
La declaración de Lucas Pilquiman empieza a dilucidar parte del rompecabezas de la represión del 1/08 que terminó con la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.
(Cadena del Sur) Ese rompecabezas incluye la corrida desenfrenada hacia el río ante la cacería de los gendarmes –quienes desde la madrugada habían iniciado los disparos hacia la comunidad-, el ingreso al río por parte de Santiago (con su mochila, elemento que todavía no aparece) y su regreso hacia la última línea de sauces, al mismo tiempo en que los Gendarmes disparaban y tiraban piedras desde la pendiente, según el relato de Pilquiman.
La otra parte de este rompecabezas hay que buscarla en las propias declaraciones testimoniales de los uniformados, quienes narraron ante el ex juez de la causa, Guido Otranto, que dispararon hacia el río (Darío Zoilán), o que tiraron piedras (Neri Robledo, que estaba junto a Zoilán. Su declaración fue ante Daniel Barberis), y que gritaron “ahí hay uno” (Juan Carlos Pelozo), sumado al intento de dos uniformados de meterse al agua (Pelozo y Ramón Vera). Esta secuencia fue reconstruida por Agencia Cadena del Sur en base a las testimoniales e informes administrativos de los uniformados (ver Las contradicciones de Gendarmería).
¿Qué dijo Lucas Pilquiman?
“Primero me tiré yo al agua y luego se tiró él. Cuando yo ya estaba nadando, él estaba entrando al agua, iba más lento. Él se metió al agua y después volvió sobre sus pasos. Yo creo que él no pudo avanzar porque yo sabía que él no sabía nadar y además el agua estaba muy fría. Cuando estoy del otro lado del río sacándome el buzo, puedo ver que había gendarmes en la barranca arriba tirando con 9mm, escopetas y piedrazos pero abajo en el agua estaba solo Santiago. Ahí ya no lo ví más.”
También narró que Santiago se había escondido entre los sauces. “Llego del otro lado del río, salgo y me saco el buzo y veo que Santiago estaba agachado escondido entre los sauces. Entonces salgo corriendo porque tenía mucho frío. Y esa vez fue la última vez que lo ví, agachado entre las ramas de sauce.”
Según Lucas, él le contó todo lo que había ocurrido solamente a su familia. Parte de lo narrado por él coincide con lo que testimonió Matías Santana: que Santiago ingresó al río y cuando regresó, había uniformados que disparaban y tiraban piedras. Probablemente haya más testigos de lo que sucedió aquel día.
Al río llegaron, al menos, dos grupos de uniformados, según la reconstrucción realizada por Agencia Cadena del Sur. En su declaración “administrativa, guiada por Daniel Barberis, Zoilán sostuvo que le disparó a un bulto, con ropaje negro o azul, cuando éste estaba cruzando. “Cuando llego a la orilla del río veo que había dos que estaban cruzando. Uno que era el que insultaba estaba en la mitad del rio. El otro estaba detrás de los sauces a unos seis metros. Solo se veía un bulto como una sombra”, sostuvo el escopetero. Luego, en su testimonial ante Otranto indicó que efectuó un disparo arriba de la pendiente y otro cuando estaba bajando.
¿A quién le disparó? ¿A la nada? ¿O a los dos jóvenes que estaban cruzando, de los cuáles uno de ellos era Santiago? La descripción realizada por Lucas Pilquimán permitiría completar la información fragmentada (y con fuerte omisiones) de Zoilán.
Por su parte, Neri Robledo le había dicho a Barberis que había arrojado piedras y que una de ellas le había pegado a alguien que estaba nadando. Según Robledo –quien todavía no declaró ante la Justicia- el piedrazo se lo dio a alguien “robusto, de aproximadamente dos metros”. Lucas mide 1,90. Si Robledo le pegó un piedrazo a Lucas (hipotéticamente, según los datos que ofreció el gendarme en la entrevista guionada por Barberis), como mínimo tuvo que verlo a Santiago, al igual que Zoilán y Pelozo, otro de los gendarmes que aparece en escena gritando “ahí hay uno”.
Los gendarmes que declararon ante Otranto indicaron que los dos que vieron cruzar, al llegar del otro lado los insultaron y tiraron piedras. Pero según el relato de Pilquiman, no hubo ni insultos ni piedrazos del otro lado del río, luego de la huida. Como ya dijimos en varios artículos, las testimoniales de los Gendarmes fueron guionadas por Barberis y Gonzalo Cané, secretario coordinador con los Poderes Judiciales, Legislativo y Ministerio Público Fiscal.
Otro dato a tener en cuenta. Desde un primer momento, los integrantes de la comunidad indicaron que desde la madrugada la Gendarmería dedicó horas a dispararles, incluso con 9mm. El diario Clarín, rápido de reflejos, sostuvo en estas horas que en “Cushamen” no se habían encontrados vainas de 9mm. Eso no es cierto. En el rastrillaje del 16 de agosto, un policía de Río Negro encontró vainas de 9 mm, algunas servidas. Cuando quiso levantarlas, la fiscal Silvina Avila y el juez Otranto se lo negaron. ¿Y si esas vainas 9mm correspondían a las disparadas el 01/08? Esta pregunta es otra de las incógnitas que deberá dilucidar el actual magistrado de la causa, Gustavo Lleral.

