responsables», dijo Hernández y citó a Gramsci «hay un mundo que tarda en morir para otro que tarda en nacer, y en los claroscuros los monstruos».
«Esa frase está aplicada a estos cuarenta años, todavía los veo a estos señores, que no me refiero como monstruos, sino a los que impidieron que llegáramos a esta situación, las leyes» señaló la víctima y mencionó la ley de obediencia debida y punto final, y los indultos de Alfonsín y Menem, «esos monstruos son los claroscuros de la Argentina», finalizó.


