Por Silvio Tejada. Ángel fue diputado provincial previo a la dictadura, hoy tiene 86 años y llega al estrado de la mano de un bastón que lo arrastra hacia el banquillo frente a los jueces, que sin entenderse el por qué han rotado los roles. La mesa de la víctima además del vaso plástico blanco de agua, luce una canastita de mimbre en donde están los pañuelos que muchas veces son el consuelo del desvelo de la memoria. Ángel atraviesa el bastón sobre la mesa.
Ángel del bastón, comienza su relato hurgando en sus recuerdos, dice “ya me he olvidado del micrófono”Nació en Toay. “Lo que pasó durante la dictadura, fue algo que no lo esperaba”, dice el ex diputado, “conocía a todos los involucrados en este tema, fueron compañeros de secundaria algunos”.
Ángel aclara que en su familia hay muchos policías, un árbol genealógico cargado de “ropa prestada”, su hermana estuvo 33 años en la policía, su primo fue jefe de policías, su esposa también trabajaba en la Jefatura, se confiesa hijo de españoles, llegados en 1884. Angel del bastón comenta que su única ambición fue ser militar. Ángel del bastón perteneció a la Acción Católica Argentina.
Un diputado le dijo que “se venía algo”. Y se vino, la tormenta más obscura de nuestra historia. El 24 de marzo a las 6 de la tarde le avisan que fuera a su oficina de diputado e hiciera un inventario de sus propiedades, tomó un café con la jefa de Bienes Patrimoniales mientras guardaba sus pertenencias, luego llevó sus cosas al baúl de su auto y un empleado de la Cámara le dice que desde la seccional primera un señor lo observaba con prismáticos. Angel fue abordado por la espalda por tres policías y tres itacas; lo trasladan a Casa de Gobierno y de allí dice Ángel “como perdiz al calabozo”. Cuando ingresaba a la Primera unas patadas de un oficial le dieron la bienvenida y ya en la celda que ocupó junto a un borracho que vomitaba a su alrededor hizo que a Angel se le bajara la presión y un médico lo medicara. La memoria de Angel parecía hilvanar su propia historia de esos 30 días que pasara entre la seccional primera y la cárcel, descansando sus huesos en cama de cemento y algunas piedritas.
Su relato parecía mortificado apoyándose en el bastón de la memoria selectiva. Angel recuerda que tenía en su despacho dos posters, uno de Tupac Amaru y otro del General San Martín, tuvo que explicar y desburrar a los policías que lo cuestionaban desde la ignorancia de aquellos libertadores en los afiches.
Ángel recuperó su libertad y ya sin empleo vuelve a trabajar de inspector de obras, a Angel le faltan tres materias para ser Ingeniero Civil, consigue una obra para hacer el camino de entrada a la residencia del gobernador. En plena faena un soldado lo identifica y comienza a delatar su presencia “general, un guerrilero, general”. Angel nunca fue guerrillero pero sin dudas la historia es contada desde el poder y tiene que abandonar la obra.
Ángel relata su éxodo por 5 años a Paraguay, recuerda su amistad con Camps, el mismo que bombardeó la casa de Chicha Mariani y fue culpable de secuestros extorsivos, tormentos, homicidios, violaciones, robos y la muerte toda a cuesta desde su apodo de carnicero. Angel del bastón recuerda las charlas también con monseñor Arana endulzadas con chocolates. De pronto ante las preguntas de la querella y luego de la defensa de los imputados de lesa humanidad, Ángel no se acuerda de nada relevante, su memoria parece ser tironeada, su relato no compromete ni se compromete.
Ángel desconoce la comunidad informativa que se desplegó sobre esta pampa, no se acuerda ni como diputado del tenebroso decreto de Luder que se dirigía a operaciones militares para aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país. Ángel del bastón corrió la atención a historias paralelas que enflaquecían las imputaciones. Ángel del bastón relató sin sobresalto el paso de sus treinta días de un trato de lo más correcto entre celdas, recordó también su café con el director de la cárcel . Ángel del bastón rememora a uno de los imputados vecino de Toay como una correcta persona. La suavidad del relato adormece el juicio, cosas aisladas dice el Ángel del bastón.
Pasada una hora de testimonio, el bastón marca el paso de Ángel ,mientras el domador de la muerte se ausenta del estrado con un pico de presión, entre ángeles y demonios.


