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Cuatro años sin consumir droga: “Estuve al borde la muerte por sobredosis, pero me pude rehabilitar”

14 mayo, 2018
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Una joven pampeana decidió dar a conocer su testimonio de superación, tras conocer el reclamo de los trabajadores de la Subsecretaría de Adicciones para el pase a planta permanente, destacando la importancia que tiene los centros de rehabilitación.

El miércoles, Plan B Noticias dio a conocer un video que publicó en Facebook el comunicador Víctor Salcedo sobre los trabajadores del Centro de Día de Santa Rosa.

Una lectora de Plan B, decidió contactarse con este medio y contar su historia para apoyar a los trabajadores de la Subsecretaría de Adicciones, ya que una de las psicólogas que sale en el video, Manuela, fue quién la trató durante una parte de su proceso de rehabilitación.

La joven que lleva más de cuatro años sin consumir drogas, pidió que no quería que se diese a conocer su nombre, por lo tanto, la llamaremos Javiera.

Contó que desde chica tenía problemas, donde su familia era muy numerosa y todos vivían en la misma casa. Además uno de los hermanos mayores tenía problemas con el alcohol: “Llevaba mis problemas a la escuela. Mi comportamiento era muy malo y me mandaban al psicólogo”.

Destacó que “desde chica empecé a irme a la casa de mis amigas, me quedaba ahí. A los 11 años desaparecía varios días de mi casa. Andaba en la calle, donde me agarraba la noche me quedaba”.

“Así empecé consumiendo alcohol, después yo ya fui conociendo a otra gente, involucrándome en un ambiente donde había drogas. Al comienzo lo haces para agradarle a alguien y después como para sentirte otra persona, olvidándote de tus problemas, pero después volves a la realidad y necesitas de nuevo la droga, convirtiéndose en un círculo vicioso”.

Javiera señaló que el problema de la droga es “cada vez peor, porque cuando sos una adicta y no tienes dinero para conseguirla, haces cualquier cosa para obtener la plata”.

Comentó que en esos momentos: “estuve al borde de la muerte por sobredosis de droga o me metía en problemas en lugares donde no debía. Hay personas grandes que no les importa nada si sos una menor y a veces debía mucha plata y corría riesgo de muerte. También metía en problema a mi familia porque iban a mi casa a buscar lo que les debía”.

Resaltó que su mamá hizo varias veces la denuncia en la policía que no aparecía: “se preocupaba mucho, vivía con el corazón en la boca y no podía dormir, me buscaba por todos lados. Ella con mi padre me internaron para que pudiera salir de la droga”.

Javiera comentó que en su primera internación: “no me resultó mucho porque yo no estaba decidida a cambiar, es como que yo quería seguir con lo mismo y me fugaba de ahí. Además cuando volvía era una persona muy violenta que estaba enojada con la vida, hasta que me echaron”.

Javiera expresó que después de esa internación: “a mi familia le sacan mi tenencia y el juez no quería internarme. Yo seguí en mi pueblo generando problemas, donde lastimé mucha gente”.

Recordó que “muchas veces me encontraban tirada en la calle y estuve al borde de la muerte por sobredosis. Estuve más de una vez convulsionando y despertaba sin saber que había pasado, incluso ya veía cosas que no existían”.

“Un día estaba al borde de una sobredosis y estaba llorando en la cama de mi mamá, yo tenía 13 o 14 años y ambas llorábamos”.

Señaló que el juez decidió internarla en Buenos Aires: “me costó mucho entender que necesitaba recuperarme, estaba enojada con todos hasta con mi familia, pero al final pude salir adelante”.

“En la internación éramos como 30 chicas y hablamos temas que para mí eran muy difíciles, pero la realidad sentía que todas habíamos pasado algo parecido en nuestra vida y comenzamos a ayudarnos. También estábamos acompañados de psicólogos, terapeutas, operadores que nos ayudaban mucho. Tenía muchas cosas guardadas que no había hablado con nadie”, dijo.

Remarcó que cuando llegó a la internación, el equipo profesional les corregía el lenguaje: “había palabras que no podía decir como la marihuana o la cocaína. Lo que querían era cambiar nuestro entorno, no podíamos hablar con léxicos de la calle. Fue como una reeducación ya que nos pusieron una rutina donde debíamos hacer distintas cosas durante el día”.

Javiera señaló que después de un año de tratamiento y como ella empezó a mejorar le permitieron realizar visitas a la localidad pampeana donde vivía con sus padres: “yo ya estaba decidida a cambiar, pero tenía mucho miedo de volver por cómo me iba a mirar mi familia, creía que me podían rechazar, pero me sentí muy apoyada por mis padres, fueron los que más me respaldaron en el tratamiento”.

Relató que en el centro de rehabilitación: “me sentía muy protegida y cuando me dijeron que ya podía volver que estaba mejor, se me entrecruzaron distintos sentimientos como miedo y alegría”.

“Fue muy importante cuando volví, comenzar a trabajar con Manuela una de las psicólogas que vi hace unos días en el video que ustedes publicaron, ella me ayudó mucho a poder salir adelante y en mi rutina, porque tenía que levantarme, ir a una escuela, hacer cosas, y era complicado porque salía del centro de rehabilitación, que era la casita de cristal donde estaba protegida, pero ahora en la realidad si daba un paso en falso podía volver a caer a lo mismo, entonces me costó mucho salir a la calle y no saludar a nadie, porque si daba lugar podía volver a recaer”.

Destacó la importancia de Manuela en el proceso: “mi psicóloga fue fundamental en este proceso, me aguantaba cuando llegaba llorando a las terapias, incluso sabía que en el Centro tenía horarios, pero me pasaba algo y me iba llorando para allá y ella igual me atendía”.

“La verdad antes no sabía a quién contarle mis problemas y ella fue un gran apoyo. Fue muy difícil pasar la desintoxicación y las ganas de consumir, pero pudimos manejarlo y salir adelante”.

Indicó que a los 21 años pudo terminar la escuela secundaria y ahora vive en una casa con su pareja y sus hijos. “llevó cuatro años sin consumir nada, y no quiero volver a caer porque mi familia es lo más importante y me apoya”.

Finalizó explicando que “salir de las drogas es muy difícil. Como primero uno tiene que querer, pero se necesita el apoyo familiar y de profesionales, gracias a ellos yo pude salir adelante, por eso me preocupó mucho lo que pasa hoy en el Centro de Día. Estos centros son muy necesarios, ojala se pueda solucionar el conflicto que tienen, ya que son muy buenas personas”.

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