

Susana Berdasco es oriunda de Unanue. Era ayudante de cátedra en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam cuando fue detenida el 9 de noviembre de 1975. «Mañana cumplo 42 años de aquello», reflexionó.
Hoy contó ante toda la Sala como vivió con «terror» su detención y privación de la libertad. Cuando fue liberado estuvo indocumentada y durante mucho tiempo fue objetada para ejercer su trabajo docente, «tuve mucha consecuencias», relató.
Además, participó como investigadora en el Instituto de Estudios Regionales (IER), creado en 1974 con el objetivo de generar en la Universidad equipos de estudios en historia, sociología, literatura y linguistica, vinculados a lo local, y que fue desmantelado con la intervención de la Casa de estudios.
Berdasco contó que fue detenida en un domicilio de la calle Olascoaga, en el que vivía Adriana Culzoni, colega de la UNLPam, «era una casa amplia, compartida con otro matrimonio, ella era médica y él profesor de la Universidad, y otro ocupante que fue detenido con nosotros que era el oculista Mafran, y vivían con mi compañera que era titular de la Catedra de Pedagogía de la cual yo era ayudante. Nos ibamos a ir al Cine Don Bosco», recordó.
Contó que aquello que atravesó le provocó «terror». «Sentí el timbre, varias voces, pensé que era un error porque se abrió la puerta del baño y apareció el caño de una ametralladora, quedé paralizada», revivió.
«Tiraron todos los discos que había al piso, tiraban de la habitación de Adriana libros y ropa que había en los placares. Lo que me impactó fue que en la habitación de Roque Mafrán, el tenía una mesa con un manton de su mamá, y sobre eso tenía todo el instrumental que usaba para su trabajo, y vi horrorizada como le tiraron todo. Otra gente se dirigió al patio, ese choque de emoción brutal, que no nos dio ni para dialogar entre nosotros, nos preguntábamos ¿que están haciendo, porque?», contó Berdasco.
«Quedó la casa totalmente desolada, nos sentaron en la mesa y nos dijeron que quedábamos detenidos, le dijimos porqué y no recuerdo bien las palabras con que respondió pero fue algo así como «ya se van a enterar», dijo.
La víctima describió que el traslado se dio en un carro de asalto, que las llevó hasta la calle Pellegrini. «Había dos agentes de la policía provincial, que intentaban hablar con nosotros, y ya se había corrido la versión del allanamiento de esta casa, entonces pasaban los periodistas y nos fotografiaban, del diario La Capital, La Reforma, La Arena».
Esa misma noche fueron fotografiados en un subsuelo de la Jefatura de Policía, luego fueron llevadas a la Seccional Primera. «Fuimos llevado de madrugada, nos metieron en una celda cuyo hedor era muy fuerte, con olor a orina, había como unas goma espuma que terminamos de usar como colchón. No nos dieron comida ni nada», recordó.
Berdasco recordó que en aquel momento atravesaba un cuadro de infección urinaria y tenía muchos dolores, pidió que buscaran su medicación, pero no pasó nada.
«El médico dijo que quería tener una coartada, y me hizo un ademan como de empujarme para que me sentara en un sillón. Fruto de todos esos choques emotivos sufrí un desmallo, cuando reaccioné vi algunos uniformados en frente de mi, habían abierto una ventana, el médico que insistía que «parara con la farsa», esos uniformados estaban vestidos de azul, tengo esa imagen, era gente relativamente jóven, pero no sabría identificar a ninguno», rememoró.
De vuelta en la celda, enviaron oficiales a su domicilio para que recogieran los medicamentos que necesitaba para tomar. «También era necesario higienizarse, empezamos a pedir lavandina para limpiar», contó Berdasco y añadió que «a los pocos días, las dos fuimos sacadas hasta el jueves siguiente, dieron un espacio de visita de familiares. Mi abuela me llevaba comida».
«El segundo día comimos arroz. A los pocos días vinieron a buscar a Adriana y se la llevaron. Habían pasado muchas horas y como no volvía le pregunte a la celadora y no me respondió. A mi por mi infección me dejaban la puerta de la celda abierta para que valla al baño», recordó.
«Después me llamaron a mi y me llevaron a una oficina de la planta baja, en donde había un escrito que me hicieron firmar. Había una persona joven, de unos 40 años, que decía que yo había comparecido, que me habían hecho un pregunteo y que no tenía responsabilidades. Mi audacia fue muy corta, porque yo le dije que no me habían preguntado nada…y digo mi audacia fue corta porque yo firmé», dijo Berdasco entre lagrimas.
«Yo me fui sin documentos, estuve durante un tiempo indocumentada. Hasta que mi padre, varios meses después, habló con el comisario de mi pueblo, quien le dijo que iba a conseguir los documentos, eso sirvió como respaldo en la primera lista de desaparecidos del Nunca Más», manifestó la testigo y recordó que la llamaron del diario La Arena para consultarle por el número de documento y le avisaron que aparecía en la lista de desaparecidos.
Berdasco fue detenida sin razón, y además sancionada, ya que perdió trabajos, estuvo varios años sin poder retomar las horas de trabajo en el Colegio Nacional y las ayudantías en la Universidad, «fui considerada por la Universidad, pero estaba intervenida, fui restituida , pero había una presión muy grande, cada mes tenía que llevar al despacho del interventor el listado de material que iba a usar para las clases. Yo me sentía muy presionada», remarcó.
«A 3 meses estaba Seco Villalba en el despacho del decano, fue una conmoción también ese momento, porque había un arma al lado de las hojas de los trabajos sobre el escritorio», expresó la testigo.
«Era una situación de persecución criminal, acababa de recibir mis documentos, estaba muy vulnerable a cualquier situación que pudiera ocurrir en mi vida. A partir de allí estuve varios años sin trabajar, porque no podía volver, en las juntas de clasificación estaba objetada, mi nombre estaba objetado, tachada con rojo», rememoró.
«La que había sido mi profesora de literatura argentina en la Escuela Normal en donde fui alumna, conservaba buen recuerdo, y me dijo que iban a levantar la objeción para que la remplace. Después en el 84, viene un supervisor de Nación, me entrega una carta que dice que debía ser restituida en mis tareas y ser considerados mis antecedentes docentes», dijo sobre el documento que aún guarda.
Ante el requerimiento de la Fiscalía sobre la presencia del médico con actitud violenta cuando estuvo detenida en la Seccional Primera, Berdasco dijo que no lo identificó en el momento, «pero tiempo después supe que fue Máximo Perez Oneto, él estaba convencido de que «algo había hecho».
Del mismo modo, al ser consultada por el oficial joven que ella menciona, dijo que «con el tiempo se mencionó a Reinhart, pero no puedo afirmarlo».
Durante la instancia de detención, recordó que «se escuchaban por las noches como unos jadeos, que venían de la planta alta, pero no eran gritos, no se caracterizarlos, pero era una respiración que escuchamos varias noches».
«Yo estoy hoy aquí para contarlo, y hay muchos que no», dijo con lagrimas en los ojos y agregó que «aquí hay estudiantes secundarios, y yo tengo que contarles esto. No debe ocurrir más esto, los jovenes tienen el derecho a saberlo y nuestra obligación de mantener esto, mas allá de que haya algunos baches en nuestro relato memorioso».
La Sala de audiencia estaba repleta de estudiantes del nivel secundario de la Escuela Normal Clemente José Andrada, Liceo Informático, y la Universidad.
«No existe parametro para medir el sufrimiento, el haber perdido amigos que tuvieron que exiliarse y murieron en pena, como seguramente podría haber sido yo»
«Pido disculpas por como me pongo, pero hoy estoy aquí rodeada de quienes fueron nuestros verdugos. Nos atacaban por que eramos jovenes. Quiero decir que tenemos que colaborar en reconstruir esa memoria y por supuesto la justicia tiene que reparar la historia», manifestó Berdasco.
Tras su liberación, comentó que sabía ver «una camioneta de la Policía merodeaba» en cercanías de la casa en la que vivía, pero que no le impusieron ninguna vigilancia.
La Defensa planteó «dudas» sobre la declaración y apuntó a que «hay dos versiones» de como sucedieron algunos hechos. Después de que Berdasco explicara el suceso que involucra al médico, el juez Triputti se opuso a que el abogado siguiera con el interrogatorio por lesionar el derecho humano de la víctima, por lo que la Querella también adhirió a lo dicho por el magistrado agregando que el defensor «intenta confundir» a la testigo.

Posteriormente, el ex comisario Carlos Reinhart, pidió declarar espontaneamente para hacer aclaraciones sobre el testimonio de Susana Berdasco, quien mencionó que tiempo después de ser liberada, pudo concluir que uno de los presentes durante su detención era el ex policía.
El imputado tomó la palabra para decir que «en ese tiempo yo tenía 25 años, no soy rubio ni he sido rubio, y en ese tiempo nuestra policía no usaba uniforme azul».
Berdasco había declarado que de ese momento «se mencionó a Reinhart» pero no podía asegurarlo puesto que han pasado 42 años de aquellos hechos.
El ex policía e imputado por delitos de lesa humanidad cometidos bajo el comando de la Subzona 1.4 en La Pampa durante la dictadura, fue condenado a 20 años de prisión por ser culpable por 23 hechos de privación ilegal y 10 casos de aplicación de tormentos psíquicos y físicos.
En julio de 2016, fue procesado por el juez subrogante Luis Salas, por delitos sexuales cometidos durante aquellos años en perjuicio de dos víctimas, lo diferenció de las torturas y consideró que se trata de un delito de lesa humanidad cometido bajo el Terrorismo de Estado, por lo que no prescribe.

