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Subzona 1.4 II: militaban por la no violencia y los detuvieron por «subversivos»

8 febrero, 2018
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Este jueves declararon en el juicio Subzona 1.4 más víctimas de la represión previa al golpe de Estado del 76 en La Pampa, pertenecientes al humanismo.

Alejandro Ruben Andrada, Emigdio Fragassi y Nankes De la Barra, forman parte de aquel grupo de jóvenes que militaban por un mundo mejor, a través de la prédica y la práctica de la no violencia, parte de la doctrina humanista.

Andrada fue uno de los primeros en ser detenido ilegalmente en el 75 y luego sometido a interrogatorio. Aclaró que hubo otra detención en 1970 cuando estaban pintando un mural con un grupo de compañeros de Poder Joven.

“Eran detenciones expres, una vez les pedimos que nos dejen terminar la pizza, me tenían podrído. Esa era la policía federal de Martino, que me lo cruce una vez en el Banco de La Pampa y me dijo que «eran otras épocas», era cuando estaba Arguindegui, que tenía una cuenta en el BLP en la sucursal de Buenos Aires”, contó Andrada quien trabajó en la entidad bancaria de la provincia.

“Como no eramos peronistas y eramos muy jovenes, empezaron con nosotros y después se le animan al peronismo, porque acá también estaba la derecha peronista. Practicaron con nosotros, utilizando la excusa de que el padre de Mabel Ochoa era policía le habían robado un arma”, relato sobre la causa que le armaron a las y los militantes para justificar las detenciones ilegales.

Del día en que se lo llevaron, recordó que se produjo un allanamiento en la casa de sus padres, en donde también vivían sus abuelos, «con ametralladoras, se llevaron libros, un revolver 38 corto que no tiraba un tiro, lo había traído mi abuelo en el 20 desde Sicilia”, explicó.

Durante su testimonio evocó a Lucia Tartaglia, detenida desaparecida pampeana de la dictadura, al contar que durante los interrogatorios le preguntaron por su vinculación con ella, «buscaban nexos con el tema de la violencia, la guerrilla, el revolver de mi abuelo”.

“Lucía era militante de la juventud peronista, yo había estado en La Plata, viajábamos juntos en el tren. Además ella era de mi barrio, nos conocemos desde hace mucho tiempo”, reveló ante la sorpresa de los presentes.

Andrada dijo que Yorio «era el encargado de los interrogatorios» que versaban sobre «la subversión ideológica». También mencionó la presencia de Constantino, Fiorucci, Reinhart, «y también apareció en uno de los interrogatorios a Baraldini conversando con Yorio», añadió.

«Yo ya los conocía y ellos a mí también”, recordó. También mencionó que vio al médico Máximo Pérez Oneto dentro de la Comisaría.

Permaneció encarcelado por 2 semanas en la Seccional Primera junto al resto de sus compañeros. De aquellos días recordó que en las celdas cantaban contra la violencia y que colgaron un cartel en una de las rejas que decía «trata al cabo como quieres que te traten a ti». «Ellos no entendían de que se trataba nuestro movimiento», agregó..

Contó que fueron interrogados en más de una oportunidad por el juez Walter Lema que “parecía uno más de la policía cuando interrogaba” en el juzgado de la Av. San Martín, y agradeció a Saúl Santesteban porque inmediatamente publicaban en el diario La Arena aquellos acontecimientos, eso nos blanqueaba», dijo y también al abogado Ciro Ongaro que actuó como defensor y “nos tranquilizó porque nos preocupaba mucho la amenaza de que nos llevaran a Trelew”, y al entonces gobernador José Aquiles Regazzoli “porque fue el único que recibió a la familia”.

Andrada recordó que cuando trabajaba en el 76 en el Banco de La Pampa le mostraron un expediente de la SIDE con una caratula con su nombre y le señalaban los lugares a los que podía irse. La mayoría de los integrantes del grupo militante del humanismo, tuvieron que irse de Santa Rosa. Algunos volvieron años más tardes, aunque el hostigamiento continuó muchos años después.

“Estoy orgulloso de la militancia que tuvimos, que tenemos y que tendremos hasta que veamos un mundo mejor. Esto sirve a la memoria de La Pampa, y personalmente es curativo, nunca me imaginé estar acá y ver a estos señores”, finalizó.

Luego llegó el turno del testimonio de Emigdio Fragassi, quien relató como «dos señores en un falcon verde me dijeron que me tenían que llevar detenido, se llevaron libros “izquierdistas” de mi casa, me llevaron a la Primera y me encerraron en un cuarto».

«Había un armario y arriba un pedazo del diario La Arena, como no tenía que hacer lo leí una y otra vez, hasta que me sacaron y me llevaron con los otros detenidos», recordó.

Fue sometido a un interrogatorio, y dijo que “era un oficial morocho, alto, me hacía preguntas ingenuas, y después pasamos a la Federal, en donde comenzó el interrogatorio sobre una supuesta arma que faltaba, ya las preguntas comenzaron a ser más penetrantes”.

“El problema era que se aplicaba la ley que había dictado Luder de aniquilación de la guerrilla, y nosotros estábamos acusados de guerrilleros, y para ellos yo era el jefe porque era el más grande”, contó la víctima.

“Nosotros no eramos guerrilleros”, dijo Fragassi y que esto luego les trajo distintas consecuencias como la pérdida de trabajo. “Me agarro un poco de depresión, hice algunos trabajos chicos, y me fui a Buenos Aires a lavar platos, y llegó el gerente del diario La Capital que me ofreció trabajo y volvi, pero a los 3 años cerró, así que comencé a vagar, esos 14 días me cambiaron la vida, perdí la agencia que tenía, y se vino la noche”, rememoró.

Fragassi contó que él era militante del yrigoyenismo, pero tenía amigos siloistas. Recordó que todos fueron asistidos por el abogado Ciro Ongaro.

Después de algunos años contó que siguió bajo vigilancia, “durante un tiempo pasaba un falcon verde”, dijo la víctima.

“Nunca nos dieron ni una explicación, ni al día de hoy, de porque nos pusieron presos”, finalizó.

Nankes De la Barra, era estudiante. Fue detenido luego de un allanamiento en casa de sus padres en marzo del 75.

Un grupo de policías llegaron en un automóvil y se lo llevaron sin explicaciones ni orden mediante. “Eran tres policías, no supe quienes eran, han pasado 43 años”, recordó.

Contó que quedó detenido en una dependencia policial del centro de Santa Rosa, en donde fue sometido a un interrogatorio referido al humanismo.

“A mi no me hicieron nada, pero si me gustaría contar como fueron los hechos, y los 43 años que pasaron y que pasó con ese hecho de la detención. Quisiera agradecer la presencia de mis amigos y hermanos, de aquellos que como yo, trabajamos por la paz y la no violencia”, dijo antes de comenzar a detallar los hechos.

“Me quitaron los cordones, el cinto, y un anillo que me había regalado mi padre y que nunca más recuperé”, contó. Luego lo encerraron en una celda.

 Lo sacaron del calabozo para interrogarlo varias veces sobre sus actividades referidas a la militancia en el humanismo. “En que andan, eso no tiene que ser, que era infractor de la ley de seguridad nacional”, contó y aclaró que no sufrió violencia física. “Recuerdo que uno era morocho, medio gordito”, agregó.

Luego fue trasladado a la Seccional Primera, donde se encontró con sus amigos.”Eramos como veinte, estaban Angel Gomez, Mario Loriga, Alejandro Andrada, estaba Mabel Ochoa”, recordó.

“Después de un tiempo recién pudimos tener las visitas, y a los 15 días nos liberaron, si no fuera por Ongaro capaz que estaríamos adentro”, dijo.

De la Barra se refirió a las consecuencias de la detención. “¿Cuanto tiempo tiene que pasar para que se sepa la verdad?”, se pregunto y dijo que “gracias a quien sea yo hoy estoy vivo, pero podría estar muerto”.

“¿Cuanto tiempo puede un hombre volver la cabeza fingiendo que no ve (Bob Dylan)?. 43 años pasaron. Mejor tarde que nunca dicen algunos, pero ¿cuanto tiempo es eso?”, expresó.

“Quisieron destruir mi familia, mi novia dejo de ser mi novia porque yo andaba en algo raro, porque sus padres le dijeron que capaz que quería destruirla, mi madre me dijo “hijo que has hecho, si nosotros te criamos bien, que nos hiciste” y durante mucho tiempo me dijo “no tenes que meterte con esa gente”, con mis hermanos que hoy están acá”, dijo el testigo volteando la mirada hacia las personas que se encontraban a sus espaldas, a la izquierda de la sala del Colegio de Abogados.

“Antes de morirse ella me dijo “hijo perdoname, yo quería lo mejor para vos, por eso te insistí tanto”, ella me negaba mi actividad después de esa causa”, dijo con la voz tomada.

“A mi me metieron preso porque en el 69, en una arenga, Silo dijo “lleva la paz en ti, llevala a los demás”, por eso caí preso, porque nosotros llevamos la paz, y por eso nos metieron presos, porque nosotros decíamos rechaza la violencia que hay en ti y fuera de ti”, enfatizó.

Viajó a Bahía, en donde vivió por un tiempo. «No podía entrar a la Universidad del Sur en el 76 por la infracción a la ley 2840. El abogado Ongaro logro que quedáramos libres de culpa y cargo y pude ingresar casi un año después de aquello”, recordó.

Contó que lo vigilaban, que cuando salía de su casa siempre había alguien parado mirando “hoy a 43 años de ese hecho salgo mirando de mi casa y miro, esa es la consecuencia”, gritó.

“¡Nosotros seguimos trabajando por la paz y la no violencia, podemos mostrar lo que hemos hecho, organizamos la primera marcha mundial por la paz y no violencia en 2010, juntamos a 15 mil personas en la montaña pidiendo por esto, con un grito de paz, fuerza y alegría para todos. Quisiera hacer una invitación a los imputados. Cumplimos 50 años trabajando por la paz y la no violencia. Queremos que ellos puedan estar ahí, y vean como miles de persones gritan paz, fuerza y alegría para todos, que lo vean!”, exclamó el militante humanista.

“Los humanistas todavía pueden tener una mirada humanizadora sobre la piel de la monstruosidad. Quisoera agradecerle a los imputados, porque me enseñaron algo grande, me enseñaron a no hacer lo que ellos hicieron. La vida es buena, y siempre da una oportunidad, y yo les diría que ahora tienen la oportunidad de poder cambiar su vida y su actitud ante a la vida, de seguir aquello que crece, lo que nace, no lo que camina hacia la muerte, que es lo que han estado haciendo”, enfatizó.

“Nosotros nos reconciliamos. A pesar de lo que nos hicieron todavía podemos mirarlos humanamente. ¿Cuantos hermanos desaparecieron? Quisieron culparnos del caos, de los asesinatos, nosotros no empleamos las armas, seguimos trabajando por la paz y la no violencia, y hoy somos miles de hombres y mujeres trabajando en el mundo. Hay tiempo de reconciliación, para cambiar la dirección que mucho tiempo llevaron. Hay oportunidad, no la desaprovechen”, finalizó.

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