

En el marco del juicio a los represores de la Subzona 1.4, este miércoles declaró en primera instancia el testigo Aldo Antonio García Orlando, oriundo de Algarrobo del Aguila. Toda su familia era peronista, lo que les valió la persecución. Estuvo preso del 76 al 77 por una causa armada por robo de hacienda, según contó hoy.
En marzo del 76 se inició una causa policial por una hacienda que faltó en un campo lindante con el de su familia, propiedad de Arturo Arias. A partir de ese momento un grupo de policías y militares lo detuvo en Rancul, donde vivía. Fue llevado preso a distintas comisarías hasta que terminó en la Unidad 13.
En su paso por la Seccional Primera de Santa Rosa fue interrogado con la cabeza cubierta, las manos esposadas,y torturado con golpes en el cuerpo en la planta alta.
Mencionó que entre los uniformados estaban Amarante y el comisario Fiorucci. También a un tal Roldan y que Luis Enrique Baraldini lo visitó en la Primera, «me dijo que mi vida y mi muerte dependían de él y que me fije que hacía», contó.
“Había un administrador de la estancia de al lado que le robó mucha hacienda. Estaba todo preparado, fue con el comisario Schefer, él, y un militar más que no recuerdo, los animales estaban en una calle que desembocaba en nuestro campo”, contó como se armó la causa.
García Orlando dijo que su padre y hermano terminaron presos. Antes le había ocurrido a su abuelo. La familia tenía como abogado defensor al ex gobernador Ruben Marín, quien les dijo que «no podía hacer nada» porque estaba a disposición del PEN.
“La persecusión que era como una cacería, porque eran como una especie de forajidos que vinieron a Rancul y destrozaron la casa de mi madre”, recordó de aquel momento. De la casa también denunció que le robaron una caja fuerte a la familia. «Metieron el auto de cola la cargaron y se la llevaron porque no la podían abrir, no la recuperamos más. Mi madre sigue reclamando hoy por las cosas que le dejó mi abuela, son de mucho valor», contó.
Tras ser detenido lo pasearon por distintas comisarías hasta que recaló en la Seccional Primera, allí fue torturado en la planta alta, con la cabeza cubierta y las manos esposadas detrás por la espalda. Luego fue llevado a la Unidad 13.
“De Rancul me llevaron a Realicó, fueron a comer un asado, a divertirse, luego me llevaron a General Pico, nos querían conocer, no sabía por que”, contó.
“La Primera fue una carnicería Me dieron una golpiza muy grande. Perdí el 80 % de la audición de un oido, una noche me tiraron un tiro al lado de la oreja”, reveló.
“Me pegaron una patada en los testículos, que recién el año pasado me operó un médico en Realicó, de una hernea que me banque todos estos años”, contó.
También dijo que lo golpearon en la frente y que lo dejaron en el calabozo «todo ensangrentado». En el lugar ubicó a al médico Pérez Oneto, que este le dijo «no es nada pibe». El corte en la cabeza se lo pegaron con la gotita. Recibió entre 2 y 3 visitas médicas. Mencionó a un médico «petiso» y aseguró que «era el médico de la policía». «Nos sacaban, revisaban en el pasillo y luego nos volvían a meter al calabozo», agregó.
También contó que lo sacaron de noche y cree que fue llevado a la Laguna, en donde lo hicieron caminar desnudo, con los ojos vendados y le dispararon un tiro al aire con una de las armas.
“No nos pegaban, nos mataban, lo de pegar es jugar a la mancha. No es fácil bancarse todo eso, las patadas, las piñas, la frente ensangrentada, eramos jóvenes”, expresó.
Posteriormente fue dejado en libertad en General Pico, donde fue sobreseído por el juez Alvarez, junto a su padre y hermano en la causa por hurto de ganado.
Al finalizar su testimonio, García Orlando mencionó que es profesor de catequesis y leyó un pasaje de la biblia.
El abogado de la querella, Franco Catalani, le preguntó por el paradero de María del Carmen Moretini, oriunda de Rancul y desaparecida pampeana en la dictadura militar. Pero el testigo respondió que no era oriundo de Rancul y que no la conoce.

A la declaración de García Orlando, le siguió la de Carlos María Cortes (80), víctima de la represión durante la dictadura en nuestra provincia. Era vendedor de diarios y revistas, agrupaba a un número de vendedores. Además, militaba en el peronismo en los barrios.
Fue detenido en su casa y llevado preso a la Seccional Primera. Dijo que en ese momento el comisario era Omar Aguilera, y recordó que también estaba Atos Reta. Además, le pidió explicaciones a Baraldini de porque los detuvieron pero “me miraba y no me contestaba”, contó.
“Nunca me dijeron porque nos detuvieron”, dijo Cortes y aclaró que fue por su militancia barrial “se que fue porque soy militante peronista. Juntaba ropa en un ropero comunitario y la repartíamos a la gente en el barrio. Soy y voy a seguir siendo de Perón y Evita”, dijo hoy.
“No recuerdo mucho porque fue hace 43 años. Pero yo estuve detenido, perdido en la Seccional Primera, donde se negaba la información de donde estábamos”, recordó.
Cuando vio la oportunidad, dio aviso a uno de los presos liberados para que fuera hasta su casa a avisarle a su esposa que estaba preso. Su familia fue a ver al obispo Arana para que intercediera. Según contó el testigo, este llamó y el policía que estaba fue reprendido por que se filtró la información de la detención ilegal de él y su hermano Martín Cortes, fallecido.
Durante la detención contó que en la madrugada se acercaba un personaje hasta las celdas y los amenazaba “prepárense que ahora viene el avión y los van a tirar al río de La Plata”.
Luego de ser dejado en libertad, contó que le fue “muy difícil” volver a recuperarse económicamente. Hoy junto a su esposa vive de una jubilación y una pensión.

El último testigo en declarar en la audiencia de este miércoles fue Carlos Horacio Oriani. Era trabajador del área de auditoría y costos del Servicio Provincial de Salud puesto en funcionamiento durante el gobierno de Aquiles Regazzoli.
El 19 de noviembre del 75 quedó bajo disposición de la Subzona 1.4, tras ser detenido en su oficina de trabajo por un policía de la Federal que estaba vestido de civil y llevaba una citación consigo.
Estuvo preso en la Colonia Penal y fue sometido a interrogatorio en una oficina. “No hubo violencia ni gritos. Preguntaban por mi familia, por lo que hacía en mi trabajo”, dijo Oriani y que tiempo después la persona que lo interrogó se presentó como Baraldini.
Permaneció 3 días detenidos hasta que fue dejado en libertad. “Dijo que nos acusaban de extremistas, pero por la averiguación de antecedentes no había motivos para la detención”, declaró.
“Baraldini nos dijo que cualquier problema laboral nos dirigiéramos a él. Nos llevó después a cada uno a nuestras casas”, dijo.
“Mi preocupación más grande era que me dejaran sin trabajo. Yo trabajaba como contratado”, manifestó. Permaneció en ese lugar de trabajo hasta julio del 76.

Por otro lado, declaró Maximo Pérez Oneto, el médico denunciado por las víctimas como complice de las torturas y los tormentos a las víctimas.
Pérez Oneto negó todo lo dicho por los testigos y los trató de «mentirosos», al tiempo que evitó responder preguntas de la querella.
“El sr. Orlando García hizo referencia a un pensamiento bíblico. Yo también voy a mencionar un salmo que dice que la mentira y la infamia tienen castigo”, dijo el ex médico de la policía durante la represión ilegal en La Pampa.
“Yo nunca asistí a Orlando García. Él en 2006 hizo una primera declaración en la que no me menciona en ningún momento. Ahora dice que yo lo asistí en 2 oportunidades. Creo que lee mucho internet o está muy informado del juicio, al nombrarme me tiene en cuenta. Además, se refirió a un médico de estatura baja», agregó Pérez Oneto y respondió ante la pregunta de la Defensa que el médico más bajo era Savioli «mide menos de 1,70, yo al tener 1,80 pienso que soy lo suficientemente alto».
Con respecto a la declaración de Piombo, el imputado dijo que “es una atrocidad decir que yo le receté bayaspirina, no se suministraba porque si cualquier medicamento, y menos con un antecedente gástrico”.
“Querían que me acostara con ellos para que dejaran en libertad a mi esposo”

