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Subzona 1.4 II: perseguidos, torturados y exiliados

22 febrero, 2018
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En la última audiencia de febrero por el juicio a los represores de la dictadura en La Pampa, declararon más víctimas de los operativos represivos contra los médicos del servicio público de Salud en Santa Rosa y la Universidad Tecnológica de General Pico.

En primer termino quien declaró fue el médico Jorge Oscar Eugenio Irazusta, quien llegó en el 74 a La Pampa contratado para formar parte del equipo de profesionales que iban a encarar el plan de salud pública de la provincia. Sobre esto contó que tuvo que discutir con el entonces ministro de Bienestar Social, Nestor Ahuad, la creación del Servicio, que la Legislatura pampeano aprobó al tiempo.

“En noviembre recibí una carta de la Triple A, decía que si no me iba de la provincia me iban a matar”, recordó. Ahí lo mudaron desde Anguil, al barrio de funcionarios en Santa Rosa, entre las viviendas del entonces vicegobernador Rubén Marín y el ministro, Jorge Matzkin.

En abril del ’75 se hicieron los concursos para cubrir 270 cargos de médicos. En agosto, por la interna del PJ, el servicio fue intervenido por el doctor Vivini. “Fue el primer paso para su destrucción, comenzó el desmantelamiento durante el gobierno de Regazzoli y Marín, que finalizó con el gobierno militar”, evaluó.

“A pesar de ser funcionario de Regazzoli, cuando vino el golpe, paso a ser el delegado sanitario en la provincia ¿como alguien que era parte del gobierno derrocado era designado en un cargo federal?”, expresó.

A Irazusta, que era director de Atención Médica de la provincia, le hicieron un sumario y lo trasladaron a una oficina que llamaban “la congeladora”, con otros profesionales perseguidos, sin tareas. A él y al médico Mafran les abrieron un prontuario, con huellas y fotos, por orden del gobierno. “No nos querían acá, nos teníamos que ir. Como no lo hicimos, el 13 de noviembre nos detuvieron a las 5 de la mañana, se presentó ese señor que está ahí, Baraldini, con dos camiones del Ejército y soldados con armas largas. Entraron a mi casa y me dijo que me detenían por orden del Ejército. No tenían un solo papel”, relató.

“Otra persona, Greppi, empezó a dar vuelta la casa, que habíamos alquilado porque nos habían echado del barrio de funcionarios. Me subieron al camión, bajaron las lonas, dimos muchas vueltas hasta llegar a la Penal, y el sargento me dijo que él había entrenado a la guardia rural de Santa Fe, encargada de la represión en el territorio boscoso de La Forestal, dónde yo había estado”, prosiguió.

Mientras contó que recibió una carta de la Triple A: “llegué una mañana al ministerio y estaba en el escritorio, se la llevé a Baladrón, me pusieron un chofer para llevarme y traerme”.

En la Penal lo dejaron en una celda, solo, con un tarro para sus necesidades. “El director me dio garantía que ahí no me iban a tocar. Me di cuenta que la cosa venía fea”, dijo. Al día siguiente lo interrogó Baraldini “durante un tiempo largo, básicamente, sobre qué hacíamos nosotros en La Pampa”. “Gracias a la mediación mi suegro, un coronel retirado, con Harguindeguy, que había sido su subalterno, me dieron la libertad pero (Ramón) Camps se negó a recibirlo», conto.

«El 21 me dieron la libertad, pero no podía salir de mi casa de noche”, apuntó. Inmediatamente, se fue con su esposa, Cecilia, y los cuatro hijos, a Salta. Alguien llamó a su suegro, y le avisó que tenía que salir rápidamente del país. Luego partió al exilio a Canadá. “Fue una suerte, porque quizás hubiera corrido la suerte de mi hermana y una amiga”, dijo, en relación a ambas desaparecidas. “En Canadá me enteré del golpe, el 30 de abril recibí el llamado de Cecilia, que estaba en Córdoba, que habían matado a mi hermana. Ahí ellos también viajaron a Toronto, y el 8 de mayo finalmente pudimos reunirnos. Allí comenzó en serio nuestro exilio”, recordó.

«Mi detención figura en la DIPBA. ¿Quien generó esa información? Imagino que el que hizo el procedimiento e hizo el reporte. ¿Como llegó ahí? Que me lo diga Baraldini”, respondió al abogado del represor.

Por otro lado, contó que Marín no recibió a su esposa. “A pesar de que habíamos sido vecinos por meses”, dijo. También lo visitó una comisión de médicos y no los recibió. “Y en mi legajo dice que yo me fui por a abandono de cargo”, indicó.

“Nosotros comíamos en el comedor del Hospital Molas e interactuabamos con los médicos que estaban en el servicio. A los días empezaron las agresiones. Primero las bromas, después cuestionamientos fuertes y dejamos ir. Otros siguieron con los rumores, y otros prosiguieron con solicitadas que publicaba La Arena. Dijeron que eramos comunistas, que privabamos a los pacientes la libre elección del médico y libre lugar de prestación, y que le quitabamos a los médicos su capacidad laboral. Que los médicos radicados en La Pampa no iban a poder practicar medicina. Otros decían que prestabamos asistencia a la guerrilla, que teníamos quirófanos escondidos para esto. Por favor”, manifestó el médico exiliado.

“El Servicio Provincial de Salud nunca prohibió que la gente no podía elegir con quien y donde atenderse, ni tampoco que nadie podía practira la profesión, lo que si decía y que esto es fundamental, es que trabajaran en el sistema público o en el privado. La razón era eliminar el lucro entre médico y paciente. Por suerte terminé en un país en donde eso se practica. En Canada nunca tuve una relación comercial con el paciente, sino con el Estado, corre para todos los médicos del país, para los servicios diagnósticos y para tratamiento. Y no creo que podamos acusar a Canada de ser comunistas, ni socialista”, añadió.

“Nuestra pelea con el Colegio Médico fue que se acababa el negocio de la medicina. Ese fue el fondo de porque nos detuvieron”, expresó.

Consecuencias del exilio

“A uno lo desarraigan, le quitan todo lo que nos une, lo conocido, hasta el significado del viento. Es muy dura la pérdida, como también lo es volver a reconstruirse como persona. Cuando llegue a Canadá no teníamos nada más que el nombre y apellido. No tenía con que darle de comer a mis hijos, y ellos pasaron por la misma en la escuela, les cambio el lenguaje, sintieron que perdieron todo y mi hijo mayor que por ese entonces tenía 7 años, me llamó la maestra y me dice no sabe escribir, y nos mostró lo que había escrito, decía que si yo sabía ingles para explicarle, el perdió dos años de escuela. Había traslados de aquí para allá a cada rato, papa desapareció del panorama, dejaron todo acá. No fue facil volver a buscar como empezar a trabajar. Me llevó hasta el año 79 poder empezara recuperar mi título de médico que finalmente conseguí haciendo una especialidad y pasando los exámenes del Consejo Médico de Canadá, desde el 76 al 82. Si no hubiera sido por Cecilia, hoy seríamos una familia totalmente disfuncional, fue el timón y el eje de todos estos años. No fue fácil para ninguno. Mis hijos crecieron sin familia, y las ocasiones de visita de los abuelos. Además, mantener la memoria del lenguaje y el país en nuestros hijos. Fue muy duro”, dijo con la voz quebrada.

“Mis sueños se realizaron, que fue trabajar con un servicio como el que se iba a brindar en La Pampa. Nunca quisimos hacer una revolución. Lo digo con total orgullo”, dijo Irazuzta quien realizó una maestría en la Universidad de Toronto especializándose en Economía de la Salud.

“Quiero que conste que todo lo que hicimos fue bajo la ley provincial, aprobada por la legislatura y refrendada por el gobierno provincial. Y que después nos largaron la mano», dijo.

«Nos detuvieron no por subversivos ni por hacer apoyo logístico a la guerrilla, como figura en algunos reportes que leí, sino brindar un servicio médico de calidad. El motivo fue porque alteramos el sistema de salud que operaba en la provincia y defendía los intereses del Colegio Médico. Todo lo que querían era defender su negocio. Tenían el poder de llegar a las orejas de los sicarios que ejecutaron sus cosas. No acepto ninguna acusación de subversión”, remarcó Irazusta.

“Quiero agradecer a todos aquellos que en este país, en esos años pudieron mantener la memoria presente. Agradezco profundamente a las madres y a las abuelas. Y a todos aquellos padres, a la gente que a pesar de aquello se quedaron luchando para que esta memoria se mantenga. Porque si no tenemos memoria, no vamos a tener futuro”, manifestó.

“Sepan aquellos que nos infligieron tanta maldad, que no importa como termine esto, pero la memoria les va a recordar que nunca tuvieron razón”, finalizó

Hermes Accatoli, ex diputado provincial del PJ, detenido tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Fue detenido tras el golpe de Estado del 24 de marzo del 76. Lo sometieron a sesiones de torturas mientras lo interrogaban. Señaló a Fiorucci como uno de sus torturadores. “Para ellos lo importante era el castigo”, declaró hoy.

“Aragones llegó tarde y salió temprano. Llegó con todas sus pertenencias en un bolsito, a nosotros nos llevaron del fundillo”, dijo el ex legislador provincial por el FREJULI. “Estábamos con Regazzoli, los que no, con el presidente de la Cámara de Diputados (Marin)”.

Dijo que Camps se reunía con los legisladores en el regimiento de Toay. Después de los sucesos de Ezeiza, dijo que se reunieron y le entregó una pistola 9mm que había encontrado en dicha jornada.

Accatoli contó que en otra oportunidad le contó sobre “un corredor de la guerrilla que atravesaba el monte pampeano, y yo le pregunté por que no los agarra y me miró fijo, creo que a partir de ahí empece a estar en la lista”.

La última fue en una misa para honrar a los caídos en la lucha por la subversión en la Catedral.

Su esposa inició un expediente en el Ministerio del Interior (a cargo de Arguindegui) “con documentación y aporte de vecinos y conocidos que me conocían, yo tenía una vida que pública”

“Fui detenido en la vía pública el 24 de marzo del 76. Fui trasladado a Santa Rosa con el diputado Roberto Gil, Santiago Covella y Hugo Ferrari. Quede incomunicado en la cárcel”.

“A mediados de abril fui retirado junto con Gil del penal encapuchados. No nos revisó ningún médico. Subimos parados, era el camión policial. Llegamos a la Comisaría de Catriló, nos dividieron y esperamos encapuchados. Se escuchaban ruidos de niños en un patio, la radio policial que escuchaba dejo de operar y me vinieron a buscar, uno agudiza los sentidos, pensé que tal vez no volviéramos”, expresó.

Interrogatorio

“Siento un golpe fuerte en la cabeza, yo atribuí a una cachiporra, en este juicio testigos hablan de guantes de box, con lo cual me parece que fue así”.

“Alguien se me acercaba y me hablaba con un olor a alcohol terrible y me preguntaba ¿porque los diputados nos habíamos aumentado la dieta?, ¿quien asesino al policía del aerodromo de Pico?, cuando me golpeaban me caía sobre un sillón y me picaneaban para que me levantaran”, contó como lo torturaban.

“Escuche los grítos del dolor de Gil, porque a él no lo sometieron a la clásica parrilla. Esas golpizas algunas agregó.

“Decían incoherencias, pero desde el primer momento advertí que se divertían con la situación. Me llevaron al calabozo y me preguntaron que pasó en los sucesos de Ezezia, cuestiones referidas a la UTN de Pico, comencé a expresarme ampliamente, y todo indicaba que el escribiente escribía, alguien me levantaba la capucha y me curaba con una pomada, lo peor eran las esposas clavadas en la piel.”, manifestó.

A los milicos les interesaba el interés político e ideológico del grupo de profesionales de la UTN.

“Pero lo que dije no era importante, porque no me hubieran hecho eso. Para ellos lo importante era el castigo”, contó. “Esas golpizas algunas secuelas le dejaron”, añadió.

Los subieron a un camión, lo sentaron en una rueda de auxilio y los trasladaron al penal, a donde llegaron en horas de la mañana. Días después los voliveron a trasladar en una camioneta con Gil y Covella, sin vendas, fueron llevados a la comisaría primera. “Ahí escuché esa voz que me había quedado tan grabada, y lo vi, un señor morocho, traje, corbata, presencia guerreriana, saludo y dijo “¡esta es la voz!”, y me llevaron de ahí a la Raul B. Díaz, el oficial Gualpas me puso una capucha, me sentaron en una silla con las manos atrás, había una radio encendida. Me pegaron piñas y esuche otra vez la voz, que dijo “no seas tonto, no protejas a nadie porque ya te entregaron, decí lo tuyo”.

Luego dijo que lo trasladaron en un Valian de un particular hasta el Penal, “el chofer se bajó, saltó la tranquera y avisó que me traían, fui dejado ahí y nunca más me interrogaron ni me golpearon”.

Contó que a pesar de estar incomunicado “por gestión de monseñor Arana” pudo ver a su padre que tenía problemas de salud.

Tras esos sucesos fue trasladado al penal de Rawson. “Nos llevaban ligero y cuando nos soltaban nos daban la nariz contra las rejas”, dijo.

Lo liberaron el 17 de junio de 1976 en horas de la noche.

“Un buen día salí. Salí bien, mi familia me esperaba, porque ya en esos días se comunicaban las listas. Había 6 o 7 pibes que habían sido apresados en Cutral Co que nunca llegaron a sus casas”, confió Accatoli.

“La CGT y las 62 Organizaciones apoyaron a la Marina que vino a intervenir. Luego dieron nombres y apellidos de docentes y funcionarios políticos, que nos tildaban de zurdos, comunistas, trapos rojos y pertenecer a la 4ta internacional”, dijo Accatoli y agregó que los sindicatos sacaron una solicitada en el diario La Reforma que llevaba las firmas de algunos dirigentes sindicales.

“Siempre se habla de Aragonés, no lo se si comandaba eso o no, son más de uno los que firmaban y nunca lo desmintieron”, dijo y mencionó los nombres de varios dirigentes entre los que estaban “Carlos Ibarra de Graficos, de comercio Aragones, de la Carne Roberto Coronel, y otros como Anibal Campos, Prietto, German Sachs, Tomas Carrizo, Del Campo, Tripi, Raúl Mariani, Lucio Suarez”, y algunos más que no recordó.

Durante su declaración trajo un documento del STJ del año 89 sobre el reintegro de los represores a la Policía. “Cuando se reintegra a los policías, la Cámara de Diputados evalúa la posibilidad de un juicio político. El STJ elaboró este documento de 44 páginas, se le olvidaron 2 que eran los fundamentos de Diputados, todo lo que dicen acá es la antítesis de la división de los 3 poderes, se burlan del Ejecutivo y la Legislatura”, expresó luego de discutir con el presidente del TOF.

Consecuencias

“No tuve consecuencias físicas o psíquicas. Tengo que reconocer que no me sucedió lo que a otros”, aunque reconoció que cuando su esposa elaboró su expediente para presentar en el Ministerio del Interior, “hubo adhesiones pero también borratinas importantes”, señaló.

“Estoy declarando en el marco de un gobierno que considera la política de derechos humanos es considerada un curro. En un momento en el que la presunción de inocencia es cambiada por la presunción de culpabilidad”, dijo Accatoli.

“El presidente negó los 30 mil desaparecidos. Eso es relevante, porque ruego, apelo y confío, que a pesar de estas condiciones adversas este Tribunal va a llegar a la sentencia que corresponde, a pesar de las condiciones adversas”, expresó.

Además, apuntó a los dichos del periodista Juan Carlos Martinez que en su libro “La Pampa Nostra” le diagnosticó “sindrome de Estocolmo” y tener relación con sus torturadores.

Quien también dio su testimonio de la persecusión y las consecuencias del plan llevado a cabo por los represores fue el ex decano de la Universidad Tecnológica de General Pico, el docente Carlos Agaya.

Trabajaba en la UNLP hacia fines de 1973. El rectro de la UTN, Chambuleiron, lo designó como “decano normalizador” de la UTN de General Pico que había tomado estatus de Facultad, hasta 1975, cuando intervienen la facultad desde Bahía Blanca con complicidad de Aragones.

Tras el proceso de normalización de la Facultad, Agaya señaló que se produjo un proceso de crecimiento y cambió su ritmo de trabajo.

“Los trabajos que hacíamos con los alumnos eran en acuerdo con la municipalidad”, dijo el docente y enumeró una serie de trabajos que desarrollaron para la ciudad. “Eso dio un gran empuje y la gente tomó un gran cariño por la Facultad”, agregó.

Agaya dijo que había un proyecto de un parque industrial en la ciudad que no avanzaba porque “estaba dirigido por alguien nombrado y algunos representantes de gremios, eso estaba frenado, no existiía”.

“El CFI exigía dentro de su protocolo, que si había una Universidad dentro de la ciudad, debía hacerse”, dijo el ex decano de la UTN y explicó que el problema llegó por parte de la CGT y el dirigente Aragones porque decían que “la Universidad iba a lograr que el parque se instalara en Santa Rosa, perdiendo Pico al rededor de 20 mil empleos”.

“Le dije a Aragones que las empresas no permitían que los alumnos de la Facultad se tomaran días para rendir exámenes. El me planteó lo del parque industrial. Esta reunión no fue privada sino pública, hubo docentes y alumnos en esa comisión y Aragones se sintió incómodo, y no pudo obligar a la conducción de la Facultad a poner una firma donde no había nada serio que a valar y se levantó la reunión”, planteó.

Agaya dijo que el ex secretario de la casa de estudios y ministro de obras públicas de la provinicia le dijo que “no era conveniente oponerme a gente que tenía mucha fuerza”. “La respuesta fue la misma, pero ofrecimos crear una comisión para hacer un anteproyecto, el cual si firmaríamos, para poder salir de esa situación y no le pareció adecuado”.

“Nosotros pusimos tres objetivos irrenunciables: una infraestructura social, para construir viviendas, atención de Salud, y el enfasis en una estructura sanitaria de cloacas porque Pico ya tenía problemas y no podíamos ser responsables de un daño ecológico”.

Posteriormente le siguieron manifestaciones públicas contra la UTN por parte de sus detractores. Al mismo tiempo hubo una toma de la Facultad de Bahía Blanca por parte del diputado Alfredo Ponce y ex secretario de la CGT. La UTN dicha ciudad fue utilizada como un centro operativo de la Triple A.

“El interventor de Bahía Blanca nombró a un decano propuesto por Ponce e intervino a todas las facultades regionales, pero no paso eso en Pico. El Consejo Deliberante, el intendente Torres, algunas instituciones de las fuerzas vivas y organismos internos, cooperadoras, centro de estudiantes y profesores, además de la legislatura pampeana y el gobernador solicitaron mi continuidad en el puesto. Frente a esto no se intervino la Facultad”, recordó.

En enero, Nombran a Yañez interventor, era secretario del gremio de músicos de Bahía Blanca, perteneciente a la CGT. “Fue insólito porque una Facultad no tiene facultades para intervenir una Facultad”, dijo y agregó que este “apareció con cuatro tipos armados”. Ante esto los estudiantes se organizaron y tomaron la UTN.

En ese momento hubo una conferencia de prensa en la que Aragones planteaba que debían ser expulsados de la Facultad porque “eran trapos rojos, de la 4ta internacional”, recordó y que el dirigente sindical prestó las instalaciones del gremio para el centro de operaciones de la patota bahiense y denunciaron a los estudiantes de usurpadores ante el juez Walter Lema.

“Después de idas y vueltas aparece una formación numerosa de policías provinciales, encabezado por el subjefe Miscof, que rodea la manzana con carros de asalto, como si fueran a tomar un bastión armado y nos dan 5 minutos para desalojar”, manifestó Agaya, quien recordó que informaron a las y los estudiantes que “no había que oponer resistencia y tratamos de contenerlos”.

Las fuerzas represivas irrumpieron de forma violenta rompiendo la puerta. En ese instante finalizó la toma y el mandato de las autoridades que estaban al frente de la UTN “Olivera me sacó de la Facultad a la que jamás volví y comenzó otra etapa de mi vida”, expresó el ingeniero.

Fueron llevados a la Seccional Primera de Santa Rosa con 29 alumnos y liberados por la presión en el transcurso de ese día y el siguiente. En ese momento apareció el juez Lema. “Le dije que su decisión era totalmente era ilegítima y que los usurpadores verdaderos los había promovido él”.

“Fue un operativo totalmente desproporcionado. Eran todos chicos y chicas. No había ningún antecendente de violencia. Salvo las versiones de Aragones o algunos de los suyos. No había razón alguna para esto. Sosprecho que la violencia era proporcional a la falta de legitimidad que tenían”.

Tiempo después lo detuvieron otra vez y fue puesto a disposición del PEN. “Cuando nos liberaron se hizo una fiesta popular porque estábamos los 33 libres. Hicimos una conferencia de prensa en una unidad básica, en la que planteamos que la alegría que teníamos por eso no nos podía hacer perder de vista que perdimos la Facultad y la libertad, y solo recuperamos la segunda, de ahí una comisión de chicos decidió informar a las y los vecinos, porque La Reforma desinformaba, para pedir la restitución de la Facultad”.

Dicho proceso duro dos meses. Agaya iba y venía a General Pico. El 23 de marzo, le comisario Campaña lo mandó a llamar y le comunicó que tenía la orden de llevarlo detenido a Santa Rosa.

“Paro afuera de la comisaría, entra, vuelve y me abraza y me dice que “no puedo hacer nada” y que me tenía que quedar detenido. Me llevó ante un oficial que me dice que quedo detenido por un decreto presidencial que me ponía a disposición del PEN, me niego a firmar porque no me dicen que decía, por lo que me retuvieron”, contó Agaya.

Fue retenido y trasladado a la cárcel de Devoto. Días después lo cargaron en un avión y lo llevaron a la cárcel de Resistencia, Chaco. Estuvo pocos días y luego lo trasladaron al penal de Rawson. Todos en malas condiciones de detención. Finalmente lo liberaron el 29 de junio del 76.

“En el sur teníamos visitas cada 45 días, de pocos minutos, no eran de contactos, les revisaban sus cosas. La incomunicación, y el no poder ver a mis padres durante mucho tiempo, eran dos personas ancianas, me privaron de eso y hoy me faltan”, expresó.

“Lo que pasó con mis queridos estudiantes me lo enteré después de que me liberaron. Todavía me duele mucho”, finalizó.

Consecuencias

“Era muy traumático estar en la calle, sin trabajo, y habiendo estado preso. Podría haber recuperado mis trabajos en la UNLP. Pero en ese momento estaba Camps haciendo estragos en esa zona, de modo que no me acerqué más, recién al final de la dictadura pase por la Facultad de Ciencias Econímicas de la UBA, me anoté como instructor de ingreso, y después volví a mi facultad pero como ayudante. Nunca más pude recuperar mi estatus personal”, dijo.

“Fue muy difícil sobrevivir económicamente eso. Tuve que dejar una ayudantía porque el costo de viajar a La Plata superaba los aportes y mi vida durante 25 años hasta que mis hijos mayores pudieron autofinanciarse, tuvimos un objetivo con mi mujer de supervivencia, recién a fines de este siglo pude retomar mi interés y puedo decir que en estos últimos 10 años recupere el placer de dar clases”

“No fue fácil siquiera en la débil democracia que siguió al proceso, siquiera fue fácil ser admitido como ex detenido, había calado mucho el discurso de “algo habran hecho”, recién hacia fines de siglo la cosa tomó un cambio que se exponenció con la llegada de Nestoy Kirchner al poder, siquiera el Nunca Más fue un Nunca Más real. Pero frente a tanto horror lo que me pasó no es relevante”.

“Alguien tendra que pagar alguna vez por lo que produjo, para beneficiarse economicamente. No toda violencia es expectacular”

“Mi admiración a quienes llevan adelante estos juicios. No me olvido que es mucho más dificil en una población chica, pelear al poder que está en todas las esquinas. Espero, sueño con que el Tribunal esté a la altura de las circunstancias”, finalizó Agaya.

Tras la ronda declaratoria de las víctimas. Llegó el turno del represor Oscar Yorio quien no respondió preguntas.

“Lo que dijo Razzini ayer es una infame mentira. Me preocupa porque ha tenido incidencias públicas, y yo tengo familia. Si hubiera sido así yo me las banco, pero no lo fue”.

“Durante la indagatoria estuvo acompañara por su padre. Cuando esta termino le fue entregada a su padre. Es impensado que ante la presencia de su padre podría haber cometido semejante aberración”, aclaró.

El defensor Gastón Rodriguez se opuso a la presentación de la documentación traída por el testigo Hermes Accatoli, que pidió incorporar la querella para esclarecer la causa.

El ingeniero Dante Luis Gaute fue trabajador la administracióndel servicio de energía en la provincia cuando el comando de las Fuerzas Armadas dio el golpe de Estado del 24 de 1976. Vivía con el diputado Santiago Covella.

También fue docente de la UTN de 1972 hasta febrero del 75, cuando fue intervenida y las autoridades y estudiantes detenidos ilegalemten. Eso motivó que iniciara a trabajar en Casa de Gobierno en Santa Rosa “Fue injusto”, declaró hoy.

“Cuando intervinieron y nos echaron a todos, participé del proceso en el que estuvieron Agaya, Lamas, Pousarelas, y también en la toma, me salve por una hora porque yo trabajaba en Agua y Energía, y estuve en la universidad hasta las 11 charlando, me fui a mi casa y al rato detuvieron a las autoridades y a un grupo de chicos”.

“Fue injusto. Eso me motivo a mi a venir a Casa de Gobierno, para ver si podía hacer algo con la intervención”, manifestó Gaute.

El 24 a la mañana “un grupo de 8 o 9 personas, mitad vestidos de civiles y mitad militares armados, preguntaron por Santiago Covella, la persona que dirigía era un teniente que conocía porque cuando viajaba los viernes a Pico sabía estar de reten cerca de la Universidad de Agronomía y dos señores de civiles, uno corpulento de tes morena que me dijo Gaute quédese tranquilo que estamos buscando a Covella”.

Entraron al departamento, revisaron todo mientras lo sentaban en el comedor del domicilio. “Apareció un oficial alto, que yo no sabía quien era, después me entere que era Greppi, me pregunta por Covella, el lunes ya se había ido del departamento, me pidió una dirección, le di la de la casa de sus padres, se ofusca porque pensaba que no le decía la verdad, y le avisan por radio que ya lo habían detenido, entre las 1 y 3 de la mañana del miércoles”.

En el operativo encontraron libros de peronismo de otra persona que había vivido. “Desde la otra habitación gritan “¡acá lo encontramos!”, y era una lista con nombres de personas que decía tal arma, que habían encontrado en el estuche de mi afeitadora, era una lista de armas deportivas que me habían pedido unas personas, junté el dinero y se lo di a un sr. Augusto que era del RENAR, y el fue hasta Punta Alta a buscarlas en una camioneta”.

“Decían que eran las armas que se usaban entre Tucumán y Trelew. En General Pico había sucedido un accidente y murió incendiado un Policía, y mezclaron todo con eso”, relató.

Lo apresaron y se lo llevaron a la Seccional Primera, junto con dos vecinos que habían venido de Buenos Aires a trabajar. Ahí permanecieron hasta que les dieron traslado a la Unidad Penal 4. “Ahí quede detenido hasta abril”, señaló.

“Me sentía mal, más cuando no había nada de que sospechar. Pasaron a declarar gente en horas de la noche y a mi me llevaron a las 10 de la mañana junto con otros dos al primer piso y me tomaron declaración por la cosas que habían secuestrado en los departamentos”, dijo Gaute y agregó que Greppi estaba presente.

Luego dijo que le hicieron firmar la declaración “ni la mire, la firmé y se la di”, contó. Posteriormente fue vuelto a llevar a la Unidad Penal 4 y lo dejaron en libertad, tras firmar un libro a la salida.

Consecuencias

“Estuve mucho tiempo afectado psicologicamente por lo que había pasado. 10 días despues, una persona me aviso que quería verme Baraldini, vino a la tardecita a una casa que había por la zona de la Sociedad Rural, me saludo y me preguntó que sabía yo de la gente que había estado en Casa de Gobierno y yo le dije que de la misma manera en que me detuvieron a mi tendría que averiguar y se fue”, respondió.

Gaute contó además que fue detenido en otra oportunidad, “en donde me investigaron todos los trámites que yo había hecho por las obras que se hacían”, indicó.

“Cuando volví a Pico no eramos bien vistos. Cuando yo estaba en el camión, muchos pasaban por al lado y aplaudían. La sociedad no se tiene que olvidar de eso. Recibimos muy poca ayuda”, expresó.

El coronel Rechi era el ministro de Obra Pública. “Era el que firmaba. Yo recurrí a su oficina para que me firmaba los certificados”, contó el ingeniero y dijo que no se enteró “si tuvo o no algo que ver con las detenciones”.

Al finalizar su testimonio agradeció que “solo fue una pesadilla” y que sirvió como “un aventón” porque pudo trabajar en el extranjero. “Eso me permitió formarme muy bien como profesional, y no solo sentir satisfacción profesional sino económica. A pesar de lo mal que la pase en ese momento, lo único que deseo es que alguna vez logremos todos la paz”, expresó.

 

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