Afuera del Colegio de abogadxs se defiende el trabajo entre los despidos macrista, en la vereda del Colegio de abogadxs hay una bandera blanca que flamea con las palabras MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA, y adentro, en la sala, un buen número de alumnos presencia el juicio que nos remonta a la dictadura en La Pampa (Por Silvio Tejada).
Antes de que ingresen los jueces, la mesa de los tordos de la pandilla parece un estudio jurídico abierto intempestivamente, algunos jinetes de la muerte se avalanchan con papeles indescifrables y le duplican estrategias para el olvido.
En la otra mesa, entre la querella, el ritual de ¨matelisto¨ se dispone libre.
La comitiva, la patota
Héctor es policía retirado, entró a trabajar en el año 77, trabajaba en la comisaria de Catriló, lo único que recuerda es que en el 84, dice, recibieron una comitiva de investigación sobre hechos vinculados con la sub zona 1.4. Héctor, el desmemoriado, rememora que llegaron y dijeron !todos afuera!, entró toda la comitiva y el personal subalterno quedó afuera del lugar. Héctor no recuerda nada más. Obediencia debida de la amnesia.
De aquella comitiva de sobretodo, bien gracias, por los resultados.
Héctor Mario, también trabajaba en la comisaria de Catriló, comisaria departamental. Héctor Mario se ocupaba de la radio policial, de los partes radiales. Recuerda que en una oportunidad llegaron a la comisaria un grupo que ingresó por los pasillos, sus pasos de botas turbias y sucias sellaron un pacto de puertas cerradas e incertidumbre. Los nombres, que resonaron desde la memoria de Héctor Mario, eran parte de la patota del jinete de la muerte.
En el patio de la comisaria retumbaba la entrada de un camión. Desde su oficina, Héctor Mario, encerrado entre el silencio de radio, pudo observar unas sombras encapuchadas que bajaron del camión e iban rumbo al calabozo. Recuerda que con el tiempo en un peritaje realizado a propósito de los hechos ocurridos en aquella obscuridad, pudo testimoniar que desde aquella oficina a la que lo habían encerrado, pudo visualizar esas sombras encapuchadas.
Volviendo a la llegada de ese camión amarillo a la comisaria, Héctor Mario dice que no hubo radio ni constancia en el libro de guardia, le dijeron ¨no hay que dejar nada, ni ninguna pista ¨.
El juicio se paralizó, hubo una pregunta desde la querella que molestó a la jauría, ¨recuerda si hubo torturas en la comisaria de Catriló¨. Un rayo de tecnicismo jurídico cayó sobre el estrado y la respuesta no pudo escucharse.
Héctor Mario, por su parte deslizó, ¨después me enteré de que algo raro sucedió, yo sólo era un agente raso.
Un agente raso en el escalafón de mando, un agente más en el escalofrío del manto de la muerte.

