
El psicólogo Esteban Tancoff era militante peronista y amigo de Hugo Chumbita, a quien dio asilo junto con su novia, Ana María Martinez Roca, cuando lo perseguía el comando de la Subzona 1.4. Los tres fueron secuestrados y torturados con golpes y electricidad.
A principios de diciembre del 75, Chumbita lo llamó para informarle sobre el pedido de detención que pesaba sobre él. Tancoff le lo alojó en su departamento en la Ciudad de Buenos Aires.
“Él me dijo que a veces se cruzaba en la Plaza con el general Camps y que se saludaba, y la noche previa al llamado creo que se encontró y no lo saludó. Él se preocupó y no se de que manera accedió a la información de la Policía y decidió venirse a Buenos Aires y pedirme auxilio”, explicó.
Tancoff y Chumbita compartían una muy buen relación de los años en que este último ocupaba un cargo en la secretaría de la UNLPam, «teníamos un vínculo construido a partir de la Universidad muy fuerte», dijo el psicólogo y recordó que «eramos una minoría ahí, porque no jerarquizaban intelectualmente al peronismo como una posición de avanzada, la Universidad estaba poblada por sectores de izquierda con quien nos llevábamos muy bien pero que para nosotros hablaban otro idioma».
A los pocos días irrumpió la Policía Federal en el departamento y se los llevó detenidos con los ojos vendados. “Nos separaron. Me llevaron a una celda al otro día, me sacaron la venda y vi detrás de las rejas a un suboficial de la Federal, fue un alivio porque pensé en que estaba institucionalizado”.
Esa misma noche entran en la celda, le colocan la venda y nuevamente se lo llevan junto a sus compañeros, “nos llevaron a lo que parecía un matadero municipal”, mencionó.
“Ellos me dijeron que me desnude, que me tirara en un colchón, que estaba mojado, siempre pensé que era un simulacro para asustarme. Me ataron los pies, los brazos, lo percibía como un intento de atemorizarme hasta que recibí la descarga de la picana, así por un tiempo hasta que deje de sentirlo”, revivió Tancoff.
“Yo gritaba “Dios mío” y me pusieron una bota en la garganta para que no gritara más. Después no hubo más torturas, hicieron algunos toques más, pero el cuerpo ya no reaccionaba”, contó.
Mientras lo torturaban lo interrogaban sobre relaciones con guerrilleros y le decían que Hugo Chumbita ya estaba muerto.
Fueron llevados a Aeroparque en un camión y subidos a un avión. “Mi situación de comprensión ya había dado un vuelco drástico. Me encontraba en una Nación sin instituciones, a pesar de que había un gobierno democrático, de modo que yo pensaba que podía pasar cualquier cosa en ese vuelo”.
Finalmente por un paro de aeronáuticos fueron trasladados por tierra hasta La Pampa, en donde permaneció encerrado en el Regimiento Militar. “Siempre con esa sensación de estar absolutamente indefenso, con esa presencia del policía federal y la tortura, se terminó mi sentimiento de poder estar en el país”.
“Un día me vendan en el calabozo y me llevan a entrevistarme ante una persona, que no veo ni conozco, y me pregunta si yo había sido torturado. Ya habían venido los médicos de la cárcel para verificar las marcas de la picana. Yo le dije que si y esta persona me dice que ahora estaba siendo interrogada por policía provincial y que no me preocupara porque ellos no tenían ese tipo de prácticas”, recordó el psicólogo.
“Yo no se si me alivié, por que ya no creía en nada. El interrogatorio es mas extenso, de indole político, me preguntaban si yo pensaba que la guerrilla podía triunfar, y le contesté algo como que la gente no quería mas violencia, no veía una perspectiva”, contó.
Después del interrogatorio lo iba a llevar a la Seccional Primera “porque yo tenía muy buenos amigos decían”, relató. Paso un día en la Primera, luego fue devuelto a Capital Federal, estuvo detenido hasta la noche en una cárcel de la Policía Federal, cuando fue liberado y lo fueron a buscar unos amigos.
“Era muy duro salir con ese país. Creí escuchar que mi profesión era una profesión peligrosa. Yo tenía la opción de irme del país. Estaba casado, tenía dos hijos chicos, no me lo planteé así, pero si estuve sin salir de noche, salía cuando salía el sol y antes de que baje. Tenía esa rutina”, rememoró.
El psicologo recordó que estando en libertad perdió el documento y andaba con pasaporte, y que dos policías que iban en un auto, se bajaron y lo apuntaron con las itacas y se lo llevaron detenido porque le pidieron el documento y les mostró el pasaporte, “afortunadamente era la comisaría en la que había denunciado el extravío de mi documento”, relató.
Tiempo después reflexionó que intentó retomar la profesión con “Tato” Pavlovsky. Estando en el consultorio también entraron las fuerzas represivas, “él salió a una terraza y desapareció, yo vuelvo y veo subir un fusil por la escalera, era la Policía Federal, yo había vuelto porque me pareció ver por la ventana un carro del ejercito en frente”.
Tancoff relató que fue a la SIDE para pedir información de sus antecedentes y que se lo negaron. “Supongo que allí debe haber alguna información de toda la situación. Mi caracterización política ellos la conocían, “agitador peronista” algo así”, contó.
Sobre las dimensiones de lo que significó atravesar este proceso, dijo que “queda inevitablemente una situación que es bastante de borrar, he transitado un cáncer de próstata, enfermedades, no tengo autoridad en este momento ni elementos para hacer de mi situación personal algo general, para decir que tipo de daños se producen, a cada persona le desencadena distintas situaciones”.
“Uno no se olvida de la situación de indefención y de muerte posible, no es algo para lo que estamos preparados, lo poco que pude haber tenido de preparación fue por mi padre”, contó y mencionó que su padre había sido oficial del ejército búlgaro en la Primera Guerra Mundial, “evidentemente si uno no eligió eso es por alguna razón”, finalizó.

