

En otra ronda de testimonios por los crímenes cometidos bajo el comando de la Subzona 1.4 en La Pampa, declaró María Gloria Alcala, una de las víctimas de la represión ilegal en Santa Rosa a estudiantes de la UNLPam. Estaba embarazada de ocho meses y con contracciones durante los hechos. Pidió al Tribunal que haga «hincapié» en los delitos cometidos específicamente contra las mujeres.
“Quiero pedirle al Tribuna que sea preciso y haga hincapié en los delitos que tienen que ver con las cuestiones de géneros, la condición de mujer motivó torturas específicas que abarcan todo el arco del horror, para nosotros había una vuelta de tuerca, pido encarecidamente que se tengan en cuenta estas cuestiones”, solicitó a los jueces y recordó el caso de Raquel Barabaschi, una de las jovenes víctimas de los represores.
Era militante estudiantil en una agrupación universitaria y es uno de los tantos testimonios que demuestran el accionar de los grupos de tareas años previos al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Se trata de su primera declaración en el juicio desde su secuestro, que estima fue el 5 de diciembre de 1975. Antes había declarado en 2011 ante la jueza federal Odaso, cuando brindo su testimonio.
Después de su detención fue echada del trabajo en la Universidad, «vendí libros y cuando en democracia entro en la APA como técnica, en 1984, se hace el trámite formal de antecedentes policiales me llevo la sorpresa que dice que sigo bajo disposición de la Subzona 1.4», contó hoy ante el Tribunal.
«Estaba en la parrilla Rancho La Ruta festejando un triunfo gremial, porque la lista de quien ese entonces era mi pareja, Roberto Rodriguez, ganó las elecciones en la conducción de ATE, una lista de unidad gremial integrada por diferentes fuerzas políticas, que habían acordado la unidad para enfrentar a lo que en ese momento se denominaba la burocracia sindical», recordó sobre el contexto en el que la secuestraron.
En ese momento un integrante de la JP se acercó hasta el lugar para informarlo que «habían cortado la calle, con carros de asalto y soldados arriba de los techos en el domicilio de mis padres en la calle Moreno, frente al Club Estudiantes», y contó que resolvió «no ir, porque estaba embarazada de un varón de casi ocho meses y tenia que cuidarlo», y que el resto de los compañeros manifestaron que «tampoco durmiera en mi casca en la calle Irigoyen, a dos cuadra de la Av. Luro, y me fui a dormir a la casa de unos compañeros, que era uno de los más ajenos a mi, era la casa de «Caito» Cafardo tenía que ver con la seguridad, porque mi médico personal ya estaba preso y se estaba desmantelando el servicio provincial de Salud, Raúl Datri estaba preso, yo vi como se lo llevaban desde la esquina, había profesores presos, por lo que no era ningún dislate lo que pensamos, fundamentalmente protegí a mi hijo, esa misma noche comencé con contracciones».
En la casa de sus padres se apersona un oficial de ejército, que «dijo que iban a esperar a que yo llegara, revisaron la casa y no encontraron nada», dijo Alcala y agregó que «fueron a Casa de Gobierno para hablar con el gobernador Aquiles Regazzoli, porque teníamos muy buena relación, y nos dijeron que no estaba en ese momento y nos recibió el ministro de Gobierno, Molteni, una vez que le relatamos los hechos dice que va a averiguar, en ese momento llamó por teléfono adelante nuestro, no se si estaba llamando a la Policía, al Ejercito, y cuando corta confirmó que me buscaban a mi, y que la exigencia era que me tenía que someter a un interrogatorio, me dijo abriendo los brazos y diciendo «tenes que ir nena», que era la respuesta».
«Yo seguía con contracciones y quería que me viera un médico, así que fui yo la que decidió ir a la Seccional Primera al interrogatorio, y cuando llego me encuentro con una imagen como si fuera una asamblea universitaria, porque había compañeros de todas las facultades, haciendo cola, recuerdo con toda precisión al «Fachi» Falciglia, militante de FAUDI, me quedó grabada su mirada», recordó la víctima
«A mi me hicieron pasar en el acto a una habitación que me da la sensación que está en penumbra, en donde hay una sola persona en esa habitación y me ponen una lampara frente al rostro, por lo que puedo ver demasiado. Pero en el interrogatorio, por la voz, parece que la persona era joven, tenía un uniforme, yo sentía que estábamos solos en esa habitación. Esta persona me desplegó una serie de fotos en blanco y negro, yo no entendía demasiado, pero cuando comienzo a mirar yo estoy en primer plano en todas, y no son escenas de la familia, sino actos de militancia, en una asamblea universitaria, en otra estoy hablando, en una olla popular, en otra foto estoy con Raulito Datri en una reunión en defensa de los ríos pampeanos, en el lugar donde nos reuníamos en el Instituto de Estudios Regionales (IER), en marchas, en todas aparezco en primer plano, y me dijeron si me reconocía, que ya sabían quien era».
Tiempo después reflexionó que esas fotos eran parte del seguimiento policial que había iniciado mucho antes del golpe y que «eran de una persona muy cercana», según dijo hoy María Gloria Alcala.
La víctima remarcó en el interrogatorio que estaba cursando su octavo mes de embarazo y que seguía con contracciones, «y era como que si no hubiera dicho nada», dijo y recordó una voz que surgió detrás de donde ella se encontraba «yo también fui revolucionario a tu edad piba, era una voz autoritaria, que cuando intenté girar la cabeza y me ordenó que vuelva a mirar para el frente, tenía más autoridad que quien me interrogaba».
Fue interrogada por el titular del IER, Hugo Chumbita, «me preguntaban donde estaba, me dijeron que si tenía claro que mi militancia iba en contra del espíritu de la Nación, la legislación y la constitución. Recuerdo que le discutí, que mi pensamiento era lo opuesto a lo que decía, que creía en la democracia, que mi gran temor era un golpe de Estado y la perdida de derechos, y surgió un dialogo en donde me preguntan que vínculos tenía con la guerrilla, todo en ese tono, hasta que la persona que estaba detrás de mi se va de la habitación, queda solo el que tenía en frente, suena el teléfono, atiende, corta y no me dice nada. Le pregunté que pasaba, que necesitaba un médico por la contracciones y no me respondió nada. Luego se abrió la puerta y entró una mujer policía y otro policía entre los dos me retiran de la habitación, yo les seguí insistiendo que quería un médico».
Al salir por delante del edificio, es subida a un patrullero, la mujer se sentó al lado «yo era algo como invisible adentro del auto porque nadie me contestaba nada cuando insistí que necesitaba un médico, la mujer ni siquiera me miraba, no recuerdo el rostro, si recuerdo su perfume, lo siento por la calle y me descompongo», recordó.
Alcala fue llevada a la Jefatura de la Policía, no recuerda el tiempo que permaneció en el interrogatorio «a esa altura yo ya estaba completamente descompuesta, me llevaron a un cuarto vacío, sentaron en un banco y la mujer se sentó en frente, intenté hablar y jamás me contestó nada, a mi me fue cambiando el humor, había llorado delante de ella, no servía para nada, y la insulté, trate de controlar mis contracciones con las respiraciones que me habían enseñado, nadie más ahí se iba a encargar de mi y mi hijo».
«En un momento se abre la puerta violentamente y al que veo porque lo conocía de Santa Rosa era a Constantino, me pareció gigantesco, pero después en el juicio de 2010 lo vi y me di cuenta que yo le había dado ese tamaño, que yo me sentía un pequeño gusano y me dijo «vos que mierda haces acá, porque no te vas a la mierda», me dijo de mal modo y dejó la puerta abierta, pero yo no me animaba a salir porque me preocupaba mucho lo que podían hacer, cuando pasó el tiempo y yo seguía sintiendome mal, me levanto y empiezo a caminar y no me registraban, hasta que llegue a la puerta del frente y ahí viendo la puerta abierta es darme vuelta, agarrandome de las paredes, le pregunté «¿me voy?» y yo bajé esas escalinatas como pude y me fui a lo de una tía, porque yo me sentía muy mal, y mi tía tenía muchos médicos amigos y quería que alguien me viera lo más rápido posible».
En ese momento llegó su pareja a buscarla para llevarla al Hospital, con contracciones de parto, «mi médico estaba preso, «Quique» Otalora, me atiende la partera Miskof, ojalá no me hubiera atendido porque las cosas que me dice son irreproducibles en una persona preparada para recibir vidas, porque cuando se enteró quien era me dijo «a ustedes se les deberían morir todos los hijos, ojalá que se te muera, ustedes no merecen tener hijos», y cuando pararon las contracciones me saqué el suero, me vestí, todo sola y alguien debe haber llamado a Roberto porque me fueron a buscar y no volví a pisar el Hospital. Mi hijo nació en la Clínica detrás de la calle González. Nació con poco peso, estuvo en incubadora, los médicos me dijeron que había estado con el cordón dado vuelta en el cuello producto de como viví los últimos meses del embarazo», relató María Gloria Alcala de aquel proceso traumático.
“Quiero pedirle al Tribuna que sea preciso y haga hincapié en los delitos que tienen que ver con las cuestiones de géneros, la condición de mujer motivó torturas específicas que abarcan todo el arco del horror, para nosotros había una vuelta de tuerca, pido encarecidamente que se tengan en cuenta estas cuestiones”, solicitó a los jueces y recordó el caso de Raquel Barabaschi, una de las jovenes víctimas de los represores.
«Quiero agregar que hasta el momento en que tengo a mi hijo y el 83, yo perdí tres embarazos, uno detrás del otro, lo digo porque nunca se termina de dimencionar el daño, por algo son juicios por delitos de lesa humanidad. Recién luego de 11 años logre quedar embarazada normalmente cuando obtuve un poco de paz», contó María Gloria Alcala.
«Después de la dictadura conozco a un hombre homosexual, le decían Rafael, se ve que tenía culpa, porque me dijo que una de sus tareas era pasar informes sobre mi», relató hoy.
Alcala pidió que quede registro de un hecho ocurrido en el 76 cuando estaban terminando sus estudios y cursando la práctica para el título de profesora, «rendí mis últimas materias con mis profesores ya presos, y los que me tomaron me trataron muy mal, la que me entregó la nota me dijo «si fuese por mi a vos afuera te espera un carro de asalto», esa persona después volví a cruzarmela en varias escuelas».
«De regreso me encuentro un operativo policial con carros de asalto, en donde me decían que no puedo avanzar, insisto y alguien resuelve que un soldado me alcance hasta la puerta, cuando voy entrando por el pasillo veo que los soldados estaban arriba del techo y saltaban a la casa de al lado, adentro de mi departamente también estaban y yo veía a mi compañero con el bebe alzado, comprendimos que había un operativo en la casa de al lado, en donde vivía un mecánico, se escuchaban golpes, gritos, termina el operativo y se retiran todos. Al otro día, todo el barrio hablaba de eso, y nadie sabía nada, lo vimos al mecánico a los días y le fui a preguntar y me contó que había estado a la noche en un boliche, en donde conoció a un muchacho que le dijo que no tenía donde dormir, y me dijo que lo buscaban al muchacho no a mi, quiero que quede registro de eso, no se quien era ese muchacho, no era de Santa Rosa y se lo llevaron».
Por último, planteó su «preocupación» por el «contexto sociopolítico» que se está viviendo en el país, «por la pérdida de las garantías constitucionales, si hay algo que respetamos son los poderes, la república, como ciudadana quiero expresar que las garantías constitucionales vuelven a estar en peligro», finalizó.

