
Esteban Rossano fue detenido “al voleo” en las inmediaciones cuando una gran manifestación rechazaba la reforma previsional. Estuvo 42 días preso por error: había salido a pasear y pensaba jugar un partido de fútbol el 14 de diciembre a la noche.
El joven de 19 años habló con el diario Pagina 12 tras su reciente liberación. Lo arrestó la Gendarmería durante la represión a la protesta contra la reforma previsional. Después le pegaron los agentes penitenciarios y los presos. En diálogo con Página/12, el joven que había querido entrar al Ejército contó la pesadilla de la detención y la pesadilla peor de la cárcel.
“En Perón asomó un grupo de gendarmes y uno de ellos me señaló y gritó: ‘Ese estaba tirando botellas de vidrio’. Me quedé paralizado. Me dispararon una bala de goma en el brazo, me tiraron al piso y me empezaron a pegar.”
En el edificio Centinela “me revisaron todo y me preguntaron qué hacía en la calle. Les insistí con la mochila y me dijeron que ya la iban a traer. Como a las cuatro horas aparecieron la mía y la de la otra gente que estaba en mi situación”. Cuando finalmente la abrieron adelante suyo aparecieron los pantalones, la remera, “una funda de tablet que le había comprado a mi sobrinito” y algo más: “Del fondo, sacaron dos cascotes y cuatro o cinco panfletos políticos todos pisoteados de grupos anarquistas y de Cristina, como si los hubieran agarrado del piso. Yo les dije que eso no era mío y el gendarme me corrió con que lo estaba acusando”.
En la madrugada del miércoles fue llevado a la unidad 24 de adultos jóvenes que funciona en Marcos Paz, donde vivió una verdadera pesadilla. Porque los del Servicio penitenciario que acompañaron su traslado le pegaron, pero en el ingreso a la cárcel “me dieron para que guarde y reparta frente al director de la unidad y los doctores en la requisa”.
“Me pegaban piñas en las costillas, en el estómago, en la espalda. Me decían: ‘¿Así que vos sos el piquetero que tira piedras para lastimar a mis compañeros?’. Me preguntaban si tenía causas y se burlaban que nunca pisé una comisaría. ‘Ah, ahora vas a conocer lo que es esto’, me decían.”
Terminada la recepción de los penitenciarios empezó la de los presos. Los compañeros del Pabellón E también lo golpearon “a la vista de los encargados” y le pedían plata. Permaneció tres días y tres noches en el pabellón E de la Unidad 24 hasta que tuvo una entrevista con “unas señoras de derechos humanos” que insistieron en su traslado. Pasó por el Pabellón H, en donde también sufrió agresiones, hasta que a la semana siguiente lo llevaron a la Unidad 26 del mismo centro carcelario. Ahí lo recibió el Chino, un pibe que le convidó comida, le prestó ropa y le confió que “lo importante” en ese lugar era la buena conducta, la limpieza y el orden “para que los guardias no te peguen”.
La Navidad la pasó en la Unidad 24. El Año nuevo en la 26. Esos días su papá lo fue a visitar al mediodía. El resto, habló por teléfono a diario. En una de sus visitas, Pablo le llevó una pulserita del Gauchito Gil que era de su madre, Norma, quien falleció hace un año. Se la hicieron sacar en la requisa y acabó perdiéndola. Sin embargo, en algo le ayudó.
El viernes 26 a la una de la madrugada lo despertó un guardia y le dijo que lo iban a trasladar. “Nadie me dijo nada de qué pasaba. Me tuvieron hasta las 6 dando vueltas hasta que vi que llegamos a Comodoro Py.” Lo bajaron del camión y lo depositaron en “las rejas” de los tribunales, como le llama a la cárcel que allì funciona. Hasta las 15 esperó, “nervioso, con miedo, no entendía nada y no tenía a mi abogado cerca”, describió. Entonces, lo llevaron a ver al juez, quien le anunció que se iba a su casa. “Le dije que gracias. Me palmeó el hombro y me dijo: ‘La próxima vez fijate por dónde andás.”
A pesar de que su sueño siempre fue “defender a la patria”, Esteban no cree que vuelva a intentar ingresar al Ejército. Le quedó “una mala espina” desde la represión del 14. Dice: “No estamos viviendo en democracia. Me tuvieron detenido 42 días mientras me investigaban por algo que no cometí. Y todavía soy sospechoso. No me parece justo para nada”.

